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Wellington Barbosa

Wellington Barbosa

Diálogo de líder

Conceptos de liderazgo desde una perspectiva cristiana.

El bautismo y el rebautismo

El bautismo simboliza el arrepentimiento y la conversión del pecador en una nueva criatura para el Reino de Dios. (Foto: Shutterstock)

La salvación es el gran tema del evangelio de Jesucristo (Mateo 28:19; Juan 3:16; 4:42; Hechos 10:34-36; 16:31; Gálatas 3:8; Apocalipsis 14:6). La palabra griega ευαγγέλιο significa buenas nuevas.[1], y Jesús y sus discípulos tenían como propósito anunciar esas buenas noticias por donde pasaban (Mateo 4:23; Marcos 1:14, 15; Hechos 8:25, 40; 15:7; Romanos 1:1, 9; 15:16; 1 Corintios 15:1-4; Colosenses 1:23; 1 Tesalonicenses 2:2; 1 Pedro 4:17). Según las Escrituras, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

También vemos en la Biblia que “el que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16). El que acepta esta “salvación tan grande” en Jesús (Hebreos 2:3) es bautizado y firma de manera voluntaria un “pacto con Dios (Colosenses 2:11, 12), y es recibido con alegría en su familia.[2] Bautizarse implica creer y aceptar de todo corazón que Jesucristo es el Hijo de Dios y recibirlo como único Señor y Salvador personal (Hechos 8:35-38; Pedro 1:1). El bautismo representa el arrepentimiento de los pecados y la conversión, que se comprueba con la muerte del viejo hombre, con el nuevo nacimiento y la producción de frutos para el Reino de Dios (Hechos 3:19; Juan 3:3-5; Juan 15:1-8).

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El capítulo 6 de Romanos presenta la explicación más completa de la teología del bautismo cristiano. Pablo aclara que el bautismo simboliza la muerte del pecador arrepentido al pecado, la sepultura del viejo hombre y la resurrección de una criatura nueva para gloria de Dios.  Por lo tanto, “el bautismo es la participación en la muerte y resurrección de Cristo que efectúa una transición a una nueva creación”.[3]

El bautismo por inmersión

Al exaltar la unidad del Espíritu Santo (vers. 5), Pablo afirmó que existe “un solo bautismo”; aquí vemos la importancia de estudiar los significados etimológicos. “Las palabras “bautizar” y “bautismo” provienen de la raíz griega baptizo, “sumergir”. La raíz baptizo se usa más de 60 veces para designar el bautismo de personas por inmersión para el arrepentimiento, como en el bautismo de Juan o, después de la resurrección, el bautismo en Cristo”.[4] Además, algunos detalles en el texto bíblico demuestran la necesidad de suficiente agua para la inmersión. Por ejemplo: “Jesús, después que fue bautizado subió luego del agua” (Mateo 3:16); y Juan bautizó en Enón, cerca de Salim, “porque había allí muchas aguas” (Juan 3:23). En Hechos 8:38 y 39, tanto Felipe como el eunuco descendieron al agua y subieron del agua.[5] Vale destacar que tenemos un Modelo suficiente para imitar: Jesús. Y por las evidencias bíblicas, su bautismo fue por inmersión (Efesios 4:3; Mateo 3:16). Las ceremonias por aspersión, efusión o incluso por inmersión parcial no armonizan con la teología bíblica del bautismo.[6]

La actuación del Espíritu Santo

El bautismo se realiza en respuesta a la actuación de conversión del Espíritu en el nombre de toda la Trinidad. Así fue ordenado por Cristo (Mateo 28:19). Además, esta es también una condición para entrar en el Reino de Dios (Juan 3:5). “Cristo ha hecho del bautismo una señal de entrada en su reino espiritual. Él ha hecho de esto una condición positiva la cual deben cumplir todos los que quieren que se reconozca que están bajo la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.[7]

Jesús revela también la unidad del bautismo en las aguas con el bautismo del Espíritu Santo, el cual descendió sobre él al ser bautizado en el río Jordán (Mateo 3:13-17; Lucas 3:21, 22; Hechos 10:38). Así también sucedió en la iglesia apostólica (Hechos 2:38; 9:17, 18; 10:44-48). De acuerdo con Bruner, en Hechos 8, en el bautismo del eunuco, “el Espíritu Santo marcó el encuentro (vers. 29), lo terminó (vers. 39) y probablemente fue el origen del júbilo (chairon) del eunuco camino al hogar, pues en varios lugares del Nuevo Testamento la alegría se considera un fruto especial del Espíritu”.[8]

Es correcto afirmar que “el Espíritu Santo puede venir inmediatamente antes del bautismo (por lo menos en esta única referencia: Hechos 10:44-48), inmediatamente después del bautismo (cf. Hechos 19:5, 6) o con el bautismo (Hechos 2:38), pero nunca, en cualquier parte del Nuevo Testamento después del Pentecostés, separado del bautismo”.[9] A su vez, Marshall también declara coherentemente: “se puede decir con seguridad que el Nuevo Testamento no reconoce la posibilidad de que alguien sea cristiano sin poseer el Espíritu (Juan 3:5; Hechos 11:17; Romanos 8:9; 1 Corintios 12:3; Gálatas 3:2; 1 Tesalonicenses 1:5-6; Tito 3:5; Hebreos 6:4; 1 Pedro 1:2; 1 Juan 3:24; 4:13)”.[10]

