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Josanan Barros

Josanan Barros

Primero Dios

Historias y pruebas de fidelidad a Dios en todos los momentos y circunstancias de la vida

Aprender a vivir

Aprender a contentarse con lo que se tiene y saber que, en Cristo, ya poseo todo lo que realmente importa (Foto: Shutterstock).

“No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:11-13).

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Este es uno de los textos más conocidos y amados del Nuevo Testamento. Particularmente, me gusta este texto no por lo que dice, sino por lo que no dice. Pablo no dice: “Me gusta vivir en este desafío que en un momento tengo todo y en otro no tengo nada”; él tampoco dice: “Para mí es lo mismo si duermo sobre un colchón o sobre el suelo”; y tampoco dice: “No me importa si hoy tengo para comer y mañana no sé”.

Entiendan: Si Pablo hubiese escrito “Me gusta vivir en esta inseguridad que en un momento tengo todo y al siguiente no tengo nada”, yo lo admiraría. Pero él no representaría gran cosa para mí, además de alguien admirable.

Pero cuando en lugar de decir: “ME GUSTA”, él dice “APRENDÍ” a vivir en ambas situaciones, lo que en verdad está intentando decirme es: “Soy igual a usted”. Tampoco me gusta esta inseguridad, ni pasar necesidades o estar con lo justo. Pero aprendí a vivir con ambas situaciones: abundancia y escases.

Veo estos versículos como un consejo. Oigo a Pablo diciendo: “No tiene que gustarle, pero usted debe aprender urgentemente a vivir en ambas situaciones”. Es por falta de este aprendizaje que tantos matrimonios, tantas familias y tantas vidas cristianas se están desmoronando. No nos gusta ni queremos aprender a vivir con adversidad. Si somos honestos, debemos admitir que vinimos a la vida cristiana porque no queríamos pasar necesidades, no queríamos pasar momentos de abatimiento y no queríamos enfrentar dolores.

La decisión de Pablo en seguir el cristianismo no fue para huir de estas cosas, sino para aprender a convivir con ellas cuando fuere necesario. Hoy, a diferencia del tiempo apostólico, somos cristianos que, a cualquier precio, quieren librarse de las dificultades. Como diría C. S. Lewis, “cristianos domesticados”.

Teología de la prosperidad

Es por eso que la teología de la prosperidad es tan fascinante para algunos. Ella promete una vida cristiana solo con una parte de los versículos que leemos en Filipenses. Una vida cristiana solo de abundancia. Es solo dejar de sufrir y punto final. La teología de la prosperidad atiende la mayor ansiedad de la naturaleza humana caída: evitar todo tipo de sufrimiento, a cualquier costo. Es como ofrecer un dulce a un niño de cinco años. Probablemente, el niño no va a preguntar “Tío, ¿eso tiene colorante?”, o “Tío, ¿cuánta azúcar tiene este dulce?”, ni “Tío, ¿cuál es la consecuencia de este dulce para mi salud?”.  El niño solo quiere disfrutar de la buena sensación que el azúcar causa en su cerebro.

La teología de la prosperidad hace algo parecido. Ella no pregunta si es bíblico o qué consecuencias esa creencia de evitar el sufrimiento a cualquier costo traerá a mi crecimiento como cristiano. El objetivo es llevarlo a contramano de lo que Pablo dice en los versículos que leemos, enseñándole a no aprender a convivir con necesidades o abatimientos.

Sistema de insatisfacción

Usted puede decir: “Pastor, gracias por la aclaración, pero yo no soy parte de una iglesia que predica la teología de la prosperidad”. Quiero alertarlo sobre una cosa: Tal vez, realmente no sepa lo que es la teología de la prosperidad. Tal vez, piense que es solo un grupo de iglesias que explotan a las personas financieramente, prometiendo bendiciones. Esta es solo la punta del iceberg de la teología de la prosperidad.

En realidad, la parte más demoníaca de la teología de la prosperidad no pertenece a ninguna iglesia y, sí, al mundo capitalista en el que vivimos. Este sistema que predica, aun sin iglesias, sin pastores y sin púlpitos, que usted es lo que usted tiene. Que usted necesita más, pues lo trae seguridad en la vida es lo que uno posee. Aunque para que eso ocurra, usted tenga que trabajar o tenga que rendir pruebas en la facultad en horas de sábado, o tenga que comprometer las horas de convivencia con su familia o principalmente que tenga que comprometer las horas de comunión con Dios.

El sistema en el que vivimos coloca a los versículos de Filipenses en negativo. “Yo no sé contentarme con lo que tengo”; “Yo no sé estar abatido”; “Yo no sé aprender a vivir feliz en momentos de adversidad”, y así sigue. Su matrimonio pasará por momentos malos, su salud va a pasar por sacudidas, su familia va a pasar por problemas y usted no sabrá cómo enfrentarlos. Si usted no aprende como Pablo, usted se quebrará en la primera decepción.

¿Sabe qué es lo más preocupante? El regreso de Jesús será antecedido por momentos de extremas dificultades para las cuales aún no estamos preparados y estamos evitando enfrentarlas a cualquier costo. Cosas con las cuales Pablo aprendió a convivir. “Los tiempos de apuro y angustia que nos esperan requieren una fe capaz de soportar el cansancio, la demora y el hambre, una fe que no desmaye a pesar de las pruebas más duras. El tiempo de gracia [este que estamos viviendo ahora] les es concedido a todos a fin de que se preparen para aquel momento” (El conflicto de los siglos, p. 606).

Solución divina

La pregunta que hay que hacer es: ¿Cómo hago para aprender lo que Pablo aprendió? La clave para la comprensión de una vida como la de Pablo está en los versículos 11 y 13 del capítulo 4 de Filipenses.

11: “he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación”.

En primer lugar, usted nunca aprenderá a enfrentar sus necesidades y el abatimiento si primero no aprende a contentarse con lo que tiene. Para eso, usted tiene que tomar la actitud de evitar las deudas a cualquier costo. En su mayoría, las deudas son un descontento en tener solo lo que puedo tener. Y para tener lo que no puedo tener entro en deudas. En segundo lugar, la fidelidad en los diezmos y las ofrendas es una declaración pública de que no todo me pertenece y que soy capaz de contentarme solo con lo que queda en mis manos.

13: “Todo lo puedo en Cristo”.

Imagine que usted conoce personas que pueden decir: “Con lo que tengo, puedo comprar cualquier cosa, puedo ganar a cualquier persona, puedo hacer lo que quiera”. Pero la invitación bíblica es para que usted diga: Porque estoy con Cristo, “todo lo puedo”. La solución para el aprendizaje del contentamiento es saber que, en Cristo, ya poseo todo lo que realmente importa. Permítase ser conducido por Dios por el camino del contentamiento y de la paz.

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