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Del diagnóstico de TDAH al acompañamiento familiar

Especialista explica cómo la información, la empatía y las adaptaciones en la rutina ayudan a las familias a brindar apoyo y desarrollar el potencial de las personas con TDAH.


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El acompañamiento familiar marca la diferencia después de un diagnóstico. (Foto: generada por inteligencia artificial)

Un diagnóstico trae consigo desafíos diarios. Con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no es diferente. Muchas veces, los prejuicios y la desinformación pesan más que la comprensión. Incluso hoy, el trastorno puede confundirse con falta de disciplina, pereza, desorganización o desinterés, lo que ocasiona sufrimiento emocional y dificultades en el desarrollo de niños, adolescentes y adultos.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con una fuerte influencia genética. Es decir, la persona nace con esta condición, que va mucho más allá de la falta de atención. Se trata de una disfunción en un área del cerebro, la corteza prefrontal, que afecta las funciones ejecutivas y la regulación emocional de la persona.

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El psicólogo clínico y neuropsicólogo Rafael Costa, especialista en adultos neurodivergentes, explica cómo el conocimiento sobre el trastorno puede transformar la rutina familiar y el desarrollo de quienes viven con TDAH. A continuación, la entrevista:

¿Cuáles son los principales mitos relacionados con el TDAH y qué es realmente?

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) todavía está rodeado de mitos crueles. Las creencias más perjudiciales intentan desacreditar esta condición afirmando que el TDAH sería el resultado de la “falta de límites y educación” por parte de los padres, del uso excesivo de pantallas, de una mala alimentación o, la más conocida de todas, de una “invención de la industria farmacéutica”.

La realidad es que el TDAH es reconocido por la medicina desde el siglo XIX. El psiquiatra alemán Heinrich Hoffmann ya describía comportamientos similares en 1845, y los investigadores George Still y Alfred Tredgold publicaron estudios científicos sobre el tema en la revista The Lancet en 1902. Actualmente, investigaciones internacionales estiman que el TDAH afecta entre el 5 y el 8 % de los niños y adolescentes, y aproximadamente entre el 2,5 y el 3,5 % de los adultos.

¿Qué señales debe observar la familia antes de buscar ayuda profesional?

Además de los síntomas clásicos, como una gran dificultad para mantener la atención, concentrarse y enfocarse, así como la hiperactividad motora o la impulsividad en el comportamiento, existen otras señales y características a las que los padres deben prestarles atención.

Las señales cambian según la etapa de la vida:

  • En la infancia: dificultad extrema para regular el comportamiento, energía inagotable, (agitación motora), problemas para dormir, dificultad para conservar amistades y dificultades en el aprendizaje.
  • En la adolescencia y la vida adulta: la hiperactividad física tiende a disminuir y se convierte en una “hiperactividad mental”, caracterizada por pensamientos acelerados y ansiosos. También se hacen evidentes la impulsividad, la búsqueda excesiva de adrenalina, los olvidos crónicos y la dificultad para concluir proyectos a largo plazo.
  • Atención especial a las niñas y las mujeres: la población femenina ha sido históricamente subdiagnosticada porque tiende a presentar un perfil predominantemente desatento. Por lo general, ellas no interrumpen las clases ni se suben a los pupitres, sino que se “pierden” en sus pensamientos. El esfuerzo silencioso que realizan para prestar atención las lleva frecuentemente al agotamiento, por lo que muchas reciben de manera equivocada únicamente un diagnóstico de ansiedad o depresión durante la vida adulta.

¿Cómo puede impactar un diagnóstico en la rutina familiar? ¿Y en el trabajo, en el caso de los adultos? En cuanto a los niños, ¿cómo afecta su rutina escolar?

Recibir un diagnóstico tardío no es fácil, pues hace aflorar el peso de toda una vida de dificultades que no fueron comprendidas. Sin embargo, suelo afirmar que el diagnóstico es liberador.

Cuando se realiza de manera completa, no solo da un nombre al trastorno, sino que también permite identificar el perfil del paciente y sirve como base para el tratamiento. Conocer la causa biológica de tantas frustraciones ayuda a restaurar matrimonios, mejorar el desempeño laboral y favorecer el rendimiento académico.

En el caso de los niños, el diagnóstico temprano es aún más importante. Además de proteger su trayectoria escolar, contribuye al desarrollo de una identidad saludable y previene la aparición de comorbilidades en el futuro, como ansiedad grave, depresión, compulsiones alimentarias y el consumo de alcohol y drogas, problemas muy frecuentes en adultos con TDAH que no recibieron tratamiento.

¿Cómo puede contribuir la familia a crear un ambiente más comprensivo?

