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Cuca Lapalma

Cuca Lapalma

Construyendo el futuro

Porque el futuro de nuestra sociedad, los niños de hoy, está en nuestras manos.

Ayudando al niño a transitar el duelo

Cada niño va elaborando los conceptos de vida y muerte en función de su edad. (Imagen: shutterstock)

“Estamos tristes porque mi abuelito murió de COVID y no pudimos despedirnos de él”.  “Tengo miedo de enfermarme porque mi tía se enfermó y se murió”. “Extraño mucho a mi mamá que murió por el cáncer”.

El 2020 fue un año en el que muchos sentimos de cerca a la muerte. Un sentimiento de fragilidad llegó de la mano de la pandemia y el temor constante hizo eco en nuestros hogares. La muerte, algo que para muchos solo llegaba en la vejez, pasó a ser una realidad para miles de familias sin distinción de clases sociales, edad o nacionalidad. Y allí detrás de un adulto escuchando las malas noticias, hay niños que también las escuchan. Niños que intentan entender y asimilar pérdidas de seres queridos. Niños que se asustan por una realidad tan sombría y sin esperanza.

Aunque el COVID no es el único responsable de las muertes de tantas personas, pareciera que trajo a nuestra realidad, la necesidad de saber cómo conversar con nuestros niños sobre la mejor manera de sobrellevar la muerte de alguien querido.

Lea también:

Según Ma. Júlia Kovács, la muerte es parte del desarrollo humano, que ayuda a darle significado a la vida. [i] Pero para la mente infantil, elaborar ese concepto puede resultar un verdadero desafío.

¿Qué entienden los niños sobre la muerte?

Cada niño va elaborando los conceptos de vida y muerte en función de su edad, su comprensión de la realidad, las costumbres sociales y familiares, religión, etc. A medida que crece, el niño va entendiendo y desarrollando el concepto de muerte, basado en algunos pilares:

-La muerte alcanza a todos los seres vivos

-La muerte es irreversible

-Hay diferentes causas de la muerte

-Creencias sobre lo que pasa después de que alguien muere

Entendiendo el luto o duelo

Cuando un ser querido muere, comienza un inevitable proceso llamado de “duelo”. Podríamos definir al duelo como un conjunto de reacciones emocionales ante la pérdida de una persona querida, siendo la tristeza y la aflicción las más frecuentes y las que se viven con más intensidad. La psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross estableció cinco fases por las que las personas suelen atravesar[ii]:

  1. Etapa de la negación: Esa negación puede inicialmente amortiguar el golpe de la muerte de un ser querido y aplazar parte del dolor, pero esta etapa no puede ser indefinida porque en algún momento chocará con la realidad.
  2. Etapa de la ira: En esta fase son característicos los sentimientos de rabia y resentimiento, así como la búsqueda de responsables o culpables. La ira aparece ante la frustración de que la muerte es irreversible, de que no hay solución posible y se puede proyectar esa rabia hacia el entorno, incluidas otras personas allegadas.
  3. Etapa de la negociación: En esta fase las personas fantasean con la idea de que se puede revertir o cambiar el hecho de la muerte. Es común preguntarse ¿qué habría pasado si…? o pensar en estrategias que habrían evitado el resultado final, como ¿y si hubiera hecho esto o lo otro?
  4. Etapa de la depresión: La tristeza profunda y la sensación de vacío son características de esta fase, cuyo nombre no se refiere a una depresión clínica, como un problema de salud mental, sino a un conjunto de emociones vinculadas a la tristeza naturales ante la pérdida de un ser querido. Algunas personas pueden sentir que no tienen incentivos para continuar viviendo en su día a día sin la persona que murió y pueden aislarse de su entorno.
  5. 5. Etapa de la aceptación: Una vez aceptada la pérdida, las personas en duelo aprenden a convivir con su dolor emocional en un mundo en el que el ser querido ya no está. Con el tiempo recuperan su capacidad de experimentar alegría y placer.

Los niños también atraviesan por el luto o duelo. La manera en la que irán pasando de una fase a otra, estará determinada por algunos aspectos, por ejemplo:

-La relación que el niño tenía con la persona que ha muerto

-La edad y el sexo del niño

-Las causas y circunstancias de la muerte del ser querido (no es lo mismo sobrellevar la muerte por una enfermedad que por un asesinato)

-Las circunstancias sociales y psicológicas que afectan al niño durante la perdida y después de ella.

-La personalidad del niño y la forma en que reacciona frente a situaciones estresantes.

