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Leonardo Godinho Nunes

Leonardo Godinho Nunes

Conexión Profética II

Profecías, en su contexto, explicadas para quien quiere entender el tiempo en que vive.

La identidad de los 144 mil y el fenómeno de “ver y oír”

El estudio profundo de los libros proféticos amplía la manera de comprender los acontecimientos actuales y trae esperanza al lector (Foto: Shutterstock).

 

En el libro de Apocalipsis hay algunos fenómenos sensoriales importantes que necesitan de investigación para que se pueda comprender mejor el contenido teológico del libro. Uno de ellos es el llamado fenómeno de “ver y oír”. Este está presente en por lo menos cuatro situaciones que serán brevemente analizadas a continuación.

En Apocalipsis 5:5, Juan fue arrebatado al cielo (4:1) hasta el trono de Dios, en el santuario celestial, el cual está rodeado por 24 ancianos y cuatro seres vivientes (4:2-7), que lo alaban continuamente. Juan ve un libro sellado y “lloraba mucho”, porque pensaba que no había nadie digno de romper los sellos, abrir el libro, “ni aun mirarlo” (5:1-4).

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En ese momento, “uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (5:5). Juan oye de uno de los ancianos que el León de la tribu de Judá es digno de abrir el libro. La imagen que el lector se hace en ese momento es de un ser fuerte e imponente como un león. En el versículo siguiente, sin embargo, Juan se da vuelta y ve en medio del trono, “en pie un Cordero como inmolado” (5:6), humilde y sencillo. Ese Cordero viene y toma el libro (5:7), haciendo lo que había sido dicho por el anciano en el versículo 5. O sea, el León y el Cordero no son dos entidades distintas, sino que se refieren a la misma persona.

Juan oye una descripción y ve algo distinto, pero teniendo el mismo referente. En lugar de ser figuras opuestas (León vs. Cordero), son descripciones que se complementan a fin de que el lector tenga una visión más amplia del mismo referente. O sea, el Ser que es digno de abrir el libro tiene la realeza del León y la mansedumbre de un Cordero. Fuerte e imponente, humilde y sencillo. León victorioso que venció por su muerte, como Cordero. Ese Ser es tan tremendo que solo las palabras que Juan oye no son capaces de representarlo. Esa descripción, para ser mejor comprendida, debe ser complementada con la escena que Juan ve. De esa forma, el fenómeno de “ver y oír” hace que ese Ser sea mejor representado e identificado.

Una misma realidad

Este fenómeno también ocurre en Apocalipsis 21:2-3. En el texto, Juan primero ve y después oye. Pero nuevamente, ver y oír son complementarios y se refieren a la misma entidad. En el versículo 2, Juan ve la “santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido”. El versículo 3 complementa la visión: “Y una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. Juan ve la ciudad santa, la nueva Jerusalén, y después oye la explicación que viene directamente del trono diciendo que la ciudad es “el tabernáculo de Dios”. Dos ideas distintas que tienen el mismo referente. La nueva Jerusalén, por lo tanto, es el santuario de Dios que desciende del cielo y viene a la Tierra.

Apocalipsis junta en dos versículos (21:2-3) dos imágenes distintas que corren en paralelo como un hilo de oro tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. En el libro de Hebreos, en especial, podemos ver estas dos ideas juntas. En Hebreos 10:19-22, el creyente es invitado a entrar en el santuario celestial. Y en 12:22 se dice que el creyente se ha “acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial”. Pero el fenómeno de “ver y oír” en Apocalipsis se relaciona de manera más fuerte en estas dos descripciones cuando las usa señalando solo hacia una referencia en versículos inmediatos (una explicación más detallada sobre la ciudad tabernáculo en Apocalipsis 21-22 será dada en otro artículo).

Un tercer lugar donde ocurre el fenómeno de “ver y oír” es en Apocalipsis 17:1-3. El texto dice que “Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas” (versículo 1). Juan oye al ángel hablar sobre el juicio de la ramera sentada sobre muchas aguas. Pero cuando el ángel lo lleva para ver lo que acababa de describir, Juan registra: “y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos” (versículo 3). Juan oye y ve a una mujer ramera. Pero el ángel dice que ella está sentada sobre muchas aguas, y Juan la ve sentada sobre una bestia escarlata.

Nuevamente, el mismo fenómeno parece estar en acción. Aunque la descripción y la visión parecen opuestas (agua vs. animal), estas son adyacentes en la misma narrativa y tienen el mismo referente. Son solo maneras distintas de hablar de la misma realidad. Debido a la complejidad de la entidad referida y para que pueda haber una descripción más amplia, se hace necesario que el fenómeno de “ver y oír” entre en acción.

Salvos por el Cordero

Usualmente, en Apocalipsis la figura de las “muchas aguas” (17:1) representa muchos pueblos (17:15), mientras que la bestia escarlata (17:3) se remonta a la bestia de Apocalipsis 13:1-3, que a su vez es una amalgama de las bestias de Daniel 7 y de los pueblos allí representados. Es interesante notar como en Apocalipsis 17 también hay una unión de Jerusalén, Babilonia y Roma en una única imagen (versículos 4-13). Por eso la dificultad de interpretar este capítulo. La comprensión del fenómeno “ver y oír”, sin embargo, tal vez pueda ayudar en la comprensión de todo el pasaje.

Teniendo eso en cuenta, parece que, en general, el capítulo quiere, en primer lugar, hacer evidente la coalición de todos los pueblos y reinos de la Tierra apoyando a la mujer ramera (17:1-15; ella se sienta sobre ellos, aguas y bestia), pero que ellos finalmente la destruyen (versículos 16, 17). “El mal por sí solo se destruye”, decía el viejo refrán. Pero el Cordero y sus elegidos vencerán, “pues [el Cordero] es Rey de reyes y Señor de señores”.

Apocalipsis 7:3-9 es el último pasaje en ser brevemente analizado aquí, donde también es posible encontrar el fenómeno de “ver y oír”. Este pasaje es parte del interludio entre el sexto y el séptimo sello en respuesta a la pregunta final del sexto sello: “porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (6:17). En los siguientes versículos, un ángel clama a gran voz para que la Tierra no sea destruida “hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios” (7:3). Juan escribe a continuación: “oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel” (7:4). Él oye el número de los sellados que se sostendrán en el gran día de la ira de Dios y del Cordero: ciento cuarenta y cuatro mil. Y también oye la lista simbólica de estos sellados: 12 mil de cada tribu mencionada (7:5-8).

Después de haber oído el número y la lista de los sellados, Juan declara: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero” (7:9). Lo que Juan ve en Apocalipsis 7:9 parece explicar lo que se está diciendo desde el 6:17.

Tres comparaciones son esenciales. Para la pregunta “¿y quién podrá sostenerse en pie [en el día de la ira de Dios y del Cordero]?” (6:17), la respuesta que Juan oye es: “los ciento cuarenta y cuatro mil sellados” (7:3, 4). Y lo que Juan ve es una “gran multitud […] que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero” (7:9). Juan oyesobre los ciento cuarenta y cuatro mil sellados “de todas las tribus de los hijos de Israel” (7:4), con una lista simbólica adyacente (7:5-8). Juan ve “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” (7:9).

Es importante resaltar que la descripción sobre lo que la “gran multitud” hace y la relación de esta con el Cordero y con Aquel sentado en el trono en Apocalipsis 7:9-17 es similar a la narrativa de los ciento cuarenta y cuatro mil en Apocalipsis 14:1-5 (cf. 7:17; 14:4). El fenómeno de “ver y oír” parece indicar, por lo tanto, que los ciento cuarenta y cuatro mil y la gran multitud serían un mismo grupo retratado de manera diferente a fin de que se pudiera ofrecer una representación más amplia.

El fenómeno sensorial analizado indica que el León y el Cordero son una sola persona, que la Nueva Jerusalén y el Tabernáculo de Dios son el mismo lugar, que los pueblos y los reinos de la Tierra se reúnen todos para destruir a la mujer ramera, y que los ciento cuarenta y cuatro mil y la gran multitud son representaciones diferentes del mismo grupo de salvos, de los que quedarán en pie en el gran día de la ira de Dios y del Cordero, y que lo servirán en su santuario (Nueva Jerusalén, cf. 22:3; 7:15) para siempre.

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