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Pedro Torres

Pedro Torres

Comunicando Esperanza

Comunicar es predicar, predicar es comunicar

Internet fijo, nómada, móvil y de las cosas

Se calcula que para el 2021 habrá más de 30 mil millones de aparatos conectados. (Imagen: shutterstock)

Se calcula que para el 2021 habrá más de 30 mil millones (Billions) de aparatos conectados. Solo en mi hogar somos 5 personas y hay más de 15 conexiones en el wifi local. Si contamos las conexiones bluetooth la cifra sube hasta al menos 25 conexiones. Y no tengo ni un solo electrodoméstico clásico conectado… aún, salvo la impresora. El único ser vivo basado en C14 sin estar conectado bajo ningún concepto, salvo micro-chip detectable por campo magnético, es nuestra mascota, Luna. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Internet fijo: Yahoo y Google

Todo empezó con los portales de Internet. Inmediatamente después aparecieron los primeros motores de búsqueda para gestionar la creciente cantidad de sitios web. Los dos grandes de la historia han sido Google y Yahoo. El cliente era quien acudía a su lista de favoritos para navegar por sus páginas web preferidas. Cuando tenía una duda, o simple curiosidad, se dedicaba a “navegar por la web”, descubriendo sitios web. Era el consumidor quien acudía al productor desde un ordenador fijo.

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Podríamos decir que era la época del Internet “pasivo” desde el punto de vista del productor de contenidos. Contábamos con una intención en la búsqueda. La optimización SEO era la buena estrategia. Hoy en día hay que mantenerla, pero no es suficiente.

Internet nómada

Al poco, empezaron a surgir comunidades “semi-cerradas” que trataron de monopolizar la navegación en Internet. Surgen los medios sociales. Facebook y YouTube son las dos grandes redes sociales por excelencia de esta época.

El cliente es quien comienza a acudir a un lugar con mucha más frecuencia que a los otros. El portal de entrada de su medio social preferido. ¿Por qué? Porque se añade algo interesante. Se mezcla el macro-contenido de Internet a través de publicidad pagada y de contenido compartido por amigos, junto con el micro-contenido de los amigos más cercanos. Todo desde los ordenadores portátiles. Sí, aquella época en la que se hacían estadísticas sobre cuándo habría más ordenadores portátiles (laptops) que fijos o de sobremesa.

En el momento que había una conexión a Internet disponible, el consumo empezaba casi inmediatamente. El deseo ya no es de buscar en Internet sino de consultar la red social. Los time lines hacen que el consumo de contenido sea vertiginoso; por lo tanto, también su caducidad. La nueva estrategia pasa por invertir dinero en publicidad, y/o crear una mayor variedad de contenido con una demanda de producción muy superior. Nos damos cuenta de que grandes producciones al estilo de televisión clásica no son rentables para estas plataformas, salvo publicidad para atraer a consumidores de productos (potenciales personas a recibir el evangelio) en nuestras plataformas más clásicas (TV, Radio, o portales de Internet streaming).

Internet móvil

Es la época actual. Es el momento del reinado de los micro-contenidos. Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat, etc., son los grandes canales de distribución de contenido. En muchos países el consumo en pantallas pequeñas ha sobrepasado ya el consumo de pantallas clásicas, en USA ya será una realidad en 2020[1].

El cliente ya no acude a buscar el contenido como en el Internet fijo. Ahora simplemente ha evolucionado del Internet nómada a ser un consumidor casi pasivo y dedicarse a discriminar contenidos. El trabajo ya no consiste en buscar y encontrar información, sino en ser capaz de silenciar aquellas fuentes que invaden nuestro time line con contenido que no nos interesa. El consumidor de información está a la espera de devorar lo que el algoritmo de su red social (inteligencia artificial) le ofrezca en su muro o time line tras un filtrado intencional según sus hábitos de consumo (micro-ambientes).

