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Rafael Rossi

Rafael Rossi

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Hechos diarios desde un punto vista teológico

¿El evangelio supera la necesidad de la iglesia?

¿Puede el evangelio superar de alguna manera la existencia y la importancia de la iglesia? (Foto: Shutterstock)

El término “los sin iglesia” se refiere a un neologismo basado en la decepción que algunas personas tuvieron con alguna institución religiosa. Lo que notamos hoy es que por causa de este fenómeno, hay una búsqueda por tener un respaldo en argumentos teológicos e históricos para justificar que no hay necesidad de una iglesia para el ejercicio de la fe. En la historia reciente, se hizo más común la clase de religiosos evangélicos sin vínculo institucional. Cristianos nominales, algo no común hasta entonces en la tradición protestante, presentan sus justificaciones para tal decisión. Estas personas no se consideran desviadas de la fe. Declaran que están en realidad, decepcionadas con la institución, pero no con Cristo. Quieren solo a Jesús y alegan que no necesitan de la iglesia para mantener su vida cristiana.

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Dentro de la Biblia, queda claro que el papel de la iglesia es de manera marcada, importante y fundamental. No quiere decir que es la iglesia la que salva, porque en términos teológicos la salvación se obtiene por medio de la muerte expiatoria de Cristo “para todo aquel que en él cree” (Juan 3:16). El Espíritu Santo es quien actúa en los seres humanos para convencer de justicia, de pecado y de juicio. La aceptación del sacrificio sustitutivo que nos fue dado como fruto de la gracia de Dios resume todo el plan de la salvación (Romanos 5:5).

¿Por qué iglesias?

Excluir la iglesia de ese proceso es arriesgado e insustentable, porque ella tiene un papel insustituible dentro de la vida cristiana rumbo a la salvación. La iglesia fue fundada y establecida por Jesús, y esa es la base para todos los argumentos que justifican su necesidad. En el centro del reino de Dios, está la iglesia. Ella es una señal y una herramienta para la práctica de la espiritualidad. Representa el reino de Dios insertado en la vida del mundo. La iglesia ofrece una oportunidad para vivir en comunidad, que además de la predicación, intenta vivir en santidad y reconciliación, aunque formada por seres pecadores. Existe por Jesús y vive para él. Es su cuerpo, su familia y su identidad.

La iglesia también es un pacto de fe, un solo cuerpo con muchos miembros que son identificados como discípulos de Jesús. El discipulado significa andar juntos, en el mismo camino, y eso se consolida de manera específica por medio de la iglesia. Esta, es un grupo único porque es una comunidad del Espíritu Santo. Una reunión en la que Dios obra (Filipenses 1:1-11). El centro de la iglesia es Cristo, y por eso sus miembros se reúnen con un mismo sentimiento para aprender a adorar a Dios.

La práctica del amor hace que sus miembros se comprometan unos con otros. La iglesia me recuerda que existen otras personas en la caminata de fe y la ayuda mutua se hace necesaria. En la iglesia, los miembros aprenden a vivir juntos y en armonía, dedicándose al bienestar mutuo (Hechos 2:42), como hijos de la misma familia (Hechos 11:29), partes del mismo cuerpo (Romanos 12:4, 5) y ciudadanos de la misma patria (Filipenses 3:20). En la iglesia, los miembros ministran unos a otros con el ejercicio de sus dones y, por otro lado, reciben beneficios de acuerdo con sus necesidades. La iglesia enfrenta el egoísmo cuando desafía a sacrificar los intereses personales en favor de alguien.

Iglesia y misión

Otro aspecto es la singularidad de la misión. La iglesia es una comunidad llamada por Dios para invitar a otras personas a conocer más a Dios, su amor y sus enseñanzas. La misión de la iglesia es anunciar la venida del reino a todos los pueblos de la Tierra. Sin una estructura organizada con objetivos comunes, sin la capacitación para el desarrollo de los dones y la creación estratégica de las oportunidades para ejercerlos, las posibilidades de cumplir ese ideal de la predicación a todo el mundo, se debilita más

El evangelismo es un asunto central en la vida de la iglesia, no solo por la salvación que alcanza a las personas por su intermedio. Es el mejor método para mantener la vitalidad de la iglesia; en ese sentido, no podemos crear una distinción entre iglesia y misión. Esa división quita la misión del centro de la iglesia y conduce a una visión institucionalizada y separada. Misión no implica solamente el rescate de individuos, sino que también el discipular dirigiendo a la madurez cristiana y al plantío de iglesias nuevas como cumplimiento de la responsabilidad de alcanzar a todo el mundo.

La iglesia no es un instrumento operativo del gobierno de Dios en el mundo, sino que representa el testimonio práctico de su dominio. Dios dejó a la iglesia en la Tierra para ser su testigo y su representante. Iglesia debe estar presente como un testimonio del amor y de la redención en medio de las catástrofes y tragedias, que son consecuencia de un mundo dominado por el pecado. La movilización y la fuerza conquistada por la unidad es lo que da condiciones para actuar de manera más intensa y relevante.

Vivir en el mundo, pero no pertenecer a él es la tarea permanente de la iglesia en la vida de sus miembros. No podemos ser cristianos sin ser misioneros. Cuando nos encontramos con Dios, conocemos a un Dios evangelista en su esencia. No podemos ignorar el sufrimiento ajeno ni contentarnos solo en nutrir el sentimiento de solidaridad. Necesitamos ir más allá, compartir las buenas nuevas que pueden ser la única oportunidad que las personas tengan de una vida mejor aquí en la Tierra con una perspectiva de la eternidad. Dentro de la iglesia nos organizamos para recibir la capacitación y la motivación para la misión.

También hay que considerar que la iglesia es un lugar de personas imperfectas. Esperar la perfección y un lugar libre de cualquier frustración es negar la naturaleza humana que acompaña a cada individuo. Existen problemas consecuentes del egoísmo, de los distintos puntos de vista, y de cómo se reacciona ante las más diversas situaciones. Hay mucha gente que fue herida, y por eso no cree en la institución de la iglesia. Una cosa son las personas y otra son los objetivos de Dios en fundar la iglesia. El ejercicio del perdón, la valentía de la reconciliación y la necesidad constante de restauración fortalecen el fruto del Espíritu.

Elena de White, en el libro Mensajes selectos, t. 2, p. 182 advierte: “La unidad constituye la fortaleza de la iglesia. Satanás lo sabe y emplea toda su fuerza para introducir disensiones. Desea ver una falta de armonía entre los miembros de la iglesia de Dios. Debería prestarse una mayor atención al tema de la unidad”.

Otro aspecto importante de la iglesia es el ejercicio de la mayordomía cristiana porque construye la fidelidad de las personas. El diezmo es fundamental para el cumplimiento de la misión en el mundo. La forma de predicación del evangelio y el sustento de los que viven para predicar el evangelio son los propósitos establecidos por Dios. Quedarse fuera de la iglesia es perder parte de una bendición especial que Dios tiene para su vida. Estar fuera de la iglesia es sustituir el pastoreo por el autocuidado. Estar fuera de la iglesia es aislarse de otros cristianos que están en la misma trayectoria. Estar fuera de la iglesia es no aprovechar las oportunidades de vivir el cristianismo práctico. Estar fuera de la iglesia es estar fuera del plan de Dios para mantener la fe. La iglesia y el evangelio son totalmente compatibles y complementarios; es necesario tener tanto uno como el otro.

 

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