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Encontrando gratitud en lo improbable

Una reflexión sobre la fe que invita a agradecer incluso por los desafíos y el dolor, confiando en que Dios transforma todo en propósito.


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La gratitud a Dios es sincera cuando comprendemos que, a pesar de las dificultades, todas las situaciones están bajo Su voluntad. (Foto: Shutterstock)

El cierre de un ciclo siempre nos invita a hacer una retrospectiva. Al mirar el año 2025, especialmente viviendo los desafíos y las bellezas de vivir en El Cairo, somos motivados a unirnos en un solo propósito: agradecer. Sin embargo, la verdadera gratitud exige una profunda honestidad. Cuando decimos que agradecemos por “todo”, necesitamos incluir también lo que fue difícil, lo que fue arduo y lo que, a nuestros ojos humanos, pareció malo.

Profesamos creer en Dios y en Su Palabra. Creemos que la Biblia es la revelación de Su voluntad y que Sus promesas son eternas. Pero la pregunta que resuena en nuestro interior en los momentos de crisis es: ¿acaso las promesas se cumplen incluso cuando todo parece salir mal? Para responder a eso, traigo aquí uno de mis versículos favoritos de la Biblia, que se encuentra en Romanos 8:28. Hay una palabra en este texto que merece ser escrita con letras mayúsculas, con todo el peso de nuestra fe: TODAS.

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El texto afirma: “Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados conforme a Su propósito”.

Si amamos a Dios y tenemos la convicción de que Él nos llamó para este tiempo y este lugar, esta promesa no es solo un consuelo poético; es una realidad espiritual. Si creemos que Él es bueno, puro y santo, necesitamos creer que Su soberanía sobre nuestras vidas no falla.

Fe genuina en todo momento

Muchas veces, nuestra gratitud es selectiva. Es fácil sonreír y decir “amén” ante una bendición evidente, una puerta que se abre o un milagro visible. Es natural celebrar lo que nos trae alegría. Sin embargo, el desafío de Romanos 8:28 es extender ese “amén” también a las experiencias que nos hirieron, a los planes frustrados y a las pérdidas sufridas.

Puede parecer contradictorio agradecer por lo que duele. En el lenguaje común, diríamos “misericordia” frente al sufrimiento. Pero, en el lenguaje del Reino, entendemos que Dios es el Maestro de la redención. Él es soberano y afirma que incluso eso contribuirá para nuestro bien. Esto significa que, en las manos de Dios, las cosas malas se convierten en materia prima para bendiciones futuras.

Cada experiencia difícil que nos desanimó es, en las manos del Creador, una oportunidad para forjar el carácter y la dependencia. Dios no desperdicia ninguna de nuestras lágrimas. Lo que nos hirió, Él lo usa para sanarnos y fortalecernos. Lo que nos derribó, Él lo transforma en plataforma para elevarnos a un nuevo nivel de confianza en Él.

Por eso, al cerrar este año, te invito a mirar tu “mosaico” de 2025. No agradezcas solo por los colores vibrantes y las piezas intactas. Agradece también por los fragmentos, por las sombras y por las partes que parecían no encajar. En las manos de nuestro Padre, cada pieza contribuyó para el bien. Si estamos en Sus planes, nada fue en vano. Todo es gracia. Y por todo, absolutamente todo, le damos gracias.

Ana Paula

Ana Paula

Vivir para servir

Historias inspiradoras de servicio y amor al prójimo en Oriente

Periodista y escritora, Ana Paula Ramos es autora del libro Desafio nas Águas: Um resgate da história das lanchas médico-missionárias da Amazônia (CPB). Hace más de diez años tiene a Egipto como su hogar y segundo país, donde vive con su esposo, Marcos Eduardo (Zulu), y sus dos hijas. En Egipto, se convirtió en empresaria y líder comunitaria brasileña, donde ha servido a la comunidad y a la Iglesia Adventista.