La estrategia cambia de nuevo. Ya no se trata solo de crear mucho contenido, sino que se tiene que hacer viral para que los usuarios lo compartan. Contenido de poca duración, mucha variedad sin perder cierta identidad básica que identifique la fuente. Cuantas más personas (intermediarios, influencers, etc.) se involucren en este proceso, más variedad de contenido nuestro habrá en las redes, y más probabilidades de alcanzar una mayor y más variada audiencia; aunque eso ya lo hemos tratado anteriormente. Ahora somos nosotros los que tenemos que “ir a buscar” al cliente. La gente ya no viene a nosotros, salvo en contadas ocasiones.

Internet ambiente o “Internet de las cosas”

Pero nos queda un paso más por dar… de momento. Alexa (Amazon Echo), Siri (Homepod) y Google Home ya se están popularizando en muchos países. Internet de las cosas ya está aquí con una nueva forma de concebir el mundo virtual y real. Cada vez hay más ventas de aparatos para cada plataforma, y más y más personas que se los compran, aunque sea por curiosidad y estar a la última en tecnología.

El caso es que ya hay aplicaciones que permiten conectar el hogar con alguno de estos clientes y nuestros dispositivos portátiles, servicios en la nube y ordenador. Hay aplicaciones como, por ejemplo, Yuka en Francia (donde vivo) que te permiten averiguar la calidad de un alimento, indicando su calidad (muy mala, mala, mediocre, buena, muy buena o excelente) basándose en la cantidad de calorías, sales, azúcares, aditivos, conservantes, etcétera. En caso de tener delante un alimento o producto de higiene o cosmética de calidad mala o muy mala, inmediatamente sugiere otras alternativas de mucha mejor calidad. Estoy convencido de que, en cuanto sea posible, se unirá al Internet de las cosas para averiguar cuáles son nuestros hábitos de consumo (en la cocina, en el aseo, vestido, etc.) para sacar provecho de algún modo y sugerirnos productos alternativos de consumo, o un proveedor.

Mi pregunta hoy, mirando hacia el futuro casi inmediato es, ¿cómo podremos entrar en este nuevo paradigma con la comunicación del Evangelio? El uso de Internet va a sufrir modificaciones inmensas en los próximos años, obligándonos a modificar nuestra forma de producir contenidos. No tengo la respuesta, pero mi imaginación comienza a maquinar. ¿Y si empezamos a retomar contenido de Internet más antiguo, el fijo, para integrarlo en aplicaciones y otros servicios? El motivo es sencillo. Preveo un retorno al “Internet fijo” desde el punto de vista del consumo de información. Creo que cada vez más personas empezarán a buscar, por ejemplo, recetas de cocina desde su terminal de Google Home, Alexa o Siri.

Es el momento de retomar el SEO, desempolvarlo y adaptar nuestros micro-contenidos, indexarlos bien en páginas web dinámicas y ofrecer respuestas, una vez más, a cualquier pregunta de la vida cotidiana, para que estos terminales del Internet de las cosas puedan ofrecer nuestras respuestas a cualquier pregunta sobre salud, cocina, música, y por qué no, cualquier otro tipo de contenido que se nos ocurra consumible desde el hogar. Imaginemos como relacionar lo que hasta ahora no se nos había ocurrido con la Biblia, con los principios del evangelio. Necesitamos una abertura de mente mucho más grande que hasta ahora. Ofrezcamos gratuita y variadamente. Ofrezcamos respuestas de todo tipo. El Internet de las cosas cerrará el círculo con el Internet fijo, al menos en parte. Sugiero que en algún lugar se cree un “departamento de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I)” de contenidos… no solo de tecnología. Vayamos pensando en el Internet ambiente o de las cosas, antes de que llegue.

Solo una pequeña muestra… ¿tenemos apps adventistas para wearables? ¿Por qué? ¿Qué podemos ofrecer con ello?

[1]Ver https://www.emarketer.com/content/mobile-soon-to-pass-tv-in-time-spent

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