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Ana Paula

Ana Paula

Misión y voluntariado

Hasta dónde llegan las personas que se colocan en manos de Dios para servir en la misión de predicar el evangelio

Perciba las señales (parte 2)

La Biblia afirma que Cristo es el Agua Viva, disponible para saciar la sed de todo sediento. (Foto: Shutterstock)

Los últimos 18 meses han sido de muchos cambios para mi familia aquí en Egipto. Además de los impactos inevitables de la pandemia en nuestra rutina, durante la “primera ola” nació nuestra hija menor. Nos reinventamos social, espiritual, económica y profesionalmente. Comencé un pequeño negocio de pan de queso, pero dejaré este asunto específico para abordarlo en otro momento. El hecho es que fui manejando por las calles de El Cairo para entregar encomiendas cuando vino a mi mente la reflexión que traeré hoy.

Estamos en pleno verano egipcio. El pico de calor y sequedad en esta región, desértica, ocurre entre los meses de julio y septiembre. No es que no haya pasado mucho calor en Brasil, pero la estación calurosa en Egipto comienza entre abril y mayo, y puede extenderse hasta octubre, tranquilamente. O sea, vivimos prácticamente seis meses de calor intenso, con un promedio de 38°C y picos de 45°C, sin ninguna lluvia para refrescar. Por el contrario. Este es el periodo en el que ocurren las famosas tormentas de arena. Cuando pensamos que no vamos a aguantar más, comenzamos a sentir el fresco del otoño que está llegando. Créanme, aquí solo llueve unas tres o cuatro veces al año.

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Nunca agradecí tanto a Dios por el agua como cuando empezamos a vivir aquí. Por cierto, la nación de Egipto solo existe en este lugar seco y caluroso gracias al río Nilo; “una dádiva”, como lo llama el gran historiador Heródoto. Desde el primer verano que pasamos aquí, en 2015, todavía como voluntarios viviendo en la periferia de El Cairo, recuerdo cómo el agua empezó a significar la única posibilidad de seguir viviendo. Hay momentos en que uno tiene la nítida sensación de que moriría en pocas horas deshidratado, bajo el sol del desierto, en un día de calor extremo. Aquí comencé a entender lo que es sufrir por falta de agua, incluso sin nunca haber estado mucho tiempo sin acceso a ella.

Pero lo que todavía me llama la atención en este país es que, en muchos lugares, uno va a encontrar bebederos de agua helada, cántaros de barro o bidones por las calles, ya sea en las grandes ciudades o en humildes caseríos. Usted siempre podrá apagar su sed por donde pase. El agua es lo primero que le ofrecen en cualquier casa que entre, y esta no puede faltar en la mesa. En el portón del edificio donde vivimos, en una avenida con mucho movimiento que corta a la ciudad de El Cairo, hay un bebedero grande, refrigerado, con cinco grifos, como los que encontramos en algunos puestos de combustible en las rutas de Brasil. Por aquí, todos los días vemos conductores y transeúntes parar aquí en frente para beber agua y llenar sus botellas.

En este escenario, veo de forma directa y real el cumplimiento de la promesa de Isaías 33:16, “[…] se le dará su pan, y sus aguas serán seguras”. ¡Cuánta seguridad nos da! Veo un pueblo que representa la bondad y la misericordia de Dios incluso sin conocer el significado espiritual del refrigerio que el Agua de Vida, Jesucristo, trae a todo aquel que quiere beber de ella. Este es el evangelio puro y simple en la práctica. Quien se sacia en Cristo no tendrá más sed, además de volverse una fuente para el refrigerio de otros. “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38).

Veo por aquí corazones sedientos, naturalmente conscientes de la necesidad que tenemos del agua para vivir. Veo aquí la importancia de llevar el refrigerio a nuestro prójimo, ya sea con acciones de amor, de generosidad, siguiendo las costumbres locales o una tradición religiosa. Cuando esas personas tengan la oportunidad de escuchar de Cristo, tal vez estén mucho más preparados para entender, aceptar y proclamar el mensaje de salvación que usted y yo, que no fuimos criados en un clima desértico. ¡Que tengamos sed! Y que seamos fuentes de agua viva para refrigerio de quienes encontremos por el camino.

Ah, y ya que hablamos de agua por aquí, en el próximo artículo quiero hablar sobre el “pan”, en el contexto en que vivimos en el mundo árabe. ¡Nos vemos!

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