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Helio Carnassale

Helio Carnassale

Manteniendo la visión

Teólogo, y magíster en Ciencia de las Religiones por la Universidad Metodista de São Paulo, Brasil. Fue pastor de iglesias y fue orador de la Voz de la Profecía. Trabajó en la Casa Publicadora Brasileña, Superbom, Unasp y desde 2015 es el director de Libertad Religiosa y Espíritu de Profecía de la sede sudamericana adventista.

Salir de las grandes ciudades, ¿ahora o cuándo? Parte II

Mudarse al campo debe ser el resultado de oración y planificación (Foto: Shutterstock)

Dando continuidad al primer artículo de esta serie analizaremos dos tópicos más.

La huida de las grandes ciudades en el contexto del decreto dominical

Para una visión más amplia de este tema es necesario introducir su relación con el decreto dominical como un elemento adicional a la recomendación dada y considerada en el texto anterior, relacionada al estilo de vida. En dos testimonios escritos en 1885, “La crisis venidera” y “La Iglesia, la luz del mundo”, que se encuentran en el libro Testimonios para la iglesia, t. 5, Elena de White hace llamados vehementes a los que creen en la venida de Cristo para involucrarse más y comprometerse con la misión de anunciar su regreso.

En esos capítulos, tres párrafos mencionan el decreto dominical, aunque ella está tratando con prioridad otro asunto (se recomienda la lectura completa para la comprensión de lo que está siendo abordado). Las citas son:

Primera: “El decreto que ha de proclamarse contra el pueblo de Dios será muy similar al que promulgó Asuero contra los judíos en el tiempo de Ester. El edicto persa brotó de la malicia de Amán hacia Mardoqueo. No porque Mardoqueo le hubiese hecho daño, sino porque se negaba a mostrarle la reverencia que pertenece solamente a Dios”.1

Lea también:

Segunda: “Como el acercamiento de los ejércitos romanos fue para los discípulos una señal de la inminente destrucción de Jerusalén, esta apostasía podrá ser para nosotros una señal de que se llegó al límite de la tolerancia de Dios, de que nuestra nación colmó la medida de su iniquidad, y de que el ángel de la misericordia está por emprender el vuelo para nunca volver”.2

Y la tercera: “Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de nuestra nación [los Estados Unidos], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas”.3

Estudiar las varias citas de Elena de White acerca de la ley dominical reunidas en el libro Eventos de los últimos días permite una comprensión clara de la naturaleza de este decreto, para evitar confundirlo con otras leyes dominicales.

En el libro De la ciudad al campo, ese párrafo aparece en el último capítulo, sin ningún otro texto adicional, y recibió el título “Huida apresurada en el conflicto final”, indicando la comprensión de los editores de que ese será el tiempo límite para dejar las grandes ciudades y que la terminación del tiempo del fin está muy cerca. No hay ninguna otra cita de Elena de White que permita una interpretación diferente para la huida de las grandes ciudades, como la salida de emergencia, que ella presenta. Sin embargo, existe una seria advertencia en cuanto a dejar de atender la señal: “Pero dentro de no mucho tiempo habrá tal contienda y confusión en las ciudades, que aquellos que deseen salir de ellas no podrán hacerlo”.4

Por lo tanto, queda muy claro que salir de las grandes ciudades involucra tres circunstancias distintas: 1) buscar el estilo de vida recomendado para atender la recomendación en cualquier momento y cuanto antes sea posible. 2) la orden divina para la huida de los grandes centros en ocasión del decreto dominical y 3) tiempo en el que ya no será posible salir.

El tiempo para vender las propiedades

Otro aspecto extremamente importante es el tiempo apropiado para la venta de propiedades, estén estas ubicadas en las ciudades o en el campo. Dios reveló detalles por medio del don profético confirmando que “porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). Como en cualquier otro asunto, si alguien saca una frase de su contexto, llegará a una conclusión precipitada y equivocada. Son muy claras, coherentes y suficientes las orientaciones, pero es necesario prestar atención al conjunto de las declaraciones.

“Dios invita a todos los que poseen tierras y casas a que las vendan e inviertan el dinero donde suplirá la gran necesidad del campo misionero… Hay hombres y mujeres pobres que me escriben pidiendo consejo en cuanto a si deben vender sus casas y dar el dinero a la causa. […] Quiero decir a los tales: “Tal vez no debáis vender vuestras casitas ahora mismo; pero id a Dios por vuestra cuenta; el Señor oirá ciertamente vuestras fervientes oraciones por sabiduría para conocer vuestro deber”.5 Si solo fuera considerada la primera frase, ¡cuánta inseguridad podría generar ese consejo!

Elena de White amplía más todavía los consejos sobre el asunto: “El Señor me ha mostrado repetidas veces que sería contrario a la Biblia el hacer cualquier provisión para nuestras necesidades temporales durante el tiempo de angustia. […]En el tiempo de angustia, de nada les valdrán a los santos las casas ni las tierras […] Si ponen sus propiedades sobre el altar y preguntan fervorosamente a Dios cuál es su deber, les enseñará cuándo habrán de deshacerse de aquellas cosas. […] También vi que Dios no ha pedido a todos sus hijos que se deshagan de sus propiedades al mismo tiempo; pero si ellos desean que se les enseñe, él les hará saber, en tiempo de necesidad, cuándo y cuánto deben vender”.6

¡Qué bendición es poder ser guiado por la luz completa de la revelación! Dios sea alabado por el don profético.


Referencias

1 White, Elena de. Testimonios para la Iglesia, t.5, p. 425.

2 Ibíd., p. 427.

3 Ibíd., p. 439.

4 White, Elena de. De la ciudad al campo, p.10.

5 White, Elena de. Joyas de los testimonios, t. 2, p. 329-330.

6 White, Elena de. Primeros escritos, p. 56-57.

 

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