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Diego Barreto

Diego Barreto

El Reino

Vivir ya el Reino de Dios mientras él todavía no volvió. Una mirada cristiana al mundo contemporáneo.

Gracia irritante

Sé que probablemente ese título le incomodó. Y era precisamente ese sentimiento que me gustaría que usted experimentase para entender lo que será dicho en este texto. La gracia puede ser una gran incomodidad, razón de irritación e ira, inclusive. Todo va a depender de nuestro propio punto de vista sobre el mundo. Nuestra perspectiva y visión del mundo define inclusive cómo percibimos la gracia de Dios. Y es eso lo que quiero abordar.

Usted seguramente recuerda la historia que Jesús contó, que llamamos la parábola del hijo pródigo (Lucas 15). En ella, un hijo rebelde decide despilfarrar toda su herencia en prostitutas y placeres. Alcanzado por una crisis económica local y ya sin sus bienes, que gastó disolutamente, quedó expuesto y destruido. Fue a parar a la peor de las circunstancias, en compañía de los cerdos, al punto de anhelar su comida. Usted sabe, un día él resuelve volver a casa para ser tratado como uno de los siervos de su padre, pero el padre no lo aceptó como siervo. Contrariando las expectativas, lo restituyó a la familia que él un día rechazara y promovió una fiesta de celebración.

Es cuando entra en cena el hermano mayor. Alguien que jamás salió de las cercanías de la casa del padre, al contrario, estuvo con ellos en los peores momentos, soportó toda la ausencia de su hermano en casa, siempre fiel a su padre. Cuando llega y encuentra una fiesta para el hermano rebelde, se rebela. Y con cierta razón. Digo “cierta” razón, porque según la perspectiva del hermano mayor, su visión del mundo, su hermano realmente no era digno de nada de aquello. La cabeza del hermano mayor entiende el mundo por medio de la perspectiva del mérito. El valor de las cosas está en su realización, su mente es meritocrática