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El cuidado emocional de los niños durante la pandemia

El confinamiento 24/7 de toda la familia en un solo lugar puede ser una oportunidad de crecimiento o un martirio. Vea recomendaciones para el cuidado emocional de los pequeños de la casa.

Por Felipe Rodríguez Oliva 8 de mayo de 2020

Los niños pueden percibir la tensión de los padres (Foto: Shutterstock)

El nuevo paradigma de compartir el mismo espacio 24/7 con toda la familia puede transformarse en una tremenda oportunidad de crecimiento, así como en un martirio. Cualquiera sea el escenario, constituye un desafío de proporciones. La multiplicidad de roles simultáneos por parte de los padres conlleva una carga emocional diferente a la habitual. Es por esto que debemos considerar nuevas prácticas preventivas de salud mental, especialmente para el cuidado de nuestros hijos.

Los niños necesitan certidumbre para sentirse seguros. Independiente al caos que pueda acontecer en el mundo, los adultos somos responsables por lo que ocurre al interior de nuestro hogar. En este sentido, las rutinas son de gran ayuda para entregar certezas a nuestros hijos, puesto que contribuyen a crear ambientes más predecibles, y esto a su vez se traduce en una sensación de seguridad y paz. Las rutinas, la regularidad de éstas y la coherencia de los padres son grandes aliados que permiten prevenir o mitigar la tensión propia de situaciones de cambios abruptos.

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Un aspecto fundamental es que los menores deben saber a qué atenerse cada día, evitando las improvisaciones y misterios. Para ello entregaremos algunos consejos prácticos:

1. Organiza una rutina diaria equilibrada

Considera horarios para levantarse, para comer, espacio para la recreación, para realizar los deberes, etc.

Para ello debemos tener presente que el funcionamiento óptimo del cerebro se da entre las 9 y las 12 horas, por lo tanto, deberíamos privilegiar las primeras horas del día para que los niños realicen sus deberes, especialmente los académicos. De este modo, optimizamos su rendimiento y también los formamos con disciplina, en el sentido que conductualmente les estamos enseñando que el “deber” es antes que el “placer”.

En cuanto a lo académico, es recomendable habilitar un espacio físico determinado y una vez finalizada la jornada de estudio, ordenar los materiales. También es necesario tener presente que leer en conjunto, realizar manualidades y jugar también pueden ser instancias de aprendizaje. Dado lo anterior, lo óptimo es incluir en la rutina actividades físicas, artísticas, lúdicas y espirituales factibles de realizar dentro del hogar, y que sean realizables por los niños, teniendo presente que “no es para que miren, sino para que hagan”.

2. Asegúrate que la rutina sea coherente y consensuada

Dentro de la rutina debe existir un orden establecido para que las cosas sucedan. Por ejemplo, después de tomar desayuno, el niño debe vestirse. Luego de la cena, se prepara para ir a dormir.

Procura incorporar normas de buena convivencia en que todos los miembros del hogar se sientan representados.

También es importante generar espacios de apoyo y contención que permitan expresar las emociones. Recuerda que los niños suelen reaccionar diferente a los adultos, por lo que es recomendable escuchar sus razones. Los adultos deben procurar ser coherentes y consistentes con estas medidas, aunque con el debido equilibrio, en el sentido de no tornarse rígidos. Debe existir cierto grado de flexibilidad para adaptarse a posibles cambios. El objetivo es transmitir una sensación general de orden.

Recomendaciones para contener emocionalmente a los niños

1. Mantén la calma, ya que los niños detectan nuestra angustia. Nuestra tranquilidad nos permitirá tomar decisiones más asertivas para responder de mejor manera a sus necesidades y así se sentirán más seguros.

2. En caso que identifiques algún comportamiento extraño en el niño, no hagas como si nada pasara. Los niños pueden percibir nuestra tensión, por ende, son capaces de detectar que algo puede estar ocurriendo. Explícales la situación con palabras simples y evitando detalles innecesarios que podrían angustiarlos más.

3. Acompaña al niño, ya que la cercanía de sus vínculos significativos y el contacto físico les da seguridad y los reconforta.

4. Los niños, especialmente los más pequeños, no saben expresar lo que sienten, por eso es recomendable ayudarlos a través de actividades artísticas, lúdicas, e incluso, a través de leer una historia de la Biblia.

5. Interactúa con los niños, realiza actividades positivas como juegos, dibujos, cantos y oraciones. Evita a toda costa que vean imágenes o escuchen música agresiva o trágica.

Mensajes apropiados que podríamos transmitir a los niños

  • “Tranquilo, esta situación es transitoria, y va a pasar…”
  • “…Es preferible quedarse en casa, esto lo hacemos no solo por nosotros, sino también lo hacemos para cuidar a los abuelitos”.
  • “Debemos confiar plenamente en DIOS… Él  ha prometido en su palabra que nos acompañará, incluso en las pruebas más difíciles”.

De esta manera, también podemos generar o fortalecer una conciencia social, orientada al bien común. Todo esto se debe explicar en un lenguaje y nivel de profundidad apropiada a la edad de cada niño, considerando que a menor edad su pensamiento será más concreto.

 

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