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Aborrecer a la iglesia II

Los desafíos para no vivir como cristianos en una iglesia tibia según la advertencia de Apocalipsis. Lea este artículo y reflexione.


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La retirada de las bendiciones de Dios no es un castigo, sino una estrategia para que la iglesia note la ineficacia de sus propios métodos y acciones. (Foto: Shutterstock)

Terminé el último texto citando un pasaje de Eventos de los últimos días, de Elena de White, haciendo una serie de preguntas. Recomiendo no leer este texto sin haber leído el anterior. Las preguntas eran: ¿qué quiere decir realmente el siguiente texto? “A menos que la iglesia contaminada por la apostasía se arrepienta y se convierta, comerá del fruto de sus propias obras, hasta que se aborrezca a sí misma” (Eventos de los últimos días, p. 54). ¿Y cómo resolver esta situación? ¿Por qué Dios quiere que aborrezcamos nuestros propios métodos y acciones religiosas?

En cuanto a la última pregunta, sabemos que Dios quiere que aborrezcamos nuestras propias acciones porque “Dios habla a su pueblo mediante las bendiciones que le otorga, y cuando estas no son apreciadas, le habla suprimiendo las bendiciones, para inducirlo a ver sus pecados, y a volverse hacia él de todo corazón” (Elena de White, Patriarcas y Profetas, p. 448).

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Por lo tanto, es estratégico que Dios deje de intervenir en todo lo que la iglesia hace y permita que esta se dé cuenta del camino que está siguiendo. Retirar las bendiciones no significa castigar o maldecir, sino dejar de intervenir en su favor. Por eso tantos proyectos “buenos”, que nosotros llamamos “buenos”, no tienen el efecto transformador y salvífico que deseamos. Porque oramos y planeamos, pero seguimos viendo poco efecto y poco reavivamiento en nuestras congregaciones. Y aunque la iglesia parezca crecer y desarrollarse cada vez más, menos espiritual se vuelve. Retirar la mano que bendice es salvar. Pues lanza una alerta y nos hace comprender nuestra situación actual.

Estudiando sobre Laodicea en Apocalipsis 3 queda muy claro que las palabras de Elena de White son ecos de la profecía bíblica. Pero la pregunta que queda es cómo resolver esta situación. ¿Cuál es la respuesta para los insatisfechos? ¿Cuál es la respuesta para nuestro caso presente?

Luego, la autora afirma: “Si resiste el mal y busca el bien; si busca a Dios con toda humildad y responde a su vocación celestial en Jesucristo; si permanece sobre la plataforma de la verdad eterna, y si por fe realiza los planes que han sido trazados a su respecto, ella será sanada” (Elena de White, Eventos de los últimos días, p. 54).

Observe los ecos entre Apocalipsis 3:14-22 y el libro Eventos de los últimos días, p. 54:

Apocalipsis 3:14-22 – LaodiceaEventos de los últimos días – Iglesia actual
“Yo disciplino y reprendo a todos los que amo”“Comerá del fruto de sus propios actos, hasta que se aborrezca a sí misma”
Caliente o fríoMal o bien
“Tú dices: ‘Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad’”“Buscar a Dios con toda humildad”
“Oro refinado en fuego”“Alta vocación en Cristo”
“Sé, pues, celoso y arrepiéntete”“Permaneciendo en la plataforma de la verdad eterna”
Vestiduras blancas y colirio“Por fe realiza los planes que han sido trazados a su respecto”

En resumen, ¿qué se le propone a una iglesia tibia y aborrecible? Que busque a Dios en humildad, sin ninguna idea preconcebida de su triunfalismo ni ningún tono de arrogancia dogmática o personal. Verse superior es el camino de Laodicea.

Que busque alcanzar la “alta vocación de Cristo”, que es no vivir para sí y entregar la propia vida en favor de los demás. Al punto de soportar el sufrimiento o el “fuego purificador” en nombre del amor a Dios y a los otros.

Colocando a Cristo como centro, pero sin salir de la “plataforma de la verdad eterna” que, desde la creación, pasando por Moisés hasta la eternidad, ha sido el fundamento de nuestro compromiso de fe. Comprendiendo la gracia, pero sin anular el papel de la ley en una vida ya convertida y que ama a Dios. Sin vender nuestros principios verdaderos, que no son meramente cuestiones de comportamiento, aunque obviamente afecten también nuestro comportamiento.

Y con los ojos abiertos por el Espíritu Santo, en fe, hacer uso de los dones que él concedió a todos sus hijos. La iglesia necesita alejarse de la dependencia centralizada en pastores y líderes humanos y avanzar más hacia un pensamiento orientado al “sacerdocio de TODOS los creyentes”.

Donde todos ejercen su papel crucial, floreciendo donde fueron plantados, con los dones que Dios confirió a cada uno de nosotros. Un cuerpo que actúa en perfecta armonía a partir de una iglesia que reconoce qué dones posee y los usa a favor del Reino. Una iglesia activa, no porque realice eventos, sino porque cumple el sueño de Dios al actuar conforme a los dones que recibió de él. Estamos ciegos sin percibir que Dios ya nos dio poder para realizar su obra cuando nos llamó. El colirio de Cristo nos ayuda a darnos cuenta de que tenemos dones y cuáles son. Y, por lo tanto, nos impulsa a practicarlos.

Entonces, “escogeremos el bien y resistiremos el mal” que hay en nuestros propios caminos. Preguntaremos qué quiere Dios de nosotros, en lugar de dar nuestras propias respuestas a esa pregunta. Sabremos la respuesta exacta de Dios cuando encontremos los dones que él ya nos concedió. Porque los dones nos dicen exactamente lo que Dios espera de nosotros. Al fin y al cabo, fue él mismo quien nos los dio.

En pocas palabras, para salir de esta situación necesitamos:

  1. Resistir al mal
  2. Ejercer profunda humildad
  3. Buscar mayor semejanza con Cristo
  4. Actuar conforme a los dones recibidos por el Espíritu Santo

“Aparecerá en la sencillez y pureza que provienen de Dios, exenta de todo compromiso terrenal, demostrando que la verdad la ha hecho realmente libre. Entonces sus miembros serán verdaderamente elegidos de Dios para ser sus representantes” (Eventos de los últimos días, p. 54).

Diego Barreto

Diego Barreto

El Reino

Vivir ya el Reino de Dios mientras él todavía no volvió. Una mirada cristiana al mundo contemporáneo.

Teólogo, es coautor del BibleCast, un podcast sobre teología para jóvenes, y productor de aplicaciones cristianas para dispositivos móviles. Hoy es pastor en los Estados Unidos.