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Cuca Lapalma

Cuca Lapalma

Construyendo el futuro

Porque el futuro de nuestra sociedad, los niños de hoy, está en nuestras manos.

Siete consejos para que una familia funcione bien

Designar una tarea en específico para cada miembro ayuda mucho. (Imagen: Shutterstock)

Una frase que he tenido siempre en mente cuando pensaba en formar mi propia familia, es la que se encuentra en el libro “El hogar cristiano”, pág. 26 y dice así: “Una familia bien ordenada y disciplinada es a los ojos de Dios más preciosa que el oro, aún más que el oro refinado de Ofir”. (White, 2007)

A partir de allí, pensaba en cómo podría alcanzar ese objetivo. ¿Habrá una receta mágica para llegar a ser un ejemplo de familia? ¿Será que hay “mejores maneras” de conseguir orden y disciplina en el hogar? ¿Cómo llegar a ser una influencia positiva para otras familias? ¿Qué quiero que mis hijos aprendan?

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Tal vez por el hecho de mirarme a mí misma y a mis defectos, ¡sentía que ese ideal estaba lejos por demás! Pero si Dios me lo estaba diciendo, es porque ese ideal es posible. En unas líneas antes de esta cita está la clave, el comienzo de este camino de educación intencional para ser una familia que Dios aprecie más que al oro: “Una familia tal prueba que los padres han sabido seguir las instrucciones de Dios y que los hijos le servirán en la iglesia”. 

No es novedad que poner a Dios en primer lugar es la clave. Todos los consejos humanos deben ser considerados a la luz de la realidad de la propia familia: lo que me funciona a mí, puede no funcionar con la tuya. Pero poner a Dios en primer lugar es lo único que funciona para todas. Por eso, te invito a reflexionar sobre algunas ideas de como tener una familia que funcione bien, empezando por lo básico: Dios en la familia.

1. Dios en primer lugar.  Lo sabemos, pero en el día a día a veces invertimos el orden de prioridades. Poner a Dios como prioridad es entender que la devoción personal (para conocerlo mejor y saber que espera de mí para ese día) es innegociable. Es entender que en mi hogar la Biblia debe ser estudiada, que no puede faltar el momento del culto familiar. Una familia que busca parecerse a Jesús, ayuda al prójimo y está interesada en ayudar a otros usando sus habilidades y talentos. La influencia del Espíritu Santo es el que modela nuestra vida imperfecta y nos permite representar a Dios delante de los hijos con coherencia (es decir que mis acciones están en concordancia con aquello que digo ser: cristiano). Por eso, sigamos el consejo bíblico: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Con esto en práctica (y no solo en mente) hay mucho camino por delante. El autor Leopoldo Abadía sugiere algunas ideas para ayudar a que en la práctica podamos cumplir ese ideal que Dios tiene para cada familia.

2. La familia está compuesta por individuos. Puede resultar obvio decir que yo no soy igual a mi esposo y que mis hijos son en algunas cosas diferentes a mí. Pero entender esto es fundamental. Eso da lugar al respeto, pues cada uno tendrá la oportunidad de expresarse y ser amado tal como es y no como yo quiero que sean. Permite también entender que quizás la técnica para corregir a un hijo no sirve para el otro, y que debo buscar conocer como cada uno es, para saber cómo amarlo mejor, cómo comunicarme mejor. Es saber respetar la privacidad y dar espacio a que cada integrante se sienta parte y feliz de estar en esa familia.

3. Exigir con realismo. Que importante es que cada miembro en la familia tenga un rol para cumplir. ¡Todos son importantes y necesarios! Después de Dios, viene papá y mamá en autoridad. Juntos, complementándose. Luego vienen los hijos, no menos importantes, pero sí con responsabilidades diferentes a las de papá o mamá. El niño aprende a respetar a Dios cuando aprende a respetar la figura de autoridad de los padres y eso no es por acaso, sino por el resultado de una crianza basada en el amor, el respeto y la obediencia.  Cada miembro de la familia debe saber que se espera de él y las responsabilidades que colocamos sobre sus hombros deben estar de acuerdo con las características y capacidades. Cuadros con distribución de responsabilidades, pequeños incentivos, trabajo en equipo, disfrutar de ayudar en casa…cada familia buscará maneras de incentivar a sus miembros a colaborar. Designar una tarea en específico para cada miembro ayuda mucho. Por ejemplo, fulanito siempre se encarga de que haya papel higiénico en el baño. Hay que transmitir la idea de que la familia es de todos.

