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Columna | Adolfo Suárez

La doctrina en la iglesia apostólica y en la Iglesia Adventista

Las doctrinas presentan la visión bíblica sobre asuntos fundamentales a la comprensión del plan divino.


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La formulación de doctrinas es el resultado de un estudio profundo y de la comprensión de la Biblia. (Foto: Shutterstock)

El libro de Hechos presenta un cuadro impresionante que vivía la Iglesia apostólica; una radiografía de la primera iglesia:

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.

La doctrina de los apóstoles

Una lectura atenta revela por lo menos catorce aspectos distintivos o marcas de esa comunidad. Llamo su atención al primero de esos aspectos: Doctrina (vers. 42). La palabra original es didache y se refiere a la enseñanza. Ese vocablo señala el fervor y la dedicación de los primeros conversos al cristianismo con relación a la Palabra. “Ellos se juntaban constantemente con los apóstoles a fin de recibir instrucción sobre el evangelio de Cristo, pues Jesús había nombrado a sus seguidores inmediatos para que fueran profesores de esos aprendices (ver Mateo 28:20)”.[1]

¿Por qué era importante perseverar en la doctrina? La iglesia apostólica practicaba una evangelización poderosa y eficaz; como resultado, muchas personas se juntaban a la nueva comunidad y eso conducía a cambios prácticos pues, aunque las personas se hacían propiedad de Jesús, sabían poco sobre él.

El teólogo Werner de Boor relata de manera impresionante la importancia y la necesidad de la “doctrina de los apóstoles”. 

Como [las personas] estaban ávidas para aprender más, mucho más de Jesús, no necesitaban ser presionadas para leer la Biblia, se agrupaban en torno al NT (Nuevo Testamento) vivo que estaba delante de ellos en las personas de los apóstoles. Tenemos que imaginar ahora la “enseñanza” de los apóstoles de acuerdo con la costumbre judía, de manera bien escolar y justamente por eso satisfactoria y bendecida. Los apóstoles no desarrollaban pensamientos teológicos y dogmáticos, sino relataban “todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar” (Hech.1:1), contaban lo que habían vivido con Jesús y transmitían los dichos, los discursos y las parábolas del Señor. Y los oyentes las grababan en la memoria, aprendiendo de memoria como personas acostumbradas desde la infancia a fijar en la memoria mucho de la Biblia. De esta manera los evangelios estaban vivos en el corazón y en la memoria de numerosas personas mucho tiempo antes que algo haya sido escrito. Pero ese aprender y memorizar, no era “monótono”, sino una bendición. Como la persona se enriquecía cuando absorbía cada vez más de ese Jesús, al que pertenecía, expresaba profunda gratitud, por ser el Salvador y Mesías.[2]

Imaginemos, entonces, que los discípulos contaban lo que habían vivido con Jesús y transmitían lo que aprendieron con él: enseñanzas, discursos, parábolas y milagros. Y los oyentes asimilaban todo. 

Las doctrinas en la Iglesia Adventista del Séptimo Día

Así como la Iglesia Apostólica, la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD) valora las doctrinas, y ellas son el fundamento de su fe y práctica. La IASD formula sus doctrinas a partir del estudio sólido de la Biblia, y lo hace mediante largas investigaciones, trabajando en comisiones y contando con eruditos de todas las áreas de la Teología. 

Por eso, necesitamos prestar atención cuando una persona se levanta en actitud crítica ante las doctrinas de la IASD que fueron sistematizadas y aprobadas por diversas comisiones. No estoy sugiriendo que, necesariamente, una comisión siempre está en lo correcto, y necesariamente una persona siempre está equivocada. Pero estoy sugiriendo que es muy probable que una comisión tenga más aciertos que una sola persona.

Hablando de comisiones: El libro Creencias de los Adventistas del Séptimo Día (el que contiene las 28 creencias de la IASD) fue elaborado y aprobado por una comisión, así como el Tratado de Teología Adventista del Séptimo Día (el que contiene un material que recapitula cuidadosamente las enseñanzas bíblicas que sirven de base al dinámico movimiento adventista).

Por otro lado, el Biblical Research Institute Committee (BRICOM) es una comisión que analiza publicaciones oficiales del Instituto de Investigación Bíblica o de la sede mundial de la Iglesia Adventista, y es un organismo oficial de la Asociación General de la IASD.

Todo eso muestra que la IASD toma en serio las doctrinas, siguiendo el ejemplo de la iglesia apostólica. Al final, las doctrinas son la base de una vida correcta y de enseñanzas correctas. Y nunca está demás afirmar que la iglesia cristiana debe conocerse por la corrección de su práctica y por la rectitud de sus creencias. 

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Referencias

[1] Kistemaker, S. (2016). Hechos. (E. Mullis & N. B. da Silva, Trads.) (2ª edición, t. 1, p. 148). Sao Paulo, SP: Editora Cultura Crista.

 [2] Boor, W. de (2022). Comentario Esperanza, Hechos de los Apóstoles (p. 59). Curitiba: Editora Evangélica Esperanza.

Adolfo Suárez

Adolfo Suárez

Escuchando la voz de Dios

Reflexiones sobre la teología y el don profético

Teólogo y educador, es el actual decano del Seminario Teológico Adventista Latinoamericano (SALT) y Director del Espíritu de Profecía de la DSA. Máster y Doctor en Ciencias Religiosas, con posdoctorado en Teología, es autor de varios libros y miembro de la Sociedad Teológica Adventista y de la Sociedad de Literatura Bíblica.