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Juan Martín Vives

Juan Martín Vives

Fe, razón y libertad

Un enfoque bíblico-cristiano sobre la libertad de conciencia

Cristianos con visión en túnel

Están en auge posiciones sobre la moral, la familia, la sexualidad humana, el comienzo y el final de la vida, que sutil o abiertamente contradicen nuestra cosmovisión basada en la Biblia. (Imagen: shutterstock)

Continuando con la serie sobre populismo y religión, el autor se enfoca ahora en el intento populista de presentar al cristianismo más como una cultura que como una religión. En línea con esto, hay cristianos que reducen el reino de Dios a dos o tres temas, y ponen todas sus energías en imponerlos por medio del brazo del Estado. ¿Estamos los adventistas exentos de caer en esta trampa?

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En los momentos de crisis, la gente suele tomar decisiones inusuales. La frase “tiempos desesperados requieren medidas desesperadas” ha sido repetida tantas veces que ya perdemos la noción de las tremendas implicancias prácticas y éticas que tiene. Los líderes populistas lo saben, y por eso hay dos elementos que nunca faltan en su caja de herramientas: polarización extrema y permanente amenaza de crisis. La combinación de miedo, ignorancia y odio es altamente corrosiva para los lazos que unen a la sociedad, y los populistas lo aprovechan para dividir y reinar.

En una nota anterior comentaba cómo el temor a la hostilidad contra la religión fue lo que llevó a los protestantes alemanes a apoyar (al menos en sus inicios) a Adolf Hitler. Los adventistas no estuvimos a salvo de caer en esa trampa, en lo que resultó ser una de las páginas más tristes de nuestra historia. En 1934, un artículo en Adventbote (la Revista Adventista en alemán) sostenía que las ciudades alemanas estaban a la altura de Babilonia, Sodoma y Gomorra.[1]Cualquier observador de la realidad actual se dará cuenta que el nivel moral no es mucho mejor hoy que entonces. Y los riesgos en la respuesta a esa realidad también son similares.

La religión “anti”

Las ideas populistas resultan más atractivas en momentos de crisis moral y de declive social. No es casualidad que el populismo esté en auge en estos días. El desencanto con las instituciones democráticas, la corrupción de los dirigentes políticos, la falta de solidaridad de las elites económicas, la inseguridad, la falta de expectativas, todo genera un caldo de cultivo óptimo para el populismo,[2]que surge siempre como una reacción a.

Por supuesto que los cristianos podemos sentirnos válidamente preocupados por varias tendencias sociales actuales. Están en auge posiciones sobre la moral, la familia, la sexualidad humana, el comienzo y el final de la vida, que sutil o abiertamente contradicen nuestra cosmovisión basada en la Biblia. Sin embargo, es necesario entender que serán muchas las ocasiones en que los estándares que defina la sociedad no coincidan con los que sostenemos como cristianos. Esta brecha, que en mayor o menor medida ha existido siempre, seguramente de aquí adelante será cada vez más amplia. En cualquier caso, el modo de cerrarla no es pretender que la legislación fuerce a todos a actuar conforme con nuestras convicciones, sino persuadir a la mayor cantidad posible de personas con nuestra palabra y nuestro ejemplo. Eso, y no otra cosa, es el evangelismo.

A veces la preocupación por esa brecha en algunos asuntos ha sido tan intensa, que muchos cristianos han caído en una versión colectiva de lo que los psiquiatras llaman “fenómeno de visión en túnel”[3], es decir, una concentración tan intensa en la amenaza percibida que impide ver el resto del entorno. Hay algunos temas (familia, aborto, género, usted nómbrelos) que parecen llevarse toda la atención y la energía, impidiendo ver ninguna otra cosa. El colmo fue lo ocurrido en Ohio, Estados Unidos: cristianos “provida” impulsaron un proyecto de ley para imponer la pena de muerte a quien practique cualquier tipo de aborto, sin excepciones.[4]

La visión en túnel conduce irremediablemente a la pérdida de contacto con la realidad más amplia. Los líderes populistas saben aprovecharse muy bien de este estilo de religión, apelando siempre a la reacción visceral por sobre la racionalidad. Ellos saben bien qué botones tocar para hacernos reaccionar. Por eso los cristianos deberíamos ser prudentes en nuestro accionar, no sea que -como decían nuestros abuelos- termine siendo peor el remedio que la enfermedad.

Otro riesgo de la visión de túnel es que conduce a una religión “anti”, es decir, una que no está impulsada por los valores positivos que la inspiran, sino por la oposición a aquellos fenómenos que considera incorrectos o peligrosos. Una religión vacía, dispuesta a pelear hasta la muerte por mantener algunos símbolos culturales del cristianismo, pero sin estar demasiado interesada en representar los valores de Cristo que inspiraron esos símbolos.[5]Cristiandad en vez de cristianismo. ¿Han visto esa gente que protesta airadamente si se quiere quitar un monumento de los diez mandamientos de un edificio público, pero que no parece preocupada en lo absoluto por vivir conforme a esos mandamientos? Bueno, eso.

Vida abundante

Cuando los adventistas austríacos ensayaron una disculpa pública por el papel de su iglesia durante el régimen nazi, el presidente dijo “estoy bastante seguro de que fue una cuestión más política que teológica”.[6]

Aquí está el riesgo. El problema no es que el cristiano se involucre en política. Al contrario, hacen falta más personas con valores que se comprometan en la construcción de su comunidad. El problema son los que, enarbolando una bandera religiosa, intentan que el Estado imponga sus propias opiniones a toda la sociedad. Sobre todo, cuando todas sus preocupaciones cristianas se limitan a dos o tres temas puntuales.

Nuestra cosmovisión choca con ese reduccionismo absurdo y con ese desprecio por la separación Iglesia-Estado. El reino de Dios no puede ser impuesto por la fuerza ni admite ser reducido de esa manera. En cambio, abarca todos los aspectos de nuestra existencia, impregnándolos de vida. Para eso vino el fundador del cristianismo: para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia.[7]

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[1]“We and the New State,” Adventbote, 15 de febrero de 1934, citado por Roland Blaich, “Religion under National Socialism: The Case of the German Adventist Church,” Central European History, Vol. 26, No. 3 (1993), 263.

[2]https://elpais.com/elpais/2018/11/09/opinion/1541764970_466195.html

[3]https://psicologiaymente.com/clinica/vision-en-tunel

[4]https://www.independent.co.uk/news/world/americas/ohio-abortion-ban-death-penalty-heartbeat-law-house-representatives-bill-republicans-a8642381.html

[5]http://blogs.lse.ac.uk/religionglobalsociety/2018/11/christianism-a-crude-political-ideology-and-the-triumph-of-empty-symbolism/

[6]https://news.adventist.org/en/all-news/news/go/2005-08-15/europe-german-austrian-churches-apologize-for-holocaust-actions/Herbert Brugger, president of the Adventist Church in Austria

[7]Juan 10:10

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