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Heron Santana

Heron Santana

Iglesia Relevante

Estudios y acciones innovadoras que promueven cambios sociales y ayudan a la Iglesia a ampliar su relación e interacción con la sociedad

Crisis globales desafían a fieles e iglesias a una liberalidad humanitaria

El servicio por el semejante es una forma de dar testimonio del amor de Dios (Foto: Shutterstock)

En la tarde del 9 de octubre de 2012, una adolescente de quince años entró en una van escolar, en una provincia en el nordeste de Paquistán. Un hombre la llamó por su nombre y la apuntó con un arma. Disparó tres tiros. Una de las balas alcanzó a la estudiante el lado izquierdo del rostro. Ella sobrevivió al ataque y fue conocida en todo el mundo. Su nombre es Malala Yousafzai. Desde joven fue defensora de los derechos de las mujeres y niñas a acceder a la educación en su país natal. Es la más joven homenajeada con el Premio Nobel de la Paz.

El hombre que ejecutó el atentado contra su vida era miembro del Talibán, un movimiento constituido por fuerzas que unen religión, política, nacionalismo e intolerancia, lo que demuestra cuán terrorífica puede ser esta mezcla y por qué el secularismo es importante. Ahora, estas mismas fuerzas vuelven a tomar el poder en Afganistán después de veinte años, en uno de los acontecimientos más importantes de la geopolítica global reciente. En un artículo del The New York Times, Malala expresa su lamento: “Los países que usaron a los afganos como peones en sus guerras ideológicas y de ganancias los dejaron con el peso por cuenta propia”.

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El peso de la politización y de la ideología puede endurecer la sensibilidad humana hacia algo horrible, que es la manera en la que la historia se repite como un entrelazado de tragedias que parece infinito. Y para los cristianos, el desafío es mirar al sufrimiento de esas personas de una manera que vaya más allá de la resignación, seguida por cabezas que se mueven mientras expresan “son señales de que este mundo está cerca del fin”. El momento también exige que el testimonio se manifieste en acciones prácticas de compasión y cuidado de las personas que sufren, aunque a la distancia. Y hay maneras de hacerlo aun remotamente.

Vea, por ejemplo, lo que sucede en Haití. En 2010, un terremoto alcanzó ese país y dejó cerca de 220 mil muertos. Ahora, once años después, un terremoto todavía más intenso sacudió el país ya muy empobrecido, sobrecargó hospitales, destruyó edificios, aplastó a personas bajo los escombros, dejó otra vez miles de muertos.

Un papel activo

Por favor, ore por Haití y apoye el trabajo de las organizaciones humanitarias como ADRA Internacional, una de las primeras en llegar al lugar. Los daños son terribles y los agentes humanitarios sufren con bloqueos de bandas criminales que dificultan el ingreso a las áreas más vulnerables. Considere seguir las redes sociales de ADRA y haga una donación para apoyar este trabajo de socorro y emergencia. El seguimiento de las acciones y el apoyo con recursos son, junto con las oraciones, formas de minimizar el sufrimiento de los haitianos.

En 1996, Kabul, en Afganistán, fue tomada por el movimiento que ahora vuelve a dominar el país. En aquella ocasión, les prohibieron trabajar a las mujeres, lo que provocó el caos: en la época, un cuarto de los servicios civiles de Kabul, toda la enseñanza y gran parte de los servicios de salud dependían de las mujeres. Las escuelas femeninas fueron cerradas. Cerca de 2.750 obras de arte antiguas en el Museo Nacional de la ciudad fueron destruidas a golpes de hacha, más de 55 mil libros de bibliotecas públicas de Afganistán fueron destruidos. El recelo de la comunidad internacional es que este estado de terror vuelva a ser una realidad, y se sacrifique así el futuro de mujeres y niños.

Ore por Afganistán y apoye agencias que continúan trabajando en el país, como Médicos sin Fronteras, quienes siguen amenizando el dolor de las personas. “Continuamos tratando pacientes en todos nuestros proyectos, en circunstancias terribles”, dice una parte de la publicación hecha en el sitio internacional de la agencia, que continua: “Con los sonidos de la guerra es muy difícil dormir, pero el equipo mantiene todos los departamentos del hospital abiertos hasta hoy”. Sus oraciones y su apoyo, con atención y recursos, serán una dádiva para iniciativas tan esenciales como estas.

Sensibilidad necesaria

En este momento de tantos desafíos, la Iglesia puede levantarse y testificar de un Dios que siempre se preocupó por todas las personas. En Deuteronomio 14:28, 29, el Señor les aconseja a los hebreos que disfrutaban de una libertad recién conquistada, después de siglos de esclavitud en Egipto, a destinar parte de los ingresos de la cosecha almacenada del tercer año de cultivo para ayudar a los extranjeros, huérfanos y viudas, “y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren”.

Es una descripción que nos ayuda a pensar sobre la importancia de la liberalidad humanitaria como testimonio del amor de Dios. “Lo que Dios nos da es para repartir y multiplicar”, enseñó el pastor Diego Barreto. Y concluyó: el mayordomo fiel es el que reparte y cuida de otros, y no solo de sí mismo.

Ayude a inspirar a su iglesia a dedicar oraciones y liberalidad humanitaria para bendecir a los que sufren en este momento, ya sea en Kabul o Haití.

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