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Pedro Torres

Pedro Torres

Comunicando Esperanza

Comunicar es predicar, predicar es comunicar

Los micro-entornos y la libertad de bloquear II

El proceso pedagógico debe estar implícito en la información compartida en redes sociales. (Foto: shutterstock)

Si nuestro círculo de influencia dentro de las redes sociales (usuarios fidelizados) no comprende bien cómo crear un contenido con estas dos características (positivo y pedagógico) sin perder la identidad propia de nuestra denominación, nos corresponde a nosotros como institución crear contenido, preferiblemente audiovisual, o un simple texto escrito, que otros estén dispuestos a hacer suyo, retuitear, repostear o compartir.

La optimización de la experiencia del usuario llega a uno de sus puntos álgidos cuando la persona a la que hay que alcanzar con nuestro mensaje (usuario o internauta) se encuentra involucrado en el proceso de descubrir nuevos conocimientos o verdades que amplían su horizonte intelectual y/o espiritual.

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Al usuario no le gusta que le tomemos por tonto. Busca respuestas razonables y razonadas. Desconfía de las soluciones o respuestas irracionales. Debemos acompañarle en el proceso de comprender y asimilar nuevos datos y verdades. Solamente el usuario final (persona a alcanzar con el mensaje) llegará de forma convincente a las conclusiones lógicas, que hará suyas, sus conclusiones propias después de seguir un proceso de recepción procesado y asimilación de información (verdades espirituales y eternas). Cuanto más agradable y fácil sea el proceso mayores opciones tendremos de que acepte y se identifique con el mensaje. En el peor caso, al menos encontrará el contenido interesante aunque no esté de acuerdo, y no nos bloqueará, dejando la ventana abierta para próximas ocasiones.

Sirva de ejemplo el proceso seguido en los estudios bíblicos. He enseñado las verdades o doctrinas más distintivas de la Iglesia Adventista acompañando a la persona hasta que llegaba a sus propias conclusiones, suscitando nuevas preguntas que seguían con más estudios bíblicos, pasando por Daniel 2 hasta Apocalipsis 13 y 17. Los interesados descubrían e identificaban por sí mismos a quién se refiere la Biblia en dichos pasajes. No hace falta que nosotros pongamos, sin más, nombre y apellidos a ciertos actantes de la profecía. Con un proceso pedagógico correcto, la deducción es tan evidente que no hace falta denunciar, sino instruir.

Este proceso se puede, se debe reproducir y extrapolar en nuestra forma de comunicar institucionalmente; especialmente en el contexto de las redes sociales cuyo contenido breve no permite incluir grandes cantidades de información. A la hora de crear contenidos debemos pensar en este proceso creativo que permite sobrevivir en las redes sociales de ahora; evitando acabar arrinconados y excluidos de los micro-entornos.

Una vez publicado el contenido en nuestras plataformas, debemos socializarlo en los medios sociales institucionales con el mismo formato pedagógico citado. Esta conducta de nuestra parte invitará a nuestros seguidores fidelizados (miembros de iglesia o círculos más amplios) a emular el mismo lenguaje en su rutina comunicacional.

No podemos moldear ni modelar lo que la gran red social adventista comparte en medios sociales si desde el punto de vista institucional no tomamos medidas que sirvan de modelo y que sean capaces de transformar el vocabulario y contenido de lo que nuestros miembros comparten. Tenemos que dar ejemplo en el contenido y en la forma de compartirlo, desde la División, hasta la iglesia local más pequeña.

A menudo entiendo la tentación que supone obtener un impacto social. El sensacionalismo atrae mucho público inmediato. Pero seamos honestos y sensatos. La gran mayoría de ese público serán personas que ya pertenecen a la comunidad (likes fáciles). No obstante, ese mismo sensacionalismo espiritual arriesga que muchos disfrutarán con el hecho de clicar el botón “bloquear” y perdernos de vista en su micro-entorno. El sensacionalismo (mensajes alarmantes) dan un aparente resultado a corto plazo y no es comunicativamente rentable a medio y largo plazo.

La ética comunicacional, y nuestro compromiso con la verdad, nos debe obligar a compartir mensajes que no siempre son “positivos”. Es nuestro deber transformar vidas y esto pasa por un mensaje integral. Podemos llegar a informar cuidadosamente de grandes verdades sin que la experiencia del otro usuario sea forzosamente traumática. El resto de usuarios debe enriquecerse y crecer con lo que compartimos. Este es un buen baremo para saber si nuestro contenido es rico en todos los sentidos, forma y fondo. Lo que vamos a publicar, ¿va a enriquecer a la otra persona, incluso si no acepta todo el mensaje?

Hay verdades incómodas: hablemos del hambre en el mundo, de la esclavitud moderna, y otros temas. Muchos se han especializado en la sensibilización de estos temas sin entrar en el ataque personal o el chantaje emocional (grandísimo enemigo de los comunicadores de mensajes espirituales). Incluso los mensajes menos agradables o en los que la audiencia no estará de acuerdo, si se presentan correctamente, de forma pedagógica, bien sean aceptados o no, al menos, no provocaremos con tanta facilidad que nos bloqueen; destruyendo nuestra reputación digital y excluyéndonos de los micro-entornos modernos, como hacen los botscon bloqueos masivos.

¿Qué ideas se le ocurre para convertir información difícil de compartir en mensajes valorados y valiosos en los medios sociales? Sirva como ejemplo las cuentas sociales de World Economic Forum, entre otras. No basta con la denuncia sin más.

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