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Rodrigo Silva

Rodrigo Silva

Evidencia de Dios

Una búsqueda de la verdad en las páginas de la historia

María Magdalena: Cuando el poder se perfecciona en la debilidad

Aunque se cuentan muchas versiones en torno del personaje María Magdalena, el estudio profundo de las Escrituras nos lleva a una verdad que solo confirma la perfección del carácter de Cristo y su misión como Salvador de la humanidad. (Foto: Shutterstock)

María Magdalena es, sin dudas, uno de los personajes más conocidos del Nuevo Testamento. Se la cita cerca de doce veces en los evangelios canónicos y se la destaca más que cualquier otro discípulo. Pero lo que la hizo realmente famosa, fue la creencia difundida de que fue la prostituta que posteriormente tuvo alguna relación afectiva con Jesús. ¿Será verdad? ¿Se puede deducir que Cristo era casado? ¿La versión popular sobre María corresponde a la realidad? Y la famosa expresión “María Magdalena arrepentida”, ¿puede ser un ejemplo legítimo de arrepentimiento y transformación? Veamos, a continuación, un análisis.

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¿Esposa de Cristo?

No es de hoy que películas, libros y documentales insinúen un supuesto casamiento entre Jesús y María Magdalena. Sin embargo, ni los teólogos ni los historiadores más liberales apuestan sus fichas a la teoría de una posible relación entre ellos. No hay nada concreto que sostenga esto. Ni los aficionados por teorías conspirativas pueden afirmar que esa es una verdad que la iglesia ocultó de los fieles.

Claro que si se probara que Cristo estuvo casado con María decepcionaría a muchos cristianos alrededor del mundo, que siempre lo vieron como un modelo de celibato. Sin embargo, más allá del hecho de que constituir una familia no parezca ser parte de la misión del Hijo de Dios en este mundo, es importante decir que ser casado denotaría un defecto de su carácter, pues en el caso de que él hubiera tenido una esposa, no habría razón teológica alguna para que eligiera eso del mundo. Como la Escritura declara la perfección del carácter del Salvador (Isaías 53:9; 2 Corintios 5:22; 1 Pedro 2:22), en ese caso, el silencio bíblico es un indicativo claro de que él y María nunca tuvieron ningún afecto más que la relación entre un discípulo y su Maestro.

Aún así, fuera de la Biblia, unos pocos evangelios apócrifos (sin autoridad canónica) hablan o insinúan que María pudo haber estado casada con Jesús. Y son fuentes muy tardías y un tanto ambiguas.

La primera de ellas es el Evangelio de Felipe, fechado en el siglo III d.C. y cuyo manuscrito original fue encontrado mutilado:

“Y la compañera de […] María Magdalena […] ella más que a los discípulos, besarla en su  […]”. Note que no se puede afirmar, por los fragmentos del texto de Felipe, que Jesús realmente la besaba en la boca. El lugar del beso (que podría ser la mano, la frente o el rostro) queda a cuenta de la imaginación del lector, ya que el contexto no nos ofrece ninguna pista conclusiva. Sea como fuera, la cultura de la época no permite clasificar ese gesto como “erótico”, ya que el beso santo, entre hermanos espirituales, era bien aceptado en la iglesia cristiana primitiva (Romanos 16:16; 1 Tesalonicenses 5:26).

En el Evangelio de María Magdalena, se la menciona como la “que el Salvador amaba más que a todas las mujeres”, pero no hay ningún elemento que la identifique como compañera (koinosos), por lo menos en los fragmentos restantes de este texto, que también está muy mutilado.

¿Prostituta?

La cita más antigua de María Magdalena como prostituta viene de un sermón del papa Gregorio el Grande, predicado en el 591 d.C. Él hizo una relación entre Lucas 7 y 8, suponiendo que María Magdalena (Lucas 8:2) era la mujer que ungió los pies de Jesús (Lucas 7:36-50). Pero, en bien de la verdad, los comentaristas bíblicos cuestionan si esta unción de Jesús sería la misma registrada en Juan 12:1-8; esta sí, fue explícitamente realizada por María Magdalena. Pero, por más que se trate de la misma mujer, no se puede saber con seguridad cuál era ese “pecado” que se menciona en el texto de Lucas. Nada registrado allí afirma que ella era prostituta. La expresión “mujer pecadora”, aunque pudiera referirse a pecados sexuales, no se limitaba a eso; una mujer sin hijos, enferma o abandonada era considerada pecadora o impura delante de las leyes de purificación del judaísmo antiguo.

Considerando que Lucas 8:2 trate de María Magdalena, la aclaración de que Jesús expulsó de ella “siete demonios” puede ser una pista de que su condición de “pecadora” estaba más asociada a una cuestión espiritual que a cualquier otra cosa. Pero el modo como se menciona el drama en Lucas 7:40-43 nos lleva a pensar que el propio Simón la indujo a algún tipo de pecado, probablemente de naturaleza sexual. Pero en este caso, una simple relación íntima con él (consensual o por violación) ya haría de ella una pecadora a los ojos del conservadorismo de la época, aunque no hubiera llegado a ser una prostituta.

¿Magdala o Betania?

Una antigua tradición cristiana identifica a María Magdalena como la hermana de Lázaro, llamada María de Betania, lo que es bastante posible. La aparente contradicción de los apellidos se puede explicar si se entiende que uno se refiere a su ciudad natal y el otro a la ciudad donde ella vivió parte de su vida. Eso es perfectamente posible. A Jesús mismo se lo llama Jesús de Nazaret, aunque su lugar de nacimiento era Belén de Judea. Sin embargo, falta saber exactamente cuándo y por qué, ella dejó un lugar para vivir en el otro.

De cualquier modo, lo que se puede decir sobre esa fantástica mujer fue que ella amó a Cristo como su único y verdadero Maestro. Un ejemplo de vida que ofrece esperanza a todos nosotros que luchamos con nuestros pecados, nuestros demonios, nuestros acusadores.

María tuvo el privilegio de ser la primera persona en ver a Jesús resucitado. Si somos fieles al Señor como ella, también tendremos el privilegio de estar entre las primicias que lo contemplarán en el día de su venida. Al final, los habitantes de la Nueva Jerusalén no serán santos que nunca pecaron, sino pecadores que se arrepintieron sinceramente y lavaron sus vestidos en la sangre del Cordero, como lo hizo María Magdalena.

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