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Vida de adolescente es impactada por Operativo Social Adventista

El Operativo Social Adventista se lleva a cabo, cada año, desde 1986, en Chile.

Por Mariela Espejo 8 de febrero de 2019

Área de juegos con los adolescentes en el lugar del operativo. (Crédito de foto: Carlos Vásquez)

La 11º edición de OPSO (Operativo Social Adventista) tuvo lugar en la Región de la Araucanía, Chile. Cerca de 120 familias de la localidad de Pehuenco fueron beneficiadas con las donaciones de alimento, ropa, libros y obras de construcción que los donadores y voluntarios del operativo hicieron posibles. Sin embargo, la misión de los participantes excedió a la ayuda material. Esta fue la experiencia de Ester Fuentes, miembro de la Iglesia Adventista en la ciudad de Constitución.

Acostumbrada a trabajar recolectando libros y revistas tanto educativas como religiosas dentro de la operación de OPSO, Ester se sorprendió cuando la designaron para dirigir las actividades recreativas de los adolescentes de la comunidad de Pehuenco, lugar donde irían a trabajar. Desde un inicio no se sintió identificada con la tarea, puesto que, en su opinión, no poseía la energía tan característica de quien se dirige a ese público.

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Frente al desafío, decidió que además de esforzarse para transmitir alegría en los momentos de recreación, incluiría algunos minutos de reflexión espiritual y pedidos de oración con los adolescentes. Con la ayuda de algunos jóvenes voluntarios, los juegos resultaron bien y Ester se abocó a las reflexiones bíblicas.

En una ocasión, mientras se servía el almuerzo, ella se quedó en el lugar de los juegos aparentemente sola hasta que dos adolescentes se le acercaron. En ese instante sintió que era la oportunidad para compartir su fe y les comenzó a hablar del poder que Dios tiene para transformar vidas. Al final de la reflexión, Ester preguntó si alguna de las dos chicas necesitaba de un milagro y una de ellas, Amanda (nombre ficticio) comenzó a llorar.  Su pedido fue el de poder comprender a su madre. Amanda abrió su corazón y explicó la situación de su hogar. Mientras ella se desahogaba, Ester escuchó que solicitaban su nombre con urgencia, pero decidió no atender al llamado; pues no quería interrumpir ese momento.

Sin padre desde los tres años, la vida había sido dura para Amanda. Su madre, quien además de ella, tenía dos hijos, se encontraba emocionalmente distante, lo que provocaba profundo dolor en Amanda. Al ver esta situación, Ester propuso una conversación con la madre de la joven en la cual ambas pudieran abrirse y decir lo que sentían. En primera instancia, Amanda se resistió. Pero Ester la convenció de que sería una posible solución al problema. Mientras tanto, su nombre seguía siendo solicitado desde el lugar del operativo general mediante un parlante. Pero prefirió quedarse con Amanda, pues lo demás podía esperar.

Madre e hija abrazándose después del momento de reconciliación. (Crédito de foto: Ester Fuentes)

Finalmente, Amanda aceptó hablar con su madre, junto con Ester. Cuando se encontraron fueron a un lugar apartado para conversar. Durante el diálogo Ester fue la portavoz de la joven, ya que las lágrimas no le permitían expresarse con palabras. Amanda necesitaba más que nunca la presencia y cariño maternos. En el transcurrir de la conversación, ambas se abrazaron y se pidieron perdón. Madre e hija se comprometieron a comunicarse más, a esforzarse por entenderse mejor. Al final, las tres oraron pidiendo a Dios que ayudase a fortalecer esa relación. A partir de ese momento, la soledad y tristeza que Amanda había sentido por tanto tiempo se comenzaron a desvanecer. Los pensamientos que alguna vez la tentaron a quitarse la vida ahora iban en dirección contraria.

Cuando Ester decidió volver al lugar del operativo curiosa por descubrir el motivo de los llamados, la respuesta que recibió fue de que no era nada, lo que en primera instancia no entendió. Más tarde Ester quedó impactada al analizar los hechos. Para ella los llamados habían sido una distracción que el enemigo quería usar para interrumpir el momento con Amanda.

La situación que Amanda vivía en su hogar era agravada por el contexto donde su vida se desarrolla. Con 14 años de edad y viviendo en el interior de Los Andes, el acceso a la educación es limitado; así como la interacción con el mundo a través de Internet. Debido a las largas distancias y bajas temperaturas en el invierno, la familia de Amanda, así como las del resto de la comunidad, viaja a la ciudad entre los meses de marzo y abril para comprar el sustento necesario para la época fría. Solo cuando la primavera llega, en el mes de septiembre, vuelven a salir de sus comunidades a los centros urbanos. En esta realidad el vínculo con los familiares es mucho más estrecho; ya que no hay distracciones, ni muchas opciones de actividades para realizar.

Carlos Vásquez, conoce a Ester desde que OPSO inició en la región central del país. Al inicio, ella se unió con entusiasmo y participó de las primeras tres ediciones. Mas, no fue sino después de siete de ellas, cuando Ester volvió a integrarse. “Esta experiencia ha servido para confirmar el llamado de Dios para ella. Él mismo se ha manifestado diciéndole: “Ester, quiero que estés aquí””, afirma el director general.

Después de esta experiencia, Ester se dio cuenta que la responsabilidad que le designaron había sido puesta por Dios en el corazón de los líderes del operativo. Así como Ester fue una bendición para esa familia, cualquiera que ponga sus talentos en las manos de Dios será utilizado por el Espíritu Santo para impactar vidas.

El Operativo Social Adventista ha estado activo desde 1996 cuando tuvo su inicio en la ciudad de Santiago, Chile. En estos 23 años, OPSO ha recorrido el país desde norte a sur llevando el evangelio a comunidades de difícil acceso. Su estrategia es seguir el método de Cristo: Hacerse amigos de las personas y satisfacer sus necesidades para luego invitarlos a caminar por fe.

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