-Creencias que el niño tenga sobre la vida y la muerte.

-El soporte emocional recibido de los adultos de confianza.

“El proceso de duelo no es una enfermedad sino una oportunidad para aceptar la pérdida y adaptarnos a vivir sin la persona fallecida”.[iii]

 Ver la pérdida como fatalidad, hacer de cuenta que está todo bien, no permitirse sentir tristeza, pueden ser formas en que los adultos niegan los sentimientos que la muerte provoca, para que el niño no sufra. ¿Pero será que ésta es una forma saludable para ayudarlo a afrontar la muerte?

El papel de los adultos

Muchas veces, los adultos ocultan sus sentimientos para no hacer llorar al niño y esto termina causando más problemas, porque el niño entiende que tampoco debe manifestar sus sentimientos. No permitirle expresarlos, puede traer como consecuencia síntomas patológicos y confusión, ya que siente que no puede conversar de sus sentimientos con nadie. Tampoco piense que el duelo es un proceso fácil para los niños y que rápidamente se olvidará de la persona que fallecida.

¿Cómo entonces acompañar al niño en este proceso?

  • Sin duda, el niño necesita estar acompañado todo el tiempo y se le debe hacer sentir, que está permitido llorar y conversar sobre lo que está vivenciando. Si usted está muy afectado por la situación porque también ese ser querido era muy cercano, pida ayuda a personas de confianza del niño para que puedan cuidarlo o acompañarlo cuando sea necesario.
  • Si el niño pide, y las circunstancias lo permiten, acompáñelo al velatorio pero no lo deje solo y explique los detalles de todo lo que verá en la ceremonia. No lo obligue a ver o tocar el cuerpo de la persona fallecida.
  • Explique las causas del fallecimiento sin dar información en exceso. Dependiendo de la edad del niño, éste puede sentir que la muerte del ser querido es por algo que él hizo o dejó de hacer, trayendo innecesarios sentimientos de culpa.
  • Si el niño no participa de algún ritual como velorio, entierro, etc. piense en ideas de “despedidas” como por ejemplo escribir algunas palabras sobre la persona fallecida, recordar momentos agradables compartidos juntos, hacer un dibujo, o orar agradeciendo a Dios por el tiempo compartido junto a la persona que ya no está. Si al pasar los meses, los síntomas negativos producto de la pérdida no desaparecen, considere conversar con algún psicólogo o pastor para recibir asesoramiento oportuno.

El papel de la esperanza

La esperanza que las promesas de Dios nos transmiten, son un verdadero bálsamo en momentos de dolor por la pérdida de alguien amado. Es fundamental entender desde el enfoque bíblico, qué es la vida y por consecuencia, qué es la muerte. Esto cambia totalmente la perspectiva del duelo.

Dedique tiempo para leer junto al niño sobre estos conceptos bíblicos y reconfortarse en las promesas de Dios para los enlutados. Oren juntos pidiendo que Dios pueda darles el consuelo que necesitan. Si quiere más información sobre qué enseña la Biblia sobre la muerte haga click aquí.

“El duelo, es un camino que no tiene retorno. Podemos detenernos a un lado de la vereda a descansar, podemos quedarnos acurrucados en la línea de salida negándonos a caminar, asustados y aturdidos, podemos pedir que alguien nos acompañe en el recorrido, aun siendo conscientes de que es un camino que necesariamente hemos de recorrer con nuestros propios pies.

Podemos transitarlo solos o acompañados, a nuestro ritmo rápido o lento, o unas veces rápido y otras lento, podemos pararnos en algún punto del camino a descansar y reponer fuerzas para después continuar por el arduo camino del dolor, e incluso podemos resistirnos a llegar al final del recorrido por temor a olvidar a quien tanto amamos… Cada uno de nosotros tendrá que pasar por su propia experiencia de vida, esta difícil y común experiencia de perder a quien amamos desde su individualidad, creando el territorio por el que se dibuja su camino.” [iv]


Referencias

[i] Kovács, Maria Júlia. A morte e desenvolvimento humano. Casa do psicólogo. São Paulo: 1992

[ii] Kübler-Ross, Elisabeth. Sobre la muerte y el morir. Extraído de https://www.bbc.com/mundo/noticias-43893550

[iii] Prieto, Vicente. La pérdida de un ser querido. La esfera de los libros. 2018

[iv] Martinez, Rosa Ma. Cicatrices del corazón. Editorial Desclée de Brouwer, S.A. Bilbao: 2013

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