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Rafael Rossi

Rafael Rossi

Al día, de acuerdo a nuestro tiempo

Hechos diarios desde un punto vista teológico

La revolución digital y la observancia del sábado

El sábado no es sobre nosotros, sino acerca de Dios. (Foto: shutterstock)

El descanso era parte de la agenda de Jesús. En Marcos 6:31, él hizo una invitación a sus discípulos cuando la intensidad de actividades requería mucho de ellos: “Él les dijo: ‘Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco’. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer”.

La pregunta reflexiva que el texto sugiere es: ¿Cómo actúa usted con su agenda? En los tiempos en los que vivimos, lo aceptable es estar siempre ocupado. Hacemos listas de tareas y usamos aplicaciones para organizar las actividades. Tratamos maneras de mejorar la productividad y formas de hacer más con menos tiempo. Como resultado, tenemos poco tiempo para pensar y dedicar a lo que en la vida no puede ser pesificado.

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El cansancio: una marca de nuestros días

 ¿Tuvo alguna vez la sensación de haber hecho una cantidad de cosas y que no salió del mismo lugar? El cansancio es una marca de nuestros tiempos. Tengo la seguridad de que, en ningún otro tiempo de la historia, el sábado fue tan imprescindible como lo es hoy. Con la avalancha de informaciones que recibimos, necesitamos de un tiempo para relajar la mente, dedicarnos a la familia y al descanso físico.

Dios es el creador y sabe nuestras más profundas y genuinas necesidades. ¿Por qué un día para descansar? Además de la teología bíblica, que mantiene el día sagrado desde la creación, hay razones sociales y personales para hacer del sábado un día especial. Intrínsecamente, la forma como nos relacionamos y administramos el sábado afectará la calidad de vida, la familia, el descanso, las actividades de la iglesia y la misión.

Razones para el sábado

Tenemos una necesidad constante de reevaluar nuestra prioridad.  En una conferencia que escuché recientemente, aprendí que no existen “prioridades”, porque la prioridad es una sola. Quien tiene prioridades no tiene prioridad.  Aquí aparece la importancia del sábado, porque pone orden a la lista: Dios y su reino en primer lugar. Cuando lo principal está en el lugar principal, todo lo demás va a su lugar.

Solo esperando en Dios podemos ser revigorizados. La confianza en él es el requisito básico para pasar por esta vida teniendo paz delante de las tempestades. Dios es el proveedor y quien abre las puertas para la fidelidad de quien desea vivir de acuerdo con los caminos del evangelio.

Para mí, detener mis actividades temporariamente aumenta mi capacidad de agradecer. Un corazón agradecido enumera las bendiciones. La meditación y la reflexión profunda es lo que genera la alabanza.

Un día de descanso es tiempo suficiente para que la situación a su alrededor cambie. Hay muchos problemas que se resuelven solos. Por eso, pare, descanse y confíe. El sábado no es sobre nosotros, sino acerca de Dios. El mundo cambia de forma cuando usted cambia la forma que ve al mundo. Y es en el sábado que todo adquiere significado.

Permanecer en quietud es una gran herramienta para preparar al individuo para las presiones y batallas de la vida. El tiempo especial que Dios nos exhorta a recordar es un tiempo también para profundizar las relaciones con la familia. Es con ese núcleo sólido y saludable que se pueden alcanzar las mayores victorias.

El descanso también es necesario para sentir, pensar y actuar de manera correcta. El estado físico, mental y espiritual es un factor determinante de cómo reaccionamos a las situaciones a las que estamos expuestos con frecuencia. Las decisiones importantes necesitan una mente clara y refrigerada, cualidades proporcionadas por el sábado.

El sábado es un privilegio

Disfrutar el sábado es un privilegio, pero están surgiendo interrupciones en la manera como estamos encarando ese tiempo sagrado. Tengo algunas preocupaciones e impresiones como líder del departamento de comunicación de la Iglesia Adventista al interactuar cada día con la revolución tecnológica y sus impactos. Siempre trato de anticiparme para entender los cambios que vemos en la sociedad y especialmente los resultados de ella en la iglesia. En cada encuentro que he estado con líderes y pastores, presento algo que he constatado y una evaluación que entiendo es de importancia al profundizar la reflexión y el análisis.

Cambios conceptuales

La mayor revolución social de nuestros días es la revolución comunicacional. No es el uso de equipos, sino un cambio de comportamientos. Ya no somos más quién fuimos por la adopción de nuevos hábitos. La tecnología accesible hizo que la Iglesia pasara a tener una serie de competencias y su presencia en la vida de las personas sufre de debilitamiento. La iglesia como centro queda restringida a pocas horas el sábado por la mañana. Esto confronta directamente la observancia del sábado.

