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Pionero superó amenazas e idiomas para evangelizar

La historia de Frank Westphal es inspiradora. Él fue el primer pastor adventista en venir a América del Sur

23 de septiembre de 2016
El primer pastor en llegar a las tierras sudamericanas fue Frank H. Westphal (1858-1944), enviado como presidente de la Misión de la Costa Oriental de Sudamérica, que abarcaba a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

El primer pastor en llegar a las tierras sudamericanas fue Frank H. Westphal (1858-1944), enviado como presidente de la Misión de la Costa Oriental de Sudamérica, que abarcaba a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

Brasilia, DF … [ASN] Imagine el impacto de una misión de esas. El año es 1894 y Frank Henry Westphal, más conocido después en Brasil como Francisco Westphal, acepta un desafío enorme. Él parte con la esposa y un bebé rumbo a lo desconocido, en este caso, a América del Sur. La primera etapa del viaje fue a bordo del navío SS Paris, saliendo de Nueva York yendo hasta Southampton, Inglaterra. La otra etapa fue de Inglaterra hasta Argentina en el navío Magdalena. Según el periodista Michelson Borges, en el libro A chegada do adventismo ao Brasil (La llegada del adventismo a Brasil), Westphal fue el primer ministro adventista enviado a servir en América del Sur. “El pastor Westphal vino a América del Sur junto con William Henry Thurston, su cuñado. Thurston quedó en Río de Janeiro y Westhpal siguió hacia Argentina”, afirma Borges.

El ministro adventista, que nación en New London, Estado de Wisconsin, en los Estados Unidos, se convirtió en miembro de la Iglesia a la edad de 19 años y fue bautizado en 1878, convirtiéndose en líder de su congregación. Estudió en el Colegio de Battle Creek por un tiempo y después terminó entrando en el ministerio, siendo ordenado en 1883. Antes de emprender su histórico viaje a América del Sur para atender a los primeros templos adventistas en el territorio, Westphal llegó a ser pastor en Milwaukee y hasta enseñó historia en el Colegio Unión.

El pastor adventista fue un pionero en muchos sentidos. Fue el primero en realizar bautismos en regiones donde mal se sabía de la existencia de congregaciones de la denominación. Ejemplo son las ceremonias realizadas en São Paulo, en el río Piracicaba, donde bautizó a Guilherme Stein Jr, en abril de 1895, considerado el primer brasileño bautizado como adventista del séptimo día. Todavía en 1895, en Santa Catarina, según el periodista Michelson Borges, Westphal compartió el mensaje bíblico a una comunidad en Joinville y allí dejó más de 30 observadores del sábado. “Ya en Brusque, Westphal dice haber encontrado los primeros grupos de conversos al adventismo en Brasil”, afirma el periodista. De acuerdo con el relato de Borges: “el 8 de junio de 1895 se realizó el primer bautismo de ocho personas en el río Itajaí-Mirim, a unos cinco o seis kilómetros de Vila de Brusque”. Hubo bautismos, hechos por Westhpal, en Gaspar Alto de personas como Guilherme Belz y su esposa Johanna. Se estima que Belz comenzó a guardar el sábado en 1890.

En Argentina

Los relatos de Westphal en Argentina muestran una realidad difícil que no era caracterizada solo por los momentos alegres de los bautismos. En el libro Pionero en Sudamérica (traducción del original Pioneering in the neglected continent), el propio pastor afirma que, después de un mes de viajes cansadores, tuvo ayuda, en el país, de R B Craig, un colportor que había llegado un año antes para ayudar en la obra de venta de libros con Elwin Snyder, Clair Nowlen y Albert Stauffer.

La barrera del idioma fue otro capítulo aparte, especialmente cuando llegó por primera vez al Puerto de Diamante, en el río Paraná. Westphal afirma que para hacer el transporte de sus objetos personales de un lugar a otro debía esforzarse para entender el español. La alegría del pionero, relatada en su autobiografía, fue cuando encontró un hombre que sabía hablar alemán y que indicó la existencia de algunos adventistas y aun le dio lugar para dormir una noche en su casa. A partir de ahí, el pastor adventista fue localizando las “ovejas” y dando inicio formal a la iglesia en la región.

Todavía en territorio argentino, Westphal narró un episodio inusitado. “El crecimiento inspirador de la obra no fue realizado sin oposición. Una tarde, mientras estábamos en una reunión, tres hombres entraron al predio, uno armado con un revólver, otro con un cuchillo más largo y el tercero con una barra pesada de hierro de casi 1 metro y 20 centímetros de largo. Amenazaron a los presentes y nos dijeron que, si no abandonábamos el lugar en diez minutos, retornarían y usarían las armas contra nosotros. Continuamos nuestra reunión hasta que llegó el momento apropiado de terminar. Cuando fue ese momento, cantamos un himno y pronunciamos una bendición. Entonces, de repente, los tres entraron de nuevo y nos amenazaron furiosamente. Nuestros hermanos permanecieron en silencio y los miraron directamente y luego los tres intrusos, temblando de miedo, salieron del salón”, dijo en su autobiografía.

Lo más curioso, conforme señala Westphal en sus memorias, es que pocas semanas después de ese episodio, mientras hacía un bautismo, el pionero fue sorprendido con el pedido de uno de esos hombres que hicieron la amenaza. El individuo quería ser bautizado también y quedar libre de una vida de maldad y vicio del alcohol.

Es imposible medir los impactos que el ministerio de Westphal tuvo en América del Sur, pero la Iglesia hoy, con más de 2 millones de miembros en ocho países sudamericanos, es prueba de que el movimiento embrionario, con pocos adventistas y dificultades extremas, se convirtió en mayor y aumentó su influencia en la sociedad. [Equipo ASN, Felipe Lemos]

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