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Clínicas que flotan

Cómo una pareja llevó esperanza en los ríos del Amazonas

Por Rodolfo Figueiredo de Sousa 6 de enero de 2021

La pareja ayudó en el desarrollo de la Iglesia Adventista en el norte de Brasil (Foto: Divulgación)

Para miles de personas en los lugares “olvidados” de Sudamérica, la salvación, tanto física como espiritual, ha venido del río en forma de un hospital móvil.

El evangelismo en vehículos móviles tuvo como pionero en los tiempos modernos a James Edson White, quien usó el barco misionero Morning Star por el río Mississippi, en los Estados Unidos, para evangelizar, en 1895. En 1927, Hans Mayr fue el primer misionero en Brasil en usar un barco, el Ulm am Donau, que significa “en el Danubio”, en honor a su ciudad natal. Esta lancha estuvo dedicada a la obra de colportaje.

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En los tiempos de Mayr, el vasto campo misionero en Brasil tenía pocos obreros para alcanzar a la población que vivía en áreas rurales. No había carreteras o trenes entre la selva, así que, en regiones como el norte y noreste, los residentes isleños tenían que navegar cerca de 40 mil millas de ríos en un laberinto verde para acceder a un hospital.

Enfermedades como la malaria, la fiebre tifoidea y el sarampión eran agravadas por la desnutrición y la falta de saneamiento. Las personas vivían rodeadas de tigres, pirañas y serpientes ponzoñosas. Para estas personas, la enfermedad era depender de un milagro.

Deseo de servir

Esta situación en la Misión Amazónica Menor cambió en enero de 1929, cuando el pastor Leo B. Halliwell fue transferido con su familia desde la Misión Bahía a Belém para asumir la presidencia de esa misión. La esposa del pastor Halliwell, Jessie, era una enfermera distinguida que era famosa por dar a luz bebés. Además de enfermera, era especialista en hidroterapia y una excelente nutricionista vegetariana.

Para visitar a los interesados en el trabajo de Jessie, los Halliwell hacían viajes peligrosos, largos e incómodos por el río Amazonas. Las embarcaciones disponibles no eran aptas para ir directamente a sus lugares de destino, y las tripulaciones debían continuar por los estrechos afluentes en canoas. La misión necesitaba una lancha que pudiera satisfacer mejor sus necesidades, pero carecían de recursos para conseguirla.

Los Halliwell obtuvieron el conocimiento y la inspiración para construir las primeras embarcaciones pioneras en el continente, Ulm am Donau y Messenger, conducidas por Enrique Marker por el río Mamoré y sus afluentes. Gracias a un exhaustivo estudio, Leo Halliwell diseñó una lancha misionera. Para las fiestas de 1930, los Halliwell regresaron a Estados Unidos para conseguir dinero para construirla. Halliwell visitó iglesias y reuniones campestres, motivando a las personas con historias de su experiencia en el nuevo campo misionero.

Una luz para las comunidades ribereñas

La construcción de la lancha de 11 metros llevó 4 meses. El 4 de julio de 1931, Jessie Halliwell le puso nombre a la recientemente construida lancha Luzeiro. Después se tomó la decisión de que todas las embarcaciones recibirían el mismo nombre. Este barco original fue conocido como Luzeiro I.

La misión de la lancha era llevar educación en salud y cuidados médicos y dentales a cerca de 1 millón de personas. Cada viaje de la Luzeiro de Belém a la ciudad de Manaos, en el Norte de Brasil, llevaba 7 meses, así que la lancha también era el segundo hogar de los Halliwell.

Una de las clínicas flotantes (Foto: Divulgación)

En su viaje, visitaban diferentes regiones y permanecían en cada lugar hasta 3 días, predicando, consolando, orando y estudiando la Biblia con sus pacientes. Durante 25 años, la pareja sirvió a cerca de 250.000 personas, muchas de las cuales aceptaron el mensaje adventista.

La obra que ellos llevaron adelante por las comunidades ribereñas e indígenas fue bien recibida por el gobierno, que tenía escasos recursos para asistir a los vulnerables. Los gobiernos de los estados comenzaron a donar medicamentos comprados en grandes cantidades. Antes de irse de Belém do Pará, Leo y Jessie Halliwell recibieron la orden Cruzeiro do Sul, con la cual la nación brasileña honra a los extranjeros.

Misión permanente

A medida que la tecnología avanzaba, los servicios ofrecían una sucesión de embarcaciones mejoradas. Del cuidado a los enfermos a la extracción de dientes, la obra misionera médica se expandió hasta incluir rayos x, ultrasonidos y cirugías menores. Las lanchas también llevaban los casos más graves al Hospital Adventista de Belém.

Cuando las sucesivas crisis económicas limitaron los fondos para el proyecto Luzeiro en los años ’80 y ’90, los médicos voluntarios continuaron el trabajo. El médico Rogério de Paula, un infectólogo, movilizó a profesionales y estudiantes de medicina y odontología. Ellos usaron sus propios recursos y alquilaron lanchas y visitaron a la población ribereña dos veces por mes. En 1999 y 2000, cerca de 5.000 personas recibieron atención.

En 2019, el proyecto Luzeiro operó 3 embarcaciones. Este proyecto tiene el apoyo permanente de dos bases en las ciudades de Barreirinha y Manacapuru, en Brasil. Estas bases tienen profesionales de la salud capacitados, medicamentos y lanchas para transportar a los enfermos y heridos. El proyecto continúa trabajando en colaboración con las municipalidades locales.

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