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Josanan Barros

Josanan Barros

Primero Dios

Historias y pruebas de fidelidad a Dios en todos los momentos y circunstancias de la vida

Elena de White y el destino de los diezmos

Hay pautas claras en la Biblia y el Espíritu de Profecía con respecto al uso y la aplicación adecuados del diezmo y las ofrendas. (Foto: Shutterstock)

El primer engaño del enemigo dirigido a los seres humanos fue distorsionar las palabras de Dios. Estaba claro para Adán y Eva que comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal llevaría a la muerte, pero la serpiente dijo, en Génesis 3:4: “No moriréis”. A través del tiempo, él continúa usando la misma arma para engañar a los hijos de Dios.

Como adventistas del séptimo día creemos en el ministerio profético dado por Dios a Elena de White pero, por desgracia, sus escritos han sufrido el mismo ataque por parte de Satanás. Son interpretaciones distorsionadas, fuera del contexto original, la elección de citas aisladas que tienen la intención de hacer decir al texto lo que la profetiza no intentó decir solo para sostener los errores elaborados por mentes disidentes.

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Hace algunas semanas, una interpretación equivocada de un texto de Elena de White volvió a circular en Brasil. Digo que volvió porque ya había sido usado erróneamente en otras épocas y lugares. Se trata de algo usado por algunos ministerios independientes en un esfuerzo para justificar la recepción de diezmos. Ellos intentan sostener sus prácticas basándose en que al cambiar el siglo, la señora White utilizó algunos de sus diezmos para atender a ministros blancos y negros necesitados que trabajaban en los Estados del Sur de América del Norte, y otros ministros que estaban jubilados.

Algunos pocos datos históricos nos ayudan a entender esa aplicación de los diezmos hecha por la profetiza y nos hacen percibir que esa práctica es hoy nada más que la intención de distorsionar los escritos y acciones de la señora White.

En aquellos días no había algún programa denominacional de jubilación, que al iniciarse se llamó “plan de sustento”, ni una pensión gubernamental para jubilados, llamada en los Estados Unidos “Seguridad Social”. El plan de jubilación de la Iglesia Adventista comenzó a surgir seis años después de la acción de emergencia utilizada por Elena de White con los diezmos, y el plan de jubilación del gobierno americano surgió 30 años después. Como no había una estructura denominacional o gubernamental de seguridad social, surgió la urgente necesidad de atender a ministros que no recibían lo suficiente para sostener a sus familias.

El 22 de enero de 1905, la señora White escribió una carta a Jorge F. Watson, presidente de  la Asociación de Colorado (una de las sedes administrativas de la Iglesia en los Estados Unidos), con respecto a su uso ocasional de los diezmos para atender a necesidades especiales de la denominación. Es una pequeña carta, pero que desgraciadamente algunos ministerios independientes dejan de mostrar determinadas partes que clarifican la verdadera intención de la profetiza con esa práctica.

Texto y contexto

“Durante años se me ha mostrado que mi diezmo debería ser remitido para ayudar a los ministros blancos y negros que no eran tenidos en cuenta y no recibían lo suficiente, y necesario para mantener a sus familias.

Esa debería ser mi obra especial, y lo he hecho en numerosos casos. Ningún hombre debería hacer notorio el hecho de que en ocasiones especiales el diezmo se lo usa de esa manera.

He destinado mi diezmo para los casos más necesitados que vienen a mi conocimiento. Fui instruida a hacer así; y como el dinero no es retenido de la tesorería del Señor, no es un asunto que debería estar acompañado de comentarios, pues me obligaría a hacerlo conocido, lo que no deseo hacer por no ser lo mejor. No tengo interés en dar publicidad a esa obra que el Señor me indicó realizar.

Le envío esa explicación para que usted no cometa un error. Las circunstancias alteran los casos. No aconsejaría a nadie a realizar la recaudación del dinero del diezmo una práctica. Le escribo considerando que esto lo ayudará a mantenerse callado en vez de provocar escándalo al dar publicidad al asunto, para que muchos otros no sigan este ejemplo”.

(Citado por Arthur L. White en Ellen G.White: The Early Elmshaven Years, 1900-1905, págs. 395 y 396)

 Para ingresar a la carta completa, haga clic aquí.