Vea solo esta frase: “Un adventista no enciende la TV en sábado”. Era una afirmación de hace 20 años atrás, hoy ya no lo es. Con la expansión de la Nuevo Tiempo, incorporamos un hábito que, como adventistas, no teníamos: encender la televisión el sábado. Los miembros de iglesia aprendieron y pasaron a sentarse para ver TV como parte de la actividad en las horas sagradas. No estoy entrando en el mérito de si la programación de la Nuevo Tiempo es compatible con el sábado, porque sabemos que sí. Pero estoy entrando en una cuestión de comportamiento.

Poco a poco, incorporamos y adoptamos automáticamente otros comportamientos con la expansión de la tecnología. Cuando tuve mi primera computadora, en la adolescencia, mi padre me decía que no debería conectarla el sábado porque era incompatible. Hoy, ese pensamiento ya fue superado. El problema es que, con el uso de la computadora, vino el acceso a Internet y, como consecuencia, las redes sociales. Las personas están entrando en sus perfiles en las redes sociales el sábado de la misma manera que entran todos los días de la semana.

Cambió la forma de adorar porque las informaciones a las que estamos expuestos son prácticamente las mismas de todos los días. O sea, la observancia del sábado ha sufrido una gran pérdida en su esencia cuando no diferenciamos los días de la semana. Tal brecha se reflejará en la manera en la que vemos la iglesia y en el tiempo que se dedica a ella para su actividad final, la misión.

Con el hábito de mirar TV, surge también la idea de ver películas en sábado. No son solo las películas de naturaleza cristiana y con propósitos misioneros. Las personas por sí solas pasan a hacer clasificaciones de películas seculares con temáticas “cristianas” para entretenerse el séptimo día.

El paso siguiente son las series entendidas como cristianas que entran en maratones después del almuerzo del sábado. Conversé con algunos que me relataron que encontraron esas series “cristianas” durante la semana, pero las guardan para ver exclusivamente el sábado. La velocidad de la vida, la exposición mediática y el bombardeo tecnológico entraron dentro de la santidad del sábado. Es preciso emitir una señal de alerta.

El sábado es un marco de identidad

Es sabido que la tecnología tiende a dejarnos más perezosos y alertar a la iglesia de los peligros aliados a la educación digital es fundamental. El adventista tiene en el sábado un marco de identidad y fundamento teológico para la existencia de la iglesia. El agregar actividades “contemporáneas” es un acto continuo y por eso es necesario alertar de los peligros inherentes.

Quién selecciona en primer lugar el contenido corre el riesgo de, con el tiempo, dejar de seleccionar y a sus criterios baja para ver cualquier cosa. Desvirtuar el sábado corrompe su objetivo cuando el día se orienta para el ser humano en sí y sus intereses, apartándose del plan original al establecerse el día en la creación.

Por lo tanto, no estoy afirmando que está mal el uso de tecnología el sábado, pero que ese uso debe estar pautado por los principios que Dios estableció en la Biblia. Estamos luchando con fuerzas con las que no luchábamos antes y por eso muchos sienten que es más difícil movilizar la iglesia. Hay una competencia mucho mayor por el tiempo y la atención de las personas de lo que teníamos en el pasado.

La santidad del sábado, la flexibilización de principios y la sobrecarga de informaciones crean un mundo nuevo y lleno de desafíos. El rescate de los principios y la razón del sábado no pueden dejarse de lado y mucho menos debilitados. Solo con ese ideal de mantener los marcos de nuestra identidad estaremos alineados a nuestro ADN de restauración de la verdad.

Descanso digital

Mi papel como líder en esa área ha sido el de orientar, educar digitalmente y ofrecer herramientas para que las personas manejen la tecnología con sabiduría y sea aplicada a la misión. Es lo que hicimos con la creación de la Escuela Bíblica Digital y con los materiales de Feliz 7 Play. Tenemos muchas oportunidades para encontrar a las personas donde están. Pero eso requiere moderación, sabiduría y la necesidad de descanso digital el sábado. Necesitamos desconectarnos para conectarnos con la fuente de la vida. Pasar todo el sábado conectado a lo digital y desconectado de Cristo y de las personas no es y nunca será el objetivo.

Hay límites que no deben pasarse y el sábado debe mantenerse como un día diferente de todos los demás. Tenemos una agenda de cuidado e interés en salvar a personas y llevarlas a un encuentro con Jesús. Eso no se va a cumplir si estamos desocupados y satisfaciendo solo nuestros propios intereses. Dosificar y tener equilibrio nunca fue tan necesario.

Usar el sábado para sí mismo es estar en contra del plan original de Dios, y las consecuencias se pueden ver con facilidad en la sociedad, por la manera en la que los seres humanos están administrando la vida y sus relaciones. El sábado le da el significado, la razón y el motivo a la vida de quien cree en Dios como Creador. Hacer de ese día lo que Dios planificó será una fuente inagotable de vida y una prueba anticipada de lo que será la vida en el cielo.

 

 

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