Mujer deja su trabajo para servir como voluntaria en proyectos sociales
Luana Braz ha servido en iniciativas en Brasil, Bolivia y Chile, coleccionando experiencias marcadas por milagros.

Luana Braz, de 29 años y natural de Brasil, descubrió cuando aún era niña el deseo de servir como misionera voluntaria. A los nueve años, después de ver un video de una niña involucrada en acciones solidarias y evangelización, decidió que también quería dedicar su vida al voluntariado. Sin embargo, no se imaginaba que años después incluso dejaría su empleo y su país para vivir ese propósito, trayectoria que ya recorre hace cinco años, empezando en Brasil y llegando a otros países de Sudamérica.
Desde muy joven, la generosidad era parte de su día a día. Luana cuenta que, cuando era niña, solía donar juguetes y ropa, además de guardar monedas en una alcancía para contribuir con proyectos misioneros en otras regiones del mundo. “Siempre tuve algo en mi corazón para ayudar a las personas. Soñaba que un día también podía ser misionera”, recuerda.
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Primera misión y renuncias
Graduada en Psicología, Luana comenzó su primer periodo de misionera en Un Año en Misión (One Year in Mission, en inglés) en Serra, en Espírito Santo, Brasil, cuando vio un anuncio en Facebook. “De pronto, todo tuvo sentido. Sentí que Dios me daba la oportunidad de realizar el deseo que tenía hace años”, contó al recordar el momento.
Con la llegada de la pandemia de Covid-19 en 2020, los trabajos presenciales tuvieron que cerrar, pero ella siguió trabajando de forma on-line, ayudando a niños y adolescentes con tareas escolares. Al siguiente año, regresó al proyecto en Linhares, también en el estado de Espírito Santo.

Fue en ese tiempo que recibió la propuesta de empleo en un hospital, oportunidad que rechazó para seguir sirviendo. Según el pastor Bruno Cândido, que realizó el seguimiento de la joven durante la misión, su compromiso iba más allá de las actividades propuestas. “Luana no solo ayudaba en la misión con sus talentos, sino también con recursos. Buscó socios, desarrolló proyectos y se involucró activamente”, contó.
Según él, el empeño de la voluntaria trajo resultados significativos. “Cuando ella llegó, ya buscó formas de contribuir incluso antes de recibir orientaciones. Tuvimos experiencias muy positivas y 22 decisiones por el bautismo”, afirmó. “No existe propósito más noble que salvar personas, y Luana entendió eso”, completó.

¿Providencia o milagros?
Después de concluir Un Año en Misión, Luana aceptó el empleo en el hospital, en el mismo puesto que había rechazado anteriormente. Pero, después de tres meses de contrato, se dio cuenta de que su corazón todavía estaba en la misión. Se inscribió en el Servicio Voluntario Adventista (SVA) y fue enviada al Amazonas, donde vivió experiencias marcadas por providencias que ella define como milagros.
En una ocasión, necesitaba cerca de $80 para realizar una actividad con niños en situación de vulnerabilidad. “Me arrodillé y oré pidiendo el valor. Apenas terminé, vi la notificación en el celular que una amiga me decía que Dios había tocado su corazón. Ella donó $150, casi el doble de lo que yo necesitaba”, contó.

Otra experiencia ocurrió en Bolivia, donde sirvió en el proyecto Un Año en Misión Internacional. Luana y una amiga comentaron, entre ellas, que extrañaban el jugo de las frutas brasileñas. “Lo dijimos sin intención de oración. Tres días después, en una tienda de comida, una conocida de la iglesia llegó y le pidió al mozo dos jugos, exactamente de los sabores que queríamos: maracuyá y mango. Sentí que Dios estaba cuidando de nosotras en ese instante”, dice.
Aún en el país, participó de una acción en un orfanato que consistía en llevar una donación de ítems de higiene y botellitas con dulces adentro. Le habían informado que había 47 niños en el lugar, pero al momento de la entrega, había más personas que lo previsto. “Entregamos confiando en Dios. Atendimos cerca de 60 niños y ninguno se quedó sin regalos. Nuestros ojos vieron la multiplicación de los kits con botellitas”, recordó.
Después de Bolivia, Luana sirvió en Chile de marzo a octubre de 2023. De regreso en Brasil, comenzó a trabajar nuevamente en el hospital. “Percibí el cuidado de Dios en cada detalle. Él le devolvió el trabajo tres veces, mostrando que estaba conmigo en todo el proceso”, relató.
Influenciar y formar nuevos misioneros
En enero de 2024, Luana regresó a las actividades misioneras locales y ha visitado iglesias llevando charlas sobre el servicio voluntario y salud mental. Más de 15 congregaciones ya recibieron su participación, algunas de ellas más de una vez. Ella también recauda donaciones para familias necesitadas y colabora con iniciativas sociales y de protección animal.

Camili Matias, de 17 años, fue inspirada por una de las charlas y decidió seguir el camino misionero después de oírla. “Mi familia no me apoya en ese sentido, pero recibir su incentivo fue muy especial. Luana fue esencial en mi decisión”, afirmó. “No quiero estar en mi zona de confort mientras Jesús está pronto a volver”, añadió Camili, que ha participado de tres escuelas de misión y espera cumplir 18 años para servir en proyectos de larga duración.
Otro fruto del trabajo es Derlan Santos, joven que estudió la Biblia con Luana, fue bautizado, participó de misiones y hoy cursa Teología en la Facultad Adventista de Amazonas (FAAMA).
Próximo paso
Al mirar el camino recorrido, Luana afirma que reconoce la conducción divina en cada decisión. “Mirar ese camino hace que vea como Dios guió cada paso, incluso cuando todo parecía incierto. Sé que él tiene sueños aún más grandes para mí”, destacó.
Actualmente, Luana se prepara para una nueva etapa misionera. En diciembre de este año, ella embarcará hacia Mato Grosso, en el centro oeste de Brasil, donde dedicará el año 2026 al servicio voluntario en la comunidad de Rio Araguaia.
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