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Higiene en tiempos de pandemia: ¿Un nuevo remedio natural?

Los principios de salud presentados por la Iglesia Adventista refuerzan la necesidad del cuidado individual y colectivo.

Por Alexsander D. da Silva y Anne Caroline L. G. da Silva 14 de enero de 2021

Poner en práctica los protocolos de higiene ayuda a proteger y salvar vidas (Foto: Divulgación)

La pandemia del nuevo coronavirus trajo muchos cambios en el día a día. La higiene respiratoria, por ejemplo, pasó a ser una regla, independientemente de la edad, lugar o presencia de síntomas. E incluso con la llegada de la vacuna, que en diciembre de 2020 comenzó a ser aplicada en personas de diversos países, por algún tiempo la higiene aún desempeñará un papel importante para prevenir el contagio por el coronavirus.

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Los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día están bastante acostumbrados a promover los ocho remedios naturales, que son aquellos concedidos gratuitamente por Dios:

  • Alimentación saludable
  • Ejercicio físico
  • Agua
  • Luz solar
  • Temperancia (moderación, equilibrio, abstinencia)
  • Aire puro
  • Descanso
  • Confianza en Dios

Mientras tanto, la COVID-19 trajo un elemento del mensaje de salud que puede haber sido olvidado a lo largo de los años: la higiene. Aunque el remedio natural “agua” pueda abarcar aspectos de higiene, se ha hablado más sobre ella en el contexto de la hidratación y de baños terapéuticos. Sin embargo, la escritora Elena de White hizo declaraciones impactantes sobre el principio de esa cuestión.

“Deberíais cultivar un amor por la pulcritud y la estricta limpieza” (Conducción del niño, p. 99).

“Si Dios fue tan exigente que ordenó la limpieza en el viaje por el desierto, cuando estaban continuamente al aire libre, no requiere menos de nosotros […]” (Conducción del niño, p. 98).

“Cualquier forma de desaseo fomenta la enfermedad. […] La limpieza perfecta, la abundancia de sol, la cuidadosa atención a las condiciones sanitarias de todo detalle de la vida doméstica, son esenciales para librarse de las enfermedades y para alegrar y vigorizar a los que vivan en la casa” (El ministerio de curación, p. 210).

Responsabilidad individual, efecto colectivo

Al estudiar en la Biblia sobre la ley mosaica acerca de los leprosos, notamos que el aislamiento social y el uso de “mascarillas/barbijos” fue establecido por Dios (Levítico 13). Las orientaciones allí dadas incluyen incluso los cuidados con los objetos y ropas que tuvieron contacto con personas contaminadas por la lepra.

Dios estableció principios de salud para la felicidad humana y utilidad en el mundo. Él podría haber impedido que la lepra contaminara al pueblo, pero, así como en el plan de salvación, hay una parte a desempeñar en favor de los otros y de sí mismos, y eso incluye la higiene.

Prácticas complementarias

En el auge de la primera ola de la pandemia, un reportero abordó a un ciudadano que transitaba por una calle muy concurrida, ignorando la recomendación del uso de mascarilla/barbijo. Cuestionado, el hombre respondió que confiaba en que Dios lo protegería del coronavirus. Entonces, ¿sería falta de fe seguir las orientaciones de la ciencia sobre cómo mantenerse protegido?

“Hacer uso de los agentes curativos que Dios ha suministrado para aliviar el dolor y para ayudar a la naturaleza en su obra restauradora no es negar nuestra fe. […] Este conocimiento ha sido puesto a nuestro alcance para que lo usemos. Debemos aprovechar toda facilidad para la restauración de la salud, sacando todas las ventajas posibles y trabajando en armonía con las leyes naturales” (El ministerio de curación, p. 177).

Por lo tanto, creer y poner en práctica las recomendaciones de la ciencia y de las autoridades, que no estén en conflicto con la Palabra de Dios, está de acuerdo con 1 Pedro 2:13-23 y Romanos 13:1-7. Por eso, seguir los principios de salud es un deber del cristiano. Esta es una obra que no se puede esperar que Dios haga en lugar del ser humano (ver Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 36).

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2).


Alexsander D. da Silva es doctor en Administración por la Universidad de Brasilia (UNB), Brasil, y auditor. Ha servido a la Iglesia como anciano y director de varios ministerios en templos locales por más de 20 años. Está casado con la doctora Anne Caroline, y son padres de dos hijos.

Anne Caroline L. G. da Silva es doctora en Salud Colectiva por la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), Brasil, y empleada de la carrera de Administración Pública Federal en el área de salud. En los templos locales, ha estado frente del Ministerio de la Mujer, Espíritu de Profecía, Ministerio Infantil y otros. Está casada con el doctor Alexsander Silva, y son padres de dos hijos.

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