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Valdeci Júnior

Valdeci Júnior

Reavivamiento y Reforma

La espiritualidad que lleva a la práctica

¿Y ahora? ¿Es el fin? ¿Y si lo fuera?

Las implicaciones de la epidemia de Covid-19 son mayores de lo que parecen (Foto: Shutterstock)

COVID-19. El mundo está de cabeza en una maraña de polémicas sin fin. ¡Perdido! Con respecto al origen de esta pandemia, hay quienes dicen que surgió por accidente, que sería consecuencia de las imprudencias alimentarias de un pueblo, que un gobierno tuvo la intención de establecer un control demográfico o que sería una conspiración con el objetivo de un imperialismo global.

En cuanto a la letalidad del coronavirus, mientras muchos tienen miedo al punto de llegar a la histeria sobre lo que podría ocurrir, otros tantos se ríen de lo consideran como una supuesta gripecita. Cada uno dice algo distinto sobre cuándo tendremos el pico pandémico en nuestra región, pero ninguno lo sabe a ciencia cierta. El aislamiento vertical y el aislamiento horizontal pasaron a ser verdades por las cuales se discute con gran pasión… ¡Qué locura! ¿Vale la pena entrar en esas discusiones?

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Algunas cosas son hechos: El coronavirus existe, es transmisible, infecta a las personas, algunas caen víctimas y otras lo derrotan. Pero, como consecuencia de eso, otras guerras ocurren, como, por ejemplo, la económica. De la noche a la mañana, el mercado financiero entero se transformó, y surgieron dos grandes bloques: los que están ganando y los que están perdiendo mucho dinero con esta situación. En cada uno de ellos, hay por lo menos dos tipos de personas: los idóneos y los inescrupulosos.

Están los que quieren aprovecharse del oportunismo sin escrúpulos para ganar mucho dinero debido al aislamiento. También están los inescrupulosos que sufren grandes pérdidas financieras por el aislamiento, con el discurso que minimiza al virus en su poder de contagio y letalidad. De la económica, la batalla pasa a ser política y mediática.

¿Y la población? En gran parte dividida, sin saber cuál es la verdadera dimensión de un virus aumentado o disminuido por las lentes de tantos sentimientos heridos. Y así, sin negar la realidad biológica, es claro que casi podemos decir que los principales, los primeros y los más frecuentes síntomas de esta pandemia serían la infodemia, los trastornos psicoemocionales y los problemas financieros.

El mundo ¿pasó por muchas pandemias? Sí. Pero esta es inédita, porque es la primera en la cual tenemos Smartphones y redes sociales de forma tan accesible en la palma de la mano de todos. Y eso genera un comportamiento colectivo nunca experimentado antes por la sociedad. Por lo tanto, este aislamiento no es una pausa; estamos en un momento histórico sin precedentes. Después de que pase esta crisis del coronavirus, el mundo será diferente, con nuevas formas de hacer muchas cosas, cambiará para siempre.

¿Cómo debemos comportarnos?

Como cristianos, ¿cómo debemos comportarnos? ¿Pelearemos por banderas políticas? ¿Podemos perdernos en los océanos inciertos de las ideologías? ¿Debemos permitirnos enfermar mentalmente? ¿Entraremos en una lucha materialista? “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:17-18).

En primer lugar, debemos tomar conciencia de lo que está sucediendo a la luz de los pilares de nuestra fe. Buscando eso, con respecto a esta pandemia, muchos se preguntan: “Y ahora, ¿es el fin?”. Nuestro Maestro y sus apóstoles compartieron con nosotros varias señales del tiempo del fin. Y no tenemos cómo escapar de ellas. Si el evento mundial del COVID-19 fuera una disputa entre las potencias mundiales, nación levantándose contra nación, es una señal del tiempo del fin prevista por Jesús en Mateo 24:6.

Para los que dicen que el problema real de este acontecimiento sería el riesgo de la miseria, en el mismo versículo Jesús dice “habrá hambres”. Para los que ven una conspiración e imaginan que estamos ante la intención del dominio psicológico de las masas, la angustia entra las naciones y la perplejidad de los seres humanos por causa de las grandes angustias sociales, también esto fue profetizado por Jesús como señales del tiempo del fin en Lucas 21:25.

