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Ana Paula

Ana Paula

Misión y voluntariado

Hasta dónde llegan las personas que se colocan en manos de Dios para servir en la misión de predicar el evangelio

Perciba las señales

Dios usa personas para responder oraciones y sorprender a sus hijos. (Foto: Shutterstock)

Hace algunas semanas, cumplimos cuatro años viviendo en Egipto desde que volvimos a vivir aquí, en 2017. Días antes fue mi cumpleaños. Comencé un nuevo año en mi ciclo de vida y un nuevo año en nuestra caminata por aquí.

En estos días también recibimos una vez más un regalo de una de las familias más humildes de amigos que tenemos. Ellos viven en un pequeño pueblito agrícola a poco más de tres horas de distancia de El Cairo. Gracias a esa familia, desde que volvimos a Egipto, nunca necesité comprar siquiera un pote de miel para usar en casa. Ellos no tienen idea de lo que eso representa para mí.

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De vez en cuando, ellos necesitan venir a la “ciudad grande” por diferentes motivos y siempre encuentran la forma de que nos encontremos. Por lo menos dos o tres kilos de miel llegan a nuestra casa, siempre acompañado de otras riquezas de la tierra de los faraones. Todo lo que pueden compartir con nosotros, lo traen: ajo, condimentos, hierbas, arroz. Por más humildes que sean, trabajadores de la chacra, Dios habla conmigo de muchas maneras a través de ellos.

Por siglos, la miel fue el principal endulzante del mundo. Era usado en rituales y ceremonias religiosas en el Antiguo Egipto. Egipto es reconocido como la primera nación en cultivar ese manjar. Los arqueólogos encontraron vasos de miel en excavaciones por aquí datados de más de tres mil años atrás, y así se descubrió la muestra de miel más antigua existente del mundo y, por lo que consta, aún comestible.

Cuidado constante

La miel era el alimento de los faraones y de la nobleza. Es símbolo de tierras fértiles y de abundancia, como lo describe la Biblia al relatar la peregrinación del pueblo hebreo rumbo a Canaán, la tierra que “mana leche y miel”. ¿Puede ver cuántos mensajes Dios nos ha enviado durante todos estos años? Él habla a mi corazón todas las veces que abro la alacena de la cocina y tengo miel. Él habla a mi corazón cuando las manos de la familia fiel más sencilla y humilde ven riqueza y abundancia; somos bendecidos. Vemos el cuidado y la provisión divinas. Somos enriquecidos por quienes muchas veces pensamos que están aquí para ayudar sin realmente esperar nada a cambio.

En estos últimos cuatro años, recuerdo solo un momento en el que pensé: “Se me está acabando la miel, tal vez pronto tenga que comprar por primera vez desde que volvimos a Egipto”. Ese día nunca llegó. Por el contrario, poco después, recibimos otros tres kilos de miel pura por parte de esa familia generosa, al punto de siempre tener de sobra para compartir una parte con otros amigos que conviven con nosotros por aquí.

Entre tantos motivos y bendiciones, hoy una vez más celebro la certeza de que vivo en tierras fértiles en todos los sentidos, y que él nos sustenta no solo con lo que es necesario, sino en abundancia. ¿Qué señales le ha enviado Dios de que él continúa siendo su guía, protector y proveedor? ¿Con quién ha compartido las bendiciones que él le da, incluso en una vida llena de dificultades y luchas?

En el próximo artículo quiero hablar sobre el Dios que promete que nunca faltará el “pan y el agua”, especialmente aquí en Egipto. Nos vemos.

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