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Comportamiento

¿Longevidad o eternidad?

La paradoja de cuidar de la salud y buscar una vida larga en la Tierra mientras se anhela el cielo.


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El cuidado del cuerpo se convierte en una preparación para la eternidad. (Foto: Shutterstock)

Después de una presentación sobre salud enfatizando la herencia de salud adventista y las razones para la existencia de tantos adventistas centenarios, un participante hizo una pregunta que me hizo pensar: “¿El mensaje de salud adventista fue dado para mejorar la salud de los miembros y aumentar la longevidad aquí en esta Tierra o para prepararse para la eternidad?”.

Esto me hizo recordar un documental que vi en la televisión sobre Loma Linda y la longevidad de los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD). En este programa, los periodistas discutían el caso de los adventistas y uno de ellos mencionó lo siguiente: “Este pueblo predica el inminente regreso de Jesús y el fin de este planeta, pero son los que permanecen por más tiempo aquí”. ¿No es una ironía?

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No soy teólogo y tal vez no sea la persona más indicada para responder la pregunta inicial, pero creo que la respuesta es “sí”. El mensaje de salud adventista fue dado por ambas razones: promover la salud y la longevidad y prepararse para el nuevo cielo y la nueva tierra prometidos por Jesús. Sin embargo, la escritora adventista Elena G. White nunca mencionó que la reforma de salud tuviera como objetivo que los miembros tuvieran una vida prolongada aquí en la Tierra. A pesar de eso, hay una referencia en la que ella afirma que la causa de la menor longevidad de los posdiluvianos sería que comían carne en abundancia (Spiritual Gifts, 4a:120-121, 1864).

Al adoptar el mensaje de salud, el miembro adventista tendría una mejor salud física y, consecuentemente, mejor salud espiritual. De esta forma, hay más energía para proclamar el evangelio y, por tener más longevidad, más tiempo para evangelizar. Así respondo a dos preguntas: longevidad y eternidad.

Dieta de preparación

Con respecto a la preparación para vivir en la tierra prometida, el estilo de vida resultante de los ocho remedios naturales (alimentación saludable, ejercicio, agua, sol, temperancia, aire puro, descanso y confianza en Dios) hará que el individuo esté más preparado para el estilo de vida celestial.

Por ejemplo, si una persona no se interesa por adoptar una dieta vegetariana, ¿cómo va a adaptarse a la vida vegetariana en el cielo? Algunos dicen que Dios va a transformarlos. Sin embargo, muchas veces argumentamos que un ladrón o criminal que nunca decidió parar o arrepentirse de sus crímenes en la Tierra no podría ir al cielo, pues no tendría la libertad de continuar su vida de crimen en el paraíso. ¿Dios cambiaría la vida del criminal sin su consentimiento o contra su voluntad?

Pienso que debe haber una preparación para el cielo, no solo espiritual, sino también física. Y, en ese lugar, la reforma de la salud se encaja perfectamente. Y no por el hecho de que la persona se haga más santa, lo que sería salvación por las obras. Cuando Dios llevó al pueblo de Israel de Egipto a la tierra prometida, él tenía un plan para su dieta. Les mandó maná, lo que era parte de su mensaje de salud, preparándolos para la nueva fase de su existencia. Lamentablemente, muchos de ellos no siguieron el consejo.

Vida plena para servir

Otro punto importante es que Dios creó al ser humano y estableció las leyes que rigen el funcionamiento del cuerpo humano. Al seguir esas leyes, las personas tendrían salud, por lo menos salud relativa, porque el mundo ya estaba influenciado por el pecado. Y cuando Jesús vino por primera vez, resaltó: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). En ese caso, esa vida en abundancia solo podría ser alcanzada si las personas volvieran a seguir el plan divino para el funcionamiento del cuerpo humano. Salir de ese plan llevaría a la enfermedad y a la muerte prematura.

Por lo tanto, la salud y la longevidad tienen como objetivo mejorar la vida del ser humano en este planeta, prepararlo mejor para servir a Dios por más tiempo y, finalmente, ponerlo en condiciones para la vida eterna. Mi llamado final es para quienes han rechazado el mensaje de salud. Piénsenlo bien: pueden estar perdiendo el consejo celestial para evitar enfermedades, la oportunidad de seguir el método de Jesús, ayudando a sus semejantes con el mensaje de salud y, por último, ignorando una parte importante de la preparación para la eternidad. ¿Será que vale la pena?

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

Hildemar Santos

Hildemar Santos

Salud y Espiritualidad

Cómo prevenir enfermedades y tener una vida saludable.

Médico y docente de la Faculdad de Salud Pública en la Universidad de Loma Linda, Estados Unidos.