Si el mayor problema que estamos teniendo fuera un posible comportamiento histérico de las personas, el versículo siguiente también presenta la señal “desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra”.

¿Y qué sucede con respecto a la posibilidad de algún tipo de adulteración de los hechos con el objetivo de obtener algún tipo de poder? Pablo le explicó a Timoteo que, en los últimos días, las personas serían egoístas, avaras, sin amor para con los demás, enemigas del bien y traidoras (2 Timoteo 3:1-4). Eso también se aplica a los que se aprovechan de forma inescrupulosa, en caso de que alguien quiera decir que esta crisis solo sería una guerra económica más y no una señal del tiempo del fin.

Pero, limitándonos a la narrativa común de que una pandemia está en curso, nos limitamos a: “y en diferentes lugares […] pestilencias” previstas por Jesús para señalizar el tiempo que precedería a su regreso (Lucas 21:11).

Regreso cercano

En fin, sea lo que fuere, esta crisis es una señal de que el regreso de Jesús está cerca. “Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:8). O sea, aunque la pandemia sea una señal del tiempo del fin, puede no ser el fin. ¿Sería, entonces, de poca importancia? ¡No! Usted ¿sabe de qué dolores estaba hablando Jesús? Pablo lo explica: ¡son los dolores de parto del planeta que gime cada vez más fuerte porque está llegando su hora! (Romanos 8:22; 1 Tesalonicenses 5:1-3).

Cuando hablamos de terremotos, guerras, hambres, epidemias, corrupción, etc., todos son señales del regreso de Jesús. Están los que las menosprecian (2 Pedro 3:3-4), afirmando que estas cosas siempre seucedieron en el mundo. Pero es importante observar lo que Jesús y Pablo dicen sobre la semejanza de estos acontecimientos como señales del tiempo del fin con las contracciones del parto. Con el pasar del tiempo, ocurren repetidas veces progresivamente, y se vuelven cada vez más largas, y se intensifican, progresivamente más fuertes.

Por eso, en segundo lugar, debemos continuar estudiando los eventos finales previstos por la Biblia, para tenerlos en claro en la mente, a fin de no equivocarnos. Hay gente que está intentando encuadrar esta pandemia como la primera de las siete plagas del Apocalipsis. Y tenemos cómo saber que no lo es, porque la escatología señala que los eventos finales ocurren en un orden secuencial. Primero, tendrá lugar el derramamiento del Espíritu Santo (Joel 2:28-29), después, la predicación del evangelio alcanzará a todos los pueblos (Mateo 24:14), luego, vendrá el decreto dominical (Apocalipsis 13:16), seguido del cierre de la puerta de la gracia (Mateo 25:10; Apocalipsis 22:11), para que, entonces, las siete plagas comiencen (Apocalipsis 16).

Y el tercer punto es el que realmente nos compete. “Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias” (Salmo 34:17). Si aún no es el fin, si cualquier teoría fuera correcta o equivocada, como cristianos, nuestro deber es luchar, pero de forma cósmica (Efesios 6:12), con las rodillas, para que Dios nos cure política, física, económica y espiritualmente (2 Crónicas 7:14). Entonces, ¿la crisis actual no tiene nada que ver con los eventos finales? ¡Tiene todo que ver!

Sin saberlo (o tal vez sabiéndolo), el mundo se prepara, cada vez más, para un escenario en el que los poderes posiblemente tengan control social completo sobre las elecciones de las personas, o el ir y venir de los ciudadanos y la libertad económica de cada individuo. ¿No cree que lo que estamos viviendo es un gran ensayo para lo que sabemos que ocurrirá (Apocalipsis 13:17)? Entonces, ¿por qué no ensayamos nuestra parte, también? Si el próximo gran cumplimiento profético que esperamos ver ocurrir es la lluvia tardía, ¿cuál es nuestra parte en esta batalla? “Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová […] os dará lluvia abundante” (Zacarías 10:1; Ezequiel 34:26).

¿Está todo parado? Para el cristiano no debería estarlo, pues este debe ocuparse intensamente en la actividad del clamor (Jeremías 29:12-13), por el reavivamiento antes de que la puerta de la gracia se cierre (Isaías 55:6-13). Y eso no debe ser motivo para tener miedo: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21:28).

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