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Isael Costa

Isael Costa

Conexão Profética I

Profecías, en su contexto, explicadas para quien quiere entender el tiempo en que vive.

La naturaleza de la profecía bíblica

La profecía bíblica es la anunciación de lo que Dios hará en el futuro. (Foto: shutterstock)

“Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:9, 10).

La visión es algo que mueve la vida humana a lo largo de los siglos. Cuando es animadora, esta provoca motivaciones favorables y contagiosas y, cuando no, son diversos sus males, muchos de ellos irreparables. El hecho es que la interpretación de la realidad y del mundo en sus diversos aspectos depende de la perspectiva de cada individuo. Conclusiones de esta naturaleza evidencian cuan indispensable e imperativa es la percepción de las cosas, a su vez, impregnada en la sabiduría divina. Este segmento, este artículo, así como los demás,  pretende señalar el camino para la interpretación de la historia (pasado- presente- futuro), bajo el prisma de uno de los vehículos de la omnisciencia divina: la profecía bíblica[1].

Origen y función

El diálogo entre la historia de las religiones y el material que hasta ahora se dispone del Antiguo Oriente[2]ha propuesto que el fenómeno ‘profecía-profeta’ es algo remoto y que tenía presencia y relevancia no solo dentro de los límites de Israel, de modo que no constituye un fenómeno exclusivo del Antiguo Testamento[3]. La presencia y actuación de profetas fuera de las fronteras de Israel puede encontrarse en el mismo texto bíblico a partir de Jeremías 27:5-10. Y de modo incuestionable en el embate entre Elías y Acab en el Monte Carmelo, contexto en el que se mencionan cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, dios cananeo (1 Reyes 18:19; 2 Reyes 10:19). Según esta perspectiva, Lindblom[4]es un tanto audaz al afirmar que las declaraciones proféticas en diversos grados pueden ser evidentes donde quiera que se confirme la presencia humana.

En relación con el sentido esencial del término ‘profecía-profeta’, sus registros en las literaturas antiguas sugieren dos ideas elementales[5]: la primera es la de ‘hablar al frente’, ‘hablar delante’, esto es, para algunas personas, para un público; y la segunda, hablar por anticipado, o sea, hablar del futuro[6]. De este modo, el material existente parece señalar al fenómeno profético como a alguien en estado de éxtasis sobre quien se derrama la revelación directa de divinidades y, en otras ocasiones, el categorizar a aquel que transmite los contenidos anteriormente revelado por ellas.

El sentido común evidentemente no corrobora la hipótesis de establecer cuál sería el concepto correcto de manera de tratarlo como del todo excluyente. En verdad, ambas ideas reflejan funciones que pueden ser aceptadas teniendo en cuenta el significado del término. Así, el fenómeno de hablar hacia adelante refleja la característica del eventual éxtasis profético acerca de ver lo que hay en el futuro. Y, también, la consecuente transmisión que este profeta debe hacer frente a un público, evidentemente una transmisión, del contenido a él revelado anteriormente por una divinidad.

La relación entre el profeta y la respectiva divinidad por él representada es especialmente significativa en lo que las Sagradas Escrituras dicen al respecto. Siendo que la profecía bíblica está vinculada por su origen a Dios, por eso comparte la naturaleza de Dios. De este modo, tal profecía comparte el ser y los atributos divinos, y su contenido es amor y justicia, lo que constituye un desbordamiento de esperanzas y aliento. La profecía bíblica se halla cargada del inherente llamado transformacional de Dios, así como también de una expectante advertencia a la humanidad. En su esencia redentora, la profecía bíblica es la anunciación de lo que Dios hará en el futuro con la pretensión de influenciar positivamente la conducta actual de los hombres a quien, a su vez, esta es dirigida.

Entre otros aspectos, es importante resaltar que, al señalar a alguien para el ejercicio profético, Dios comparte con esa persona, selectivamente, algunos destellos de su omnisciencia en cuanto a los días venideros. En razón de esto es que al profeta le es permitido mirar a acontecimientos y naciones futuras, así como a los juicios sobre ellas emitidos.

El profeta es alguien que, en este segmento, es invitado a reflejar los pensamientos de Dios, a sentir en proporciones relativas los sentimientos de Dios en cuanto al futuro galardón experimentado por algunos e innecesariamente rechazado por otros. Dicho de otra manera, el profeta es alguien que en innumerables ocasiones está condicionado a ver como Dios. No es de sorprender, por lo tanto, que en ocasiones más remotas en el texto bíblico algunos personajes identificados con este ejercicio eran categorizados por el término “vidente” (1 Samuel 9:9). Esta característica, por si sola, o sea, el origen y relación inherente con la naturaleza de Dios, vuelve a este tipo de literatura de importancia innegociable para todo aquel que desee compartir el ambiente de Dios, el privilegio de ser sus hijos e hijas.

Es apropiado afirmar, sin dudas, que mucho más que una visión de las cosas con perspectivas humanas la profecía bíblica nos ofrece una visión profética, nos invita a ver lo que viene con la mirada de Dios. Por lo tanto, tener la literatura profética de la Biblia es fijar los ojos en la revelación de un Ser que ve simultáneamente el futuro de toda la creación, animada e inanimada, infinitamente mejor de lo que toda la creación inteligente junta lograría ver e interpretar el presente de uno solo de sus individuos.


[1]Dederen, Raoul, George W. Reid, and Nancy J. Vyhmeister. Tratado de teologia Adventista do Sétimo Dia. Tatuí, São Paulo: Casa Publicadora Brasileira, 2009, 130.

[2]H. H. ROWLEY, “The Nature of Prophecy in the Light of Recent Study”, HThR 38 (1945), 1-38 (The Servant of the Lord, 1952,89-128). – ld., Prophecy and Religion in Ancient China and Israel, 1956. – Id., “Ritual and the Hebrew Prophets”, JSS 1 (1956), 338-360. J. PEDERSEN, “The Role played by Inspired Persons among the Israelites and the Arabs”, em: Th. Robinson-Festschrijt, 1950, 127-142.

[3]A. MALAMAT, “History and Prophetic Vision in a Mari Letter”, Ereiz-Israel 5 (1958), 67-73

[4]J. LINOBLOM, Profetismen i Israel, 1934. In., “Gibt es eine Eschatologie bei den alttestamentlichen Propheten?”, StTh 6 (1953), 79-114.

[5]  Kittel, Gerhard, Geoffrey William, ed. and tr Bromiley, and Gerhard Friedrich. Theological Dictionary of the New Testament. Grand Rapids, Mich: Eerdmans, 2006, 736.

[6]Macedo, Luís Aron de, W. E. Vine, Merrill F. Unger, and William White. Dicionário Vine: o significado exegético e expositivo das palavras do antigo e do novo testamento. Rio de Janeiro: Casa Publicadora das Assembleias de Deus, 2003, 902.

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