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Carlos Magalhães

Carlos Magalhães

Iglesia conectada

Como llevar el mensaje de Cristo al mayor número posible de personas con la tecnología digital

Los haters son bienvenidos

Internet dio voz a los que tienen un discurso ardiente. Debemos aprender a encarar de manera sensata y cristiana, ese comportamiento (Foto: Shutterstock)

Generalmente, se cree que los haters, críticos o detractores presentes en las redes sociales, son extremamente perjudiciales a las organizaciones, que causan daños a la imagen y provocan la pérdida de clientes o consumidores. Pero si analizamos con un poco de mayor atención, descubrimos que pueden traer beneficios y hasta fortalecer a los que intentan perjudicar.

Redes sociales y los detractores

Las redes sociales ofrecen un espacio tan amplio para la libre expresión que mucha gente se siente con el derecho de manifestar su opinión personal sobre lo que quiere, aunque eso ofenda, lastime o desprecie a las personas, causas y organizaciones. La verdad es que las plataformas digitales terminan sirviendo como espacio fértil para la propagación de ideas de odio y prejuicio, y también ofrecen un escenario y megáfono para quien desea esparcir cólera, difamar y ser visto por miles.

Cuando el asunto es “crítica a la iglesia en las redes sociales”, algunos actores hacen parte de esas discusiones. Entre ellos existen los críticos, los neutros, o los mal informados, y los defensores.

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Los críticos son generalmente, lo que comienzan la discusión. Los neutros sirven de platea, sea por no tener opinión formada, falta de información o por preferir abstenerse de conflictos. Los defensores son los que contradicen, argumentan y entran en debate.

Los tres grupos son partes integrantes de ese momentum, cada uno desempeñando su papel. Los críticos y defensores, en algún momento, pueden manifestar el mismo sentimiento de ira y de no aceptación de la opinión ajena, y demostrar la misma intolerancia. Los neutros son la mayoría. Miran desde la distancia sin involucrarse, pero como espectadores y en mayor número determinan la relevancia y el alcance de la discusión.

Entremos en la mente de los críticos actuales

Algunos revelan un comportamiento crítico porque sufrieron o fueron lastimados por alguna experiencia desagradable que pasaron en la Iglesia. Otros desarrollan interpretaciones diferentes de alguna parte de la Biblia y luchan contra los que quieren reformar la Iglesia, condenando el comportamiento ajeno, por eso, se involucran en críticas a la organización y al estilo de vida de los demás miembros.

El beneficio de los ofensores

El mundo biológico trae algunas lecciones interesantes que en parte pueden ser usadas para ejemplificar este asunto. Los virus y otros microrganismos están presentes en todo lugar y pueden ser buenos o malos. Normalmente, cuando nos atacan, el organismo activa el sistema de defensa y libera anticuerpos para proteger nuestra integridad. En algunos casos, la presencia del invasor es benéfica, pues despierta la resistencia interna y pude hacer que el cuerpo sea más fuerte para las próximas batallas.

En el mundo corporativo, encontramos otros ejemplos. Los clientes de una marca son clasificados en tres categorías: los que odian, los neutros y los que defienden. Las grandes empresas del planeta poseen un número casi igual de detractores y defensores.

Para esas empresas es interesante mantener esos números así, teniendo un numero ligeramente más alto de defensores que de detractores. Eso porque la crítica de los detractores en las redes sociales despierta a los neutros adormecidos y motiva a los defensores callados a manifestarse. Con eso, la marca gana destaque, relevancia y se fortalece después de la “crisis”. [1]

La historia se repite 

En el mundo religioso, esta premisa se repite. Es en los tiempos de mayor oposición que la Iglesia experimenta su mayor crecimiento. Fue así en el período apostólico, cuando los primeros cristianos fueron difamados, acusados injustamente y perseguidos.

De manera semejante, en la Edad Media la expansión de herejías y la amplia diseminación de errores llevó a los creyentes sinceros a investigar y buscar la verdad en la Sola Scriptura. Creemos que no será diferente en estos últimos días. Mientras algunos buscan las redes sociales para acusar a la Iglesia de defectos y apostasía, otros usan las mismas plataformas y herramientas digitales para predicar, y esparcir esperanza para el mayor número de personas posible.[2]

Oportunidades generadas por las críticas 

Se pueden encarar las críticas y difamaciones a la Iglesia de forma bien positiva. Algunas sugerencias son:

  • Demuestre el carácter amoroso de Cristo a través de las palabras y el respeto al prójimo.
  • Aclare puntos doctrinarios para los neutros y los que no tienen mucha información, que pueden estar confundidos y en busca de la verdad.
  • Aborde los asuntos de manera espiritual y no competitiva, con una discusión abierta y saludable.
  • No intente reprender al crítico o detractor mostrando superioridad de conocimiento e informaciones. No fuerce la Biblia sobre las otras personas. Muestre su punto de vista con claridad, simplicidad y respeto.
  • Piense en el bien de la otra persona, evite herir u ofender.
  • Pase un tiempo estudiando la presencia online del crítico para desarrollar simpatía o para saber si vale la pena intentar un diálogo y alimentar la discusión.

Concluyendo… Aunque en este mundo moderno y digital las redes sociales hagan que la Iglesia esté susceptible a las críticas y ofensas negativas, eso no es necesariamente malo. Las “manifestaciones negativas muchas veces activan las defensas positivas”, despiertan el interés para aprender e investigar algunas cuestiones de manera profunda y generan oportunidades para testificar, demostrando el carácter amoroso de Cristo.

“Vanos fueron los esfuerzos de Satanás para destruir a la iglesia de Cristo por medio de la violencia. El gran conflicto en cuyo transcurso los discípulos de Jesús rindieron sus vidas no cesó porque los fieles portaestandartes cayeron en sus puestos. Triunfaron por medio de la derrota. Los obreros de Dios fueron asesinados, pero su obra siguió firmemente adelante. El evangelio se siguió esparciendo, y el número de sus adherentes creció. Llegó a regiones inaccesibles: hasta las águilas de Roma. Un cristiano, que discutía con los gobernantes paganos que fomentaban la persecución, dijo lo siguiente: “Podéis matarnos, torturarnos, condenarnos… Vuestra injusticia es la prueba de que somos inocentes… Vuestra crueldad… no os servirá de nada”. Era una poderosa invitación más para atraer a otros a su fe. “Mientras más a menudo nos aplastáis, más rápidamente crece nuestro número; la sangre de los cristianos es una semilla” [3]

Referencias:

[1] KOTLER, P. Marketing 4.0 – do Tradicional ao Digital. Editora Sextante, 2017.

[2] WHITE, Elena. Historia de la Redención. Asociación Casa  Editora Sudamericana, 1996, cap. 44. 

[3] WHITE, Elena. Historia de la Redención. Asociación Casa  Editora Sudamericana, 1996, p.337.

 

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