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Pastor de patio de iglesia: la importancia de construir buenas relaciones

El ministerio pastoral no solo se ejerce desde el púlpito, sino que se fortalece en la amistad, la empatía y el acompañamiento de la iglesia.


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Un pastor que escucha, acompaña y comparte la vida con su comunidad refleja el carácter de Cristo. (Foto: Shutterstock)

Hace algunos años escuché un relato sobre una comisión de nombramientos en cierta asociación. Se discutía el perfil de un pastor para una nueva función. Entonces, un anciano de iglesia tomó la palabra y dijo con convicción:
—Ese pastor podría asumir sin ningún problema la tarea de cuidar a otros pastores.
El presidente de la comisión preguntó:
—¿Y por qué piensa eso, hermano?
El anciano respondió con sencillez:
—Porque él es un pastor de patio de iglesia.

Todos se miraron intrigados. El presidente, curioso, quiso saber qué significaba esa expresión. El hermano sonrió y explicó:
—El pastor es de esos que se quedan en el patio después del culto, conversando con los hermanos, escuchando, riendo con los niños, siendo parte de lo cotidiano. No solo predica desde el púlpito: también predica con su presencia.

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Esa sencilla frase —pastor de patio de iglesia— resume una verdad profunda: el ministerio se concreta a través de las relaciones. El mismo Jesús lo mostró al caminar con sus discípulos. No se relacionó con ellos en aulas cerradas, sino en el camino, en casa, a la mesa y a la orilla del lago. Desde ese modelo de Cristo, quisiera destacar cinco elementos que surgen de su actitud pastoral y que contribuyen a establecer relaciones saludables y constructivas.

1. Jesús escuchaba con empatía. No se imponía; acogía preguntas sinceras y también confusas. En el camino a Emaús, antes de enseñar, preguntó: “¿Qué cosas?” (Lucas 24:19). Escuchar fue su modo de abrir el corazón del otro. El pastor que escucha con atención da espacio para que el corazón de los hermanos se exprese. Una iglesia que se siente escuchada confía; y donde hay confianza, hay comunión.

2. Jesús enseñaba con paciencia. Repetía lecciones, respondía dudas y respetaba el tiempo de cada discípulo. En Juan 14–16 vemos al Maestro preparando con ternura a sus amigos para su partida. La paciencia de Jesús es espejo para el pastor que enseña, confiando en que el crecimiento espiritual de cada miembro es diferente y tiene su tiempo. Esa actitud paciente construye puentes duraderos.

3. Jesús corregía con ternura. Cuando Pedro lo negó, no lo humilló; simplemente lo miró (Lucas 22:61). Esa mirada compasiva quebrantó el corazón y le dio una luz de esperanza. La corrección pastoral, cuando nace de un corazón compasivo, no hiere: reconcilia. Una iglesia corregida con ternura crece en madurez. Elena de White nos recuerda: “Practicad una paciente ternura hacia las faltas de otros. Cristo no vino para ser servido, sino para servir; y cuando su amor reina en el corazón, seguiremos su ejemplo.” (Ministerio Pastoral, p. 111; ST, 5 de marzo de 1885).[1]

4. Jesús compartía la vida. No solo dirigía: convivía. Comió con ellos, caminó con ellos, oró con ellos. “Ya no os llamaré siervos… os he llamado amigos” (Juan 15:15). La amistad con Cristo fue su método de discipulado. El pastor que comparte la vida encarna el evangelio en lo cotidiano.

5. Y, finalmente, Jesús practicó la tolerancia como elemento esencial del buen relacionamiento: “Necesitamos tolerancia mutua. Debemos amarnos y respetarnos unos a otros a pesar de las faltas e imperfecciones que no podemos dejar de ver, pues este es el espíritu de Cristo. Deben cultivarse la humildad y la desconfianza de sí mismo, y una paciente ternura hacia las faltas de otros. Esto acabará con todo egoísmo mezquino y nos hará grandes de corazón y generosos” (Ministerio Pastoral, p. 111; ST, 5 de marzo de 1885). [2]

Construir buenas relaciones con la iglesia no es opcional en el ministerio: es fundamental. Las relaciones saludables traen paz al corazón, madurez al carácter y alegría al servicio. La autoridad espiritual no se impone: se conquista amando.

Que en este Día del Pastor recordemos que el mayor legado de un siervo de Dios es reflejar su carácter. Y esta será la mayor evidencia del cumplimiento de nuestra misión de hacer discípulos hasta que Cristo vuelva: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos por los otros” (Juan 13:35).

Carlos Gill es licenciado y magíster en Teología. Actualmente es el director del Ministerio de la Salud y de la Asociación Ministerial de la sede sudamericana adventista. 


Referencias:
[1] y [2] Asociación Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, El ministerio pastoral (Silver Spring, MD: Asociación Ministerial, 1995), ©1995.