4. Recordar que nosotros también fuimos niños. ¡Con qué facilidad nos olvidamos lo que significa ser niño! Cuantos adultos crecen sintiéndose rotos por una infancia a la que le faltó amor y le sobró exigencias, faltó alegría, pero sobró responsabilidades. Los niños necesitan de límites sí, pero que primero llegue el amor, la alegría, la comprensión. Dedica tiempo para escuchar lo que tienen para contarte. Dice Abadía “Todos tenemos nuestras historias. Y todos estamos deseando contárselas a alguien. A alguien que nos comprenda y que nos escuche con cariño. Y con paciencia.” ¿Será que tienes esa paciencia cuando llegas de trabajar y tu niño quiere contarte sobre la abeja que encontró en el patio? ¿Miras a los ojos para prestar atención a lo que te cuenta o miras tu celular? Pon interés e interésate de verdad, porque si para tu niño es importante, ¡también debe serlo para ti! Esa confianza es la que se construye a lo largo de la infancia, para que cuando tengan que contarte algo malo, puedan sentir que tú los escucharás sin condenarlos.

5. Ser flexible. La flexibilidad es un valor muy importante, que pareciera que va en contra del orden y de la disciplina. En realidad, viene después de tener claro las reglas, responsabilidades o deberes que hay en el hogar. Primero la regla y después la excepción. Ser flexible es entender que con los niños no siempre conseguimos seguir la rutina y eso no es necesariamente malo. Es saber que a veces no conseguiremos mantener la casa en perfecto orden, que más importante que cumplir el horario del almuerzo es dedicar tiempo a resolver esa preocupación que tiene tu hijo y que le ha quitado el apetito. Es recordar que se debe respetar el horario de ir a la cama, pero puede haber espacio para un momento de juego en familia mientras corren hacia la cama. Flexibilidad. Saber dar espacio a situaciones inesperadas para dejar la normalidad menos aburrida.

6. Vivir en un ambiente de optimismo. El ambiente físico que provee lo necesario para satisfacer las necesidades básicas es importante, tanto como el clima emocional. “El optimismo no quiere decir que aquí no pasa nada, mirar al futuro con esperanza, sabiendo que, aunque las cosas no están bien ahora, un día serán diferentes gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. Sonreír, mirar con esperanza, hablar calmadamente, recordar las promesas de Jesús para nosotros, cantar, agradecer, luchar con no caer en el pesimismo…ser optimista ¡no depende de las circunstancias, y es contagioso!

7. Consejos extras. Para que una familia funcione bien, ¡se necesitan más que siete consejos! Pero a modo de conclusión me gustaría animarte recordándote otras cosas que puede ayudar a que tu hogar sea un refugio a donde cada miembro de la familia desee volver al final del día.

  • Busca conocer los intereses de tus hijos, quienes son sus amigos, que disfruta hacer y comparte con él momentos inolvidables
  • Enseña el valor del trabajo, del dinero y del ahorro con tu ejemplo.
  • Crea tradiciones familiares que fortalezca los lazos de cariño y amor.
  • No te escandalices o desanimes con los fracasos pues todos nos equivocamos y para aprender de ellos se necesita comprensión y contención.
  • Elige con cuidado las influencias que permites que impacten la vida de tu familia: lecturas, videos, amigos, educación escolar, juguetes, etc. En el gran conflicto espiritual en el que estamos inmersos todo debe ser cuidadosamente elegido pues son puertas que se abren ya sea para Dios o para el enemigo.
  • En este último, vuelvo al comienzo. Por más buenos que sean los consejos, todos ellos cobran sentido cuando Dios nos da la sabiduría que necesitamos para ser modelos correctos de cristianismo, y eso empieza, con él primero en la lista de prioridades.

Bibliografía:

Abadía Pocino, Leopoldo. “36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien.” Espasa Libros: 2011

White, Elena de. “El hogar cristiano.” Asociación Casa Editora Sudamericana: 2007

 

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