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Armas químicas, ¡Nunca más! Sí, a los lazos de amor

El método de Cristo es el único que funciona cuando se trata de calmar la tempestad de un corazón herido y sin esperanza.


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Foto: cnn.com

La imagen de Abdul Hamid Youssef aferrado a sus gemelos, envueltos en sábanas blancas, no sale de mi mente y causa tanta impotencia que me siento como encerrada entre cuatro paredes. En la foto que se hizo viral este miércoles 6 de abril veo a un padre sentado al borde de un cementerio llorando, y no es para menos porque aparte de sus hijos, reportes locales, informaron que 25 de sus familiares murieron en el ataque perpetrado con armas químicas en Siria, este semana.

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Horas después apareció el video en redes sociales donde se ve a Abdul llorando, sentado, y contando lo que sucedió luego del ataque. El sirio que perdió a toda su familia reprobó a la comunidad internacional diciendo: “¿Por qué la comunidad internacional no escucha a la gente? ¿Existe aún conciencia humanitaria?  Sus palabras llamaron mucho mi atención.

Me hago la misma pregunta, ¿existe aún en nosotros conciencia humanitaria? Me cuesta asimilar el hecho de que mientras esta pobre gente muere ante nuestros ojos, exista en el mundo un adormecimiento espiritual, egoísmo y avaricia. ¡No es posible, y lo grito muy fuerte por dentro! ¿Qué nos está pasando? ¿Acaso solo cuando la muerte llega cerca de nosotros sabemos lo que estas personas están padeciendo? Siria, ahora, es un matadero humano.

Podría terminar aquí este texto, pero no puedo, ante el lloro impotente de Abdul que resuena en tu mente y en la mía: “¿Existe aún conciencia humanitaria?”. Tal vez algunos digan: “pero ya hay ONGs ayudando a esta gente, nosotros estaremos orando”, “¡Pero también tenemos necesidades!”. Esas palabras indican que solo estamos pensando en nosotros mismos. ¿Cómo podremos entonces enseñar a otros sobre el amor de Cristo?

El método de Cristo para calmar la tempestad del corazón de Abdul, se muestra en la Biblia en Lucas 7:11-17, donde relata que Jesús al ver la tristeza de la viuda de Naín que había perdido a su hijo, se compadeció, no se retiró a orar, JESÚS ACTUÓ, hizo algo por ella, le dio palabras de ánimo para luego resucitar a su hijo.

“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate”. (Lucas 7:13)

Decenas de personas en el mundo se han convertido en soldados inhumanos, que están acabando con la vida de civiles en Medio oriente. Sí, y lo son cuando endurecen sus corazones y ojos ante tales crímenes de lesa humanidad. Discúlpame si sonó fuerte la frase, pero es lo que sucede en el tiempo que nos ha tocado vivir, una total indiferencia ante la guerra de largo plazo en Siria.

Te pregunto, ¿qué hicieras tú si estuvieses en el lugar de Abdul? Yo ya me lo pregunté. Un hombre así, sin esperanza, necesita hoy, más que nunca, de manos que lo sostengan para no desmayar. No basta decir “Jesús te ama o voy a orar por ti”, se trata de ser como Jesús: atendiendo las necesidades de las personas; solo de esa manera lograremos que seres humanos en situación crítica sepan que aún existe esperanza, a pesar de la muerte y el dolor profundo que cala en sus almas hasta partirlas en dos.

Sí, así se comparte esperanza, por medio del método de Cristo.

Por favor, te pido que no cierres tus ojos ni tu corazón ante tales atrocidades perpetuadas a la humanidad, sé las manos de Jesús, los pies de Jesús, la sonrisa de Jesús, las palabras de Jesús, las oraciones de Jesús. Desparrama amor en aquellos corazones que están pasando por momentos difíciles, para que al probar ese amor incondicional ellos también quieran ser discípulos de Jesús y vivir por él.

Cuando era niña siempre tuve el deseo en mi corazón de crear una ONG donde pueda cuidar de centenas de niños en situación de crisis. Recuerdo que algunas veces de camino a la escuela veía en la calle que vendían tickets de lotería y le decía a Jesús en oración: “Señor, si algún día me haces ganar la lotería voy a donar el dinero para ayudar a niños necesitados formando una ONG”. Si bien en cierto que, no sabía claramente lo que pedía, tenía conciencia que no es recomendable comprar tickets de lotería (risas), Dios estaba preparando mi tierno corazón para ser un soldado de Jesús, alguien que en medio de la guerra espiritual que nos ha tocado vivir, en vez de dejar morir a los heridos, utilice mis armas espirituales para salvarlos. Y tú, ¿qué tipo de soldado eres? ¿Cargarás en tus hombros a civiles heridos para que sean salvos por Jesús? Me gustaría saber tu respuesta, puedes dejar tu comentario. Un abrazo.

 

 

Carolyn Azo

Carolyn Azo

Desafíos espirituales

Reflexione sobre las vicisitudes de la vida en su caminar diario con Dios y sepa que aún existe esperanza.

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Peruana Unión, trabajó en el canal internacional 3ABN, en Estados Unidos, y en varias instituciones adventistas y en la sede Sudamericana de la Iglesia Adventista. @karolineramosa