El rebautismo

La experiencia de Jesús nos “revela que el bautismo por el agua y el bautismo por el Espíritu deben andar juntos, y que el bautismo que no vino acompañado de la recepción del Espíritu Santo constituye una experiencia incompleta”.[11] Esa fue la razón del primer rebautismo. En la ciudad de Éfeso, el apóstol Pablo encontró doce efesios que habían sido bautizados por el bautismo de Juan para arrepentimiento. Esos hombres “parecían ser discípulos, pero como tenía dudas acerca de su posición como cristianos, se detuvo a examinar con más cuidado sus declaraciones”.[12]

Pablo les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos dijeron: ‘Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo’. Entonces dijo: ‘¿En qué, pues, fuisteis bautizados?’. Ellos dijeron: ‘En el bautismo de Juan’. Dijo Pablo: ‘Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que venía después de él, esto es, en Jesús el Cristo’” (Hechos 19: 2-4). Esas personas no conocían a Cristo ni al Espíritu Santo. “Tenían un conocimiento incompleto del cristianismo, sin haber recibido el bautismo con el nombre de Cristo ni el Espíritu Santo, Pablo los rebautiza en una comprensión más completa de la doctrina”.[13]

De acuerdo con el Manual de la Iglesia, “Con esa orientación bíblica, las personas de otras comuniones cristianas que abrazan el mensaje adventista del séptimo día pueden, si lo desean y si fueron antes bautizadas por inmersión, solicitar ser rebautizadas”.[14]

Sin embargo, las Escrituras dejan claro que el rebautismo también debe ser ministrado en caso de apostasía de la fe, pues, “si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ella son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2:20). La apostasía es “pecar voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad”, “pisotear al Hijo de Dios”, tener “por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado” y hacer “afrenta al Espíritu de gracia” (Hebreos 2:26-29). Observe el siguiente cuadro. En los dos casos, el Espíritu de Dios está ausente, pero la segunda situación parece más grave.

Motivo Consecuencia
Ignorar a Cristo y al Espíritu Santo No recibir el Espíritu Santo en el bautismo
Rechazar a Cristo y al Espíritu Santo Perder el Espíritu Santo después del bautismo.

Por ignorar la doctrina cristiana, aquellos doce efesios no recibieron el Espíritu Santo, y necesitaron el rebautismo. Entonces, “el que violó abiertamente la ley de Dios y fue excluido de la iglesia, por medio del rebautismo, debe volver a integrar el cuerpo de Cristo”. [15] Según Elena de White, “El Señor pide una reforma decidida. Y cuando un alma en verdad se ha convertido de nuevo, debe ser bautizada otra vez”.[16]

Aunque nos rebelemos contra Dios, él nos ama y nos atrae con “amor eterno”, pues “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (Jeremías 31:3; 1 Timoteo 2:4). Él trabaja activamente por medio del Espíritu Santo, de los ángeles y de su iglesia “no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9; Juan 16:7, 8; Hebreos 1:14; 1 Pedro 2:9). Así como el apóstol Pablo se interesó por la vida espiritual de los doce efesios, tenemos algo que hacer por nuestros conocidos y ex hermanos. Para esto Dios nos bautiza, no solo con agua, sino también con el “Espíritu Santo y con fuego” (Mateo 3:11). “El poder del fuego del Espíritu Santo se destina al servicio y al testimonio; purifica y limpia la vida, preparándonos así para ser conductos a través de los cuales el Espíritu Santo pueda fluir en servicio a otros”.[17] ¿Recibió usted realmente el Espíritu Santo cuando creyó?


Referencias

[1] El verbo evangelizomai (Aristófanes), evangelizo, una forma que se encuentra solo en el griego posterior, junto con el sustantivo adjetivo evangelion (Homero) y el substantivo evangelios (Ésqui.) son todos derivados de angelos, “mensajero” (es probable que originalmente haya sido una palabra iraní tomada prestada), o del verbo angello, “anunciar”; (ángel), evangelios, “mensajero”, es quien trae un mensaje de victoria o cualquier otra noticia política o personal que causa alegría. BROWN, Colin. Dicionário internacional de teologia do Novo Testamento. São Paulo: Sociedade Religiosa Edições Vida Nova, 1989. p. 167.

[2]Manual da Igreja, 22ª ed., Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2015, p. 46.

[3]Theological Dictionary of the New Testament, editado por Gerhard Kittel y Gerhard Friedrich, traducido por Geoffrey W. Bromiley, Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company, 1985, p. 84.

[4]Raoul Dederen, ed. Tratado de teologia adventista do sétimo dia, 1ª ed. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2011, p. 647.

[5]Ibíd.

[6]Millard J. Erickson, Introducing Christian Doctrine, editado por L. Arnold Husta. Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1998, p. 352.

[7]Elena G. de White, El evangelismo, ACES, p. 226.

[8]Frederik Dale Bruner, Teologia do Espírito Santo, 2ª ed. São Paulo: Sociedade Religiosa Edições Vida Nova, 1970, p. 147.

[9]Ibíd., p. 150.

[10]I. Howard Marshall, Atos, 1ª ed. São Paulo: Sociedade Religiosa Edições Vida Nova, 1985, p. 287.

[11]Nisto cremos, 10ª ed. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 2018, p. 247.

[12]Marshall, p. 288.

[13]Biblia de Estudios Andrews, en “19:1-7 Éfeso”. ACES, p. 1373.

[14]Manual de la Iglesia, ACES, 2010, p. 50.

[15]Tratado de teologia adventista do sétimo dia, p. 652.

[16]Elena G. de White, El evangelismo, ACES, p. 375.

[17]LeRoy Edwin Froom, A vinda do Consolador, 1ª ed. Tatuí, SP: Casa Publicadora Brasileña, 1988, p. 282.

 

 

 

 

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