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Helio Carnassale

Helio Carnassale

Manteniendo la visión

Teólogo, y magíster en Ciencia de las Religiones por la Universidad Metodista de São Paulo, Brasil. Fue pastor de iglesias y fue orador de la Voz de la Profecía. Trabajó en la Casa Publicadora Brasileña, Superbom, Unasp y desde 2015 es el director de Libertad Religiosa y Espíritu de Profecía de la sede sudamericana adventista.

Un ministerio nacido de Dios

Joseph Bates fue uno de los grandes entusiastas de las publicaciones con respecto al sábado y del don profético de Elena de White (Foto: Reproducción de la película “Como todo comenzó”).

En el artículo anterior, vimos que el movimiento adventista comenzó a ramificarse como resultado de las diversas reacciones al Gran Chasco. A partir de eso, nuestro foco de estudio es el grupo que se volvería el movimiento adventista del séptimo día y el hecho que este utilizó el recurso de la publicación literaria para propagar sus ideas.

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La página impresa y el anuncio de las verdades bíblicas

Algunos esfuerzos iniciales, emprendidos con mucha dificultad, resultaron en la divulgación de los primeros mensajes manuscritos de la joven Elena G. Harmon. Pero fue en mayo de 1846 que Joseph Bates “sintió la necesidad de publicar las nuevas verdades que él había descubierto y corregir algunos de los errores hacia los cuales sus compañeros adventistas se estaban desviando”.[i] Bates preparó un panfleto de 40 páginas titulado The Opening Heavens [Los cielos abiertos] con el objetivo de combatir la doctrina que enseñaba que Cristo había regresado espiritualmente en 1844.

A finales de 1847, Bates y la pareja Elena y Jaime White produjeron su primera publicación conjunta, titulada A Word to the Little Flock [Una palabra al pequeño rebaño]. El propósito principal de este panfleto de 24 páginas era animar a los adventistas a permanecer fieles al mensaje del advenimiento mientras buscaban más luz en el estudio de las Sagradas Escrituras. En él, Bates afianzaba el don profético que reconocía poseer Elena de White. Algunas de las visiones de la joven fueron publicadas y Jaime White también escribió algo sobre profecías.

En aquella época, los adventistas estaban concentrados en un radio no muy grande en la parte norte de la costa este norteamericana, en la región conocida como Nueva Inglaterra. No eran muchos los que comulgaban las mismas ideas, y ellos se reunían frecuentemente para orar y estudiar la Biblia, con el objetivo de armonizar sus puntos de vista. Estas reuniones tenían lugar siempre en la casa de una familia adventista y recibieron el nombre de “conferencias del sábado”.[ii] Y fue así que, una a una, las doctrinas adventistas del séptimo día fueron siendo establecidas, antes que existiera una organización formal o incluso antes que ese grupo pensara en fundar una nueva iglesia.

Surge el ministerio de publicaciones

El hecho es que el grupo sentía cada vez más la necesidad de promover y compartir sus convicciones. Las publicaciones eran un medio barato, a la altura de los pocos recursos que poseían. Según Schwarz y Greenleaf, investigadores e historiadores adventistas, fue durante la conferencia ocurrida en octubre de 1848, en Topsham, Maine, que los participantes hicieron de la publicación de sus puntos de vista un motivo especial de oración, no obstante, las dificultades parecían sobrepujar las oportunidades. Decidieron orar y estudiar más el asunto en la siguiente reunión. Y así fue. Al finalizar esta, la misma Elena de White relató lo que ocurrió allí:

“En una reunión efectuada en Dorchester, Massachusetts, en noviembre de 1848, recibí una visión panorámica de la proclamación del mensaje del sellamiento y el deber que tienen los hermanos de publicar la luz que estaba alumbrando nuestro camino. Después de la visión le dije a mi esposo: ‘Tengo un mensaje para ti. Debes imprimir un pequeño periódico y repartirlo entre la gente. Aunque al principio será pequeño, cuando la gente lo lea te enviará recursos para imprimirlo y tendrá éxito desde el principio. Se me ha mostrado que de este modesto comienzo brotarán raudales de luz que han de circuir el globo’”[iii]

Comentando sobre la importancia de esta reunión, otro historiador adventista, Mervyn C. Maxwell, declaró: “En ciertos aspectos fue la más significativa para aquel tiempo”.[iv]

Y, en verdad, es exactamente así que los adventistas creen. Entendemos y aceptamos que este fue el impulso original, que vino por orientación divina para que el ministerio de publicaciones tuviera su inicio. Históricamente hablando, no hay cómo negar que ese haya sido el marco inicial que sustentó la actividad de producir y distribuir literatura a lo largo del tiempo, desde las dificultades de su humilde comienzo, hasta constituirse en una rama sólida y próspera del ministerio adventista.


Referencias

[i] Schwarz, Richard W. e Greenleaf, Floyd. Portadores de Luz. CPB, 2009, p. 69.

[ii] Idem, p. 71.

[iii] White, Elena de. El ministerio de publicaciones. P. 16.

[iv] Maxwell, C. Mervyn. História do Adventismo. CPB, 1982, p. 100.

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