Cómo vencí el “FOMO”
En los últimos años, la demanda por información creció exponencialmente. Y es difícil escapar de las ganas de leer todo lo que aparece.

Era un viernes, a comienzos de la pandemia del COVID-19. El mundo estaba paralizado y lleno de incertidumbre. Yo había enviado a mi familia al interior, por el miedo inicial de la infección, y permanecía solo en casa. Desde el sofá seguía la fulminante entrevista del entonces ministro de Justicia de Brasil, Sérgio Moro, hablando de su salida del gobierno federal. Al mismo tiempo, veía la repercusión en las redes sociales desde la computadora y comentaba el tema en varios grupos de WhatsApp.
Finalizada la entrevista, estuve mirando las reseñas de periodistas y analistas en los canales de noticias, mientras un ojo permanecía en los feeds de X (antes conocido como Twitter), LinkedIn, Facebook y otras redes. Leía ávidamente cada noticia. Cuando me di cuenta, el sol se estaba poniendo y llegando el sábado. Fue entonces cuando paré y reflexioné.
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Sí, yo estaba sufriendo un pico del síndrome del FoMo. Esta sigla significa Fear of Missing Out, traducido como “miedo a perderse algo”. Este es un estado psicológico en el que el individuo se vuelve ávido por información, manteniéndose enchufado todo el tiempo por miedo a perderse algo de lo que está ocurriendo. La persona se angustia verdaderamente cuando no tiene conexión o si tiene algún compromiso que no le permite seguir en tiempo real algún tema, como acontecimientos políticos, la final de un campeonato, etc.
Yo, un investigador y profesor de marketing, cibercultura, relaciones digitales, entre otras cosas en el área, siendo “infectado” por el FoMo, cosa que yo conocía y sobre la cual incluso daba ponencia. Pocos son inmunes. Era el momento de cambiar mis hábitos digitales. Creé una nueva forma de vivir ese mundo “cibrido” —una mezcla de real y digital— y compartirlo con ustedes:
- Jubilé a la televisión: hoy, solo la utilizamos para ver videos on demand. Ya no tenemos TV abierta. Eso me ayudó mucho a no estar ansioso por nueva información.
- No usar más redes sociales (especialmente X) como feed de noticias: programé todos los perfiles de portales de noticias que seguía para “mostrar con menos frecuencia”. Hoy, la mayor parte de las publicaciones que veo son de amigos, contactos que aprecio y de entretenimiento. El FoMo en las redes sociales se redujo drásticamente.
- Desactivar las notificaciones en el smartphone: silencié todas las aplicaciones no esenciales. Las notificaciones crean muchas ganas de verificar lo que está ocurriendo y, consecuentemente, alimentan el FoMo.
- Silenciar grupos: comencé a usar la opción de silenciar los grupos de WhatsApp y Telegram. Los veo esporádicamente. Es una buena estrategia para dejar de chequearlos de forma alucinada.
- Evitar discusiones: los debates no saludables sobre política, religión y otros temas son un combustible para el FoMo, pues estamos en todo momento cazando información para vencer la discusión. Recordando que un debate moderado y respetuoso siempre es siempre saludable y enriquecedor.
- Elegir momentos del día para verificar información: en vez de estar todo el tiempo monitoreando la información, determine horarios para hacer eso. Y evite hacer eso en la cama, antes de dormir, pues es uno de los momentos en los que el FoMo se intensifica.
Vale resaltar que el FoMo puede transformarse en un problema crónico. Los especialistas dicen que este síndrome generalmente viene con altas cargas de estrés, ansiedad y burnout. Entonces, siempre es bueno estar atento a las señales que pueden indicar algo más grave.
Como último consejo, prestemos atención a lo que la Biblia nos orienta: “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio” (Filipenses 4:8). Y complemento: en esto deben estar nuestras búsquedas en las redes sociales.