Algunos asuntos sobre lo que ella escribió deben tenerse en cuenta:

  1. Los ministros a los que Elena de White ayudó estaban ligados oficialmente a la organización. Por eso ella cita que los recursos no estaban siendo “retenidos de la tesorería del Señor”. Todos los ministros ayudados eran regularmente empleados por la Asociación Misionera del Sur o eran pastores jubilados.
  2. No hay ningún registro de que Elena de White haya destinado o aconsejado a alguien a destinar los recursos de los diezmos para alguna agencia “independiente” o alguna persona fuera de la Organización de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
  3. Elena de White no tomó esa actitud con un espíritu de rebeldía o independencia.

Por el contrario, ella tuvo el cuidado de avisar a la Asociación donde trabajaban estos pastores. Generalmente eso bastaba y la situación se resolvía. Solo después de notar que la necesidad no era atendida, ella daba el paso siguiente de buscar la solución con asistencia de emergencia.

  1. Ella deja claro en la carta, seis veces, que esa actitud no debería ser divulgada por “no ser el mejor” camino a seguir. Ese era su “servicio especial”, no el servicio especial de otros. “Los ministerios independientes que propagan esa carta teniendo en vista intereses personales, con la intención de justificar pedidos y/o aceptar fondos del diezmo de miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, están haciendo exactamente lo que Elena de White le dijo al pastor Watson “que no hiciera” (1).
  2. Ella cita que “las circunstancias alteran los casos”. En otras palabras, si no existen pastores oficialmente contratados por la Iglesia que están afectados por negligencias en sus sueldos como estaba sucediendo en 1905, no hay necesidad de que ministros independientes soliciten diezmos hoy.
  3. Elena de White aclara que esa era una obra “que el Señor me indicó realizar”. Dios, y no un ministerio independiente, la había instruido y le había mostrado a ella que, en aquel momento, debería tomar esa actitud.
  4. Aquel diezmo fue usado para pagar y mantener a dos ministros y no para gastos operativos de instituciones, publicaciones de literatura, ministerios independientes, etc.
  5. Ella enfatiza: “Yo no aconsejaría a quien quiera que sea a hacer una práctica el acto de recolectar el dinero del diezmo”.

Siendo así, las personas que usan esa cita para recoger diezmos deberían hacerse las siguientes preguntas:

  1. ¿Existen hoy pastores, oficialmente ligados a la Iglesia Adventistas, que están sufriendo negligencias en sus remuneraciones?
  2. ¿Fui expresamente orientado por Dios para hacerlo?

Señal de adoración

Los diezmos y ofrendas son una “señal de vuestra lealtad y sumisión” (2) a Dios. Por eso, no puedo hacer lo que quiero con los recursos que pertenecen al Señor. Hay claras orientaciones en la Biblia y en los escritos de Elena de White sobre el uso y la aplicación correcta de esos recursos. “Todo esto debe considerarse como los bienes del Señor y usarse para promover su obra, para edificar su reino en el mundo” (3). Como adoradores, no podemos tomar en nuestras manos las decisiones sobre el uso o dirección de esos recursos, pues hay un claro “Así dice el Señor” sobre ese tema, y como pueblo debemos seguirlo.

“Dios desea que sus mayordomos sigan con exactitud las disposiciones divinas. No deben desvirtuar los planes de Dios efectuando alguna obra de caridad, haciendo una donación o dando una ofrenda cuando ellos, los agentes humanos, lo vean conveniente. Es un procedimiento muy pobre intentar mejorar los planes de Dios. […] Ha dado a conocer su plan, y todos los que colaboran con él deben promover ese plan en lugar de atreverse a tratar de mejorarlo.

“Se me ha dado un mensaje muy claro y definido para nuestro pueblo. Se me ha pedido que les diga que están cometiendo un error al aplicar el diezmo a diversos objetivos que, aunque son buenos en sí mismos, no son los objetivos a los cuales el Señor ha dicho que debe dedicarse el diezmo. Quienes dedican el diezmo a esos fines, se están apartando de las disposiciones de Dios. El Señor juzgará esas cosas” (4).

Que el Señor nos ayude a comprender y vivir ese asunto en clara concordancia a las orientaciones presentadas al pueblo de Dios.

Referencias:

(1) Roger W. Coon, O Dízimo [el diezmo], p, 18.

(2) Elena de White. Testimonios para la Iglesia, t. 9, p. 197.

(3) ________. Testimonios para la Iglesia, t. 9, p. 197.

(4) ________. Testimonios para la Iglesia, t 9, p. 199-200.

 

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