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Pedro Torres

Pedro Torres

Comunicando Esperanza

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Los micro-entornos y la libertad de bloquear

Hoy hay la facilidad de bloquear con un solo clic a aquellos que opinan diferente (Foto: Shutterstock)

Hoy hay la facilidad de bloquear con un solo clic a aquellos que opinan diferente (Foto: Shutterstock)

En los últimos meses, he visto verdaderas mareas de personas bloqueando otras en Twitter. Incluso he visto peticiones masivas de bloqueo ante abusadores, convirtiendo esa petición en una causa sociales para que la cuenta llegue a ser cancelada.

Otra estrategia seguida por algunos partidos políticos en España ha sido crear ejércitos de Bots que empezaron a seguir influencers afines al partido contrario, para luego hacer un unfollow y block masivo, logrando desacreditar y finalmente provocar el cierre de sus cuentas. Son verdaderas guerras digitales de las corrientes políticas y filosóficas en la arena de las redes sociales.

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Esa estrategia de agresión fácil se ha extendido al resto de usuarios. Si antes veíamos algo que no nos gustaba, lo ignorábamos o, como mucho, silenciábamos la cuenta o dejábamos de seguirla. Bloquear a alguien era muy serio. Muchos se han dado cuenta que las plataformas sociales tienen en cuenta los bloqueos.

Eso afecta hasta qué punto se seguirá sugiriendo el contenido de esa cuenta bloqueada a nuevos usuarios, afectando su ámbito de influencia. Los algoritmos llegaron para quedarse dejando en la sombra a los “pocos-followers” o a los que ya tenían una gran audiencia, pero se niegan a empezar a pagar anuncios o promocionar contenido de pago.

Podemos constatar que cuando alguien tiene un discurso desagradable o agresivo (tenga o no razón), incluso los simpatizantes y afines a la causa defendida en esos posts, amigos o hasta familia, acabarán silenciando, dejando de seguir e incluso bloqueando dicha cuenta. Esto debe hacernos reflexionar en nuestra forma de usar las redes sociales.

Este patrón de comportamiento relacional muestra que los usuarios buscan su propio entorno digital en el que se sienten reflejados y cómodos. Retroalimentación de las propias ideas y creando un círculo cada vez más cerrado a la llegada de nuevos contenidos e ideas. Son los micro-entornos digitales personalizados. Los algoritmos están ayudando mucho a estas nuevas realidades customizadas y cada vez menos dinámicas, salvo si se gasta dinero en publicidad.

Hagamos un pequeño experimento. Imaginemos varias personas en la misma habitación. Pidamos que hagan la misma búsqueda en Google, con los mismos términos. No obtendrán los mismos resultados exactos ni en el mismo orden. El motivo es porque la red ha aprendido qué les gusta o cuáles son las preferencias afines a los hábitos de consumo de información de cada uno.

Este nuevo paradigma de micro-entornos digitales hace que una producción masiva de contenidos para redes sociales desde la Iglesia sea menos eficaz para alcanzar grandes audiencias en medios sociales. ¿Cómo adaptarnos ante esta realidad y lograr penetrar en el máximo de micro-entornos?

Estrategia

Sólo publicando contenido con ideas afines a cierto público en diversos medios lograremos expandir nuestro círculo de influencia. Para obtener un mayor éxito y ratio de difusión, necesitamos una multitud variada de contenidos, lo que implica una mayor variedad de autores individuales (embajadores de marca o influencers).

Si desde las instituciones intentamos esa diversificación, lo único que lograremos es dificultar la fidelización del público en las redes. No obstante, esa creatividad, que puede ser delegada (influencers o community managers institucionales), lograría hacerse un mayor eco en los seguidores fidelizados (miembros de Iglesia o simpatizantes) que tengan sus propias preferencias o prioridades (micro-entornos) y que compartirán con su entorno digital los contenidos más afines a sus propios círculos más sensibles o receptivos a un contenido filtrado por este catalizador entre la institución y público final.

Ya hemos explicado en otras ocasiones la necesidad de la implicación del máximo de personas para alcanzar con una multitud de filtros diferentes a una variedad más amplia de audiencias y nichos no directamente relacionados con el mensaje del Evangelio, un mensaje ajeno a sus realidades, lo que podríamos llamar Implicación Total de Miembros aplicada al mundo digital y redes sociales.

Hoy me centro en la facilidad de bloquear con UN solo clic a aquellos que opinan diferente, o que me desagradan o son descorteses y maleducados, y las implicaciones negativas para las cuentas oficiales de la Iglesia. No olvidemos que se puede enseñar una misma verdad bíblica con amor y paciencia en vez de con un dedo acusador y crítico. Los resultados serán muy diferentes.

Las empresas saben que la experiencia de los internautas es una prioridad. Se han dedicado a buscar contenido que el consumidor encuentre agradable y/o instructivo, así como el catalizador correspondiente (embajadores e influencers).

Sobre el contenido “agradable”, el trabajo a hacer está claro. Hay que dejar de acusar, atacar y criticar gratuitamente con contenido agresivo hacia otras entidades en las redes sociales. En la Biblia encontramos precisamente ese ejemplo. Algunos dirán que Jesús apuntaba bien con el dedo incluso cuando reprochaba a los “fariseos hipócritas”. Eso eran denuncias en un marco muy puntual, concreto y no sistemático. El contexto era pedagógico y en ese caso se defendía de un ataque personal en particular. Ese episodio merita ser tratado en un caso de comunicación de gestión de crisis en otra ocasión. Aun así, Jesús le dio un giro y lo convirtió en una oportunidad de comunicación pedagógica.

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