Imagine que la persona con TDAH pasa todo el día “luchando” contra su propio cerebro para lograr prestar atención, regularse, socializar y desempeñarse bien en el trabajo o en la escuela. Es agotador. Cuando llega a casa, necesita encontrar un “puerto seguro”.

Por lo tanto, el hogar debe ser un lugar donde pueda bajar la guardia, relajarse y recuperar las energías. Brindar apoyo significa encontrar un equilibrio entre el estímulo para que la persona mejore y la flexibilidad y la gracia necesarias para comprender las habilidades que todavía no están completamente desarrolladas.

Este alivio de la presión constante no solo mejora la calidad de vida, sino que también revela, con frecuencia, a personas con talentos extraordinarios, una gran creatividad y empatía.

¿Qué pequeños cambios en la organización del hogar pueden marcar una gran diferencia para quienes viven con este trastorno?

La familia necesita actuar como una aliada estratégica. Como el TDAH afecta la autorregulación, el entorno externo debe “prestarle” al cerebro la organización que necesita.

Algunos pequeños cambios que pueden producir un impacto enorme son:

  • Rutinas visibles: los horarios y las reglas deben estar claros y expuestos en pizarras o carteles, y no solamente comunicarse de manera verbal.
  • Previsibilidad: al cerebro de una persona con TDAH le resulta difícil afrontar sorpresas que exigen un cambio rápido de foco.
  • Sistemas de recompensa: los refuerzos positivos e inmediatos por las tareas concluidas ayudan a compensar la falta de dopamina y mantienen a la persona motivada para colaborar en el hogar.

¿Cómo pueden los padres establecer límites sin recurrir a críticas constantes o castigos excesivos?

El primer paso es la psicoeducación de los propios padres, recordando que, debido al componente genético, es muy común que uno de ellos descubra que también tiene TDAH durante la evaluación de su hijo.

Con la orientación adecuada, los padres comprenden un dato científico liberador: una persona con TDAH puede presentar un retraso de aproximadamente el 30 % en el desarrollo de sus funciones ejecutivas (organización, control de los impulsos y regulación emocional) con respecto a su edad cronológica.

Por ejemplo, comprender que un adolescente de 15 años puede tener la madurez organizativa de un preadolescente de 10 años lo cambia todo. Esto disminuye las críticas severas y coloca a los padres en la posición de brindar apoyo, buscando métodos de enseñanza más eficaces y menos punitivos.

En cuanto a las comparaciones, ¿cómo pueden afectar la vida y el desarrollo emocional de una persona con este trastorno?

Las comparaciones injustas son destructivas para cualquier persona, pero en quienes tienen TDAH los daños son exponenciales.

Existe una condición asociada al trastorno denominada “disforia sensible al rechazo” (DSR), que consiste en un sufrimiento emocional intenso ante las críticas, las comparaciones o los fracasos. El cerebro de quien experimenta DSR procesa la desaprobación como un dolor físico agudo. Esta vulnerabilidad nace de la combinación entre las dificultades biológicas de desempeño propias del TDAH y toda una vida escuchando comparaciones. El resultado es un adulto paralizado por el miedo a equivocarse o decepcionar a los demás.

¿La espiritualidad, la convivencia familiar y el apoyo de la comunidad pueden contribuir al bienestar emocional de una persona con TDAH?

Cuando estas personas participan activamente en la comunidad de la iglesia y encuentran un sentido de propósito, suelen dirigir su hiperfoco hacia esas actividades. El apoyo de la comunidad, el contacto con la diversidad y la confianza de los hermanos en la fe constituyen importantes fuentes de apoyo emocional.

Incluso la Biblia nos muestra que Jesús supo recibir y acompañar a personas con personalidades intensas. Tomó a Juan, el impetuoso “hijo del trueno”, y lo transformó en el “discípulo del amor”. La comunidad espiritual es un lugar de gracia, pertenencia y transformación, donde la persona con TDAH tiene todas las posibilidades de hacer fructificar sus talentos.

Día Mundial de la Concientización sobre el TDAH

Celebrado el 13 de julio, el Día Mundial de la Concientización sobre el TDAH busca incentivar el diagnóstico temprano, la información y el acompañamiento, además de combatir los prejuicios. La fecha fue propuesta en 2012 por el psicólogo, profesor e investigador Russell Barkley, uno de los principales especialistas en el tema.

Sin embargo, la concientización sobre el TDAH va más allá de brindar información: implica estar dispuestos a comprender que cada persona aprende, organiza sus pensamientos y enfrenta sus desafíos de maneras diferentes. Al sustituir los juicios por el diálogo, las críticas por la orientación y las expectativas irreales por el apoyo, es posible crear un ambiente comprensivo y seguro, reconocer las necesidades del otro y ofrecerle las condiciones necesarias para que desarrolle sus talentos y viva con dignidad y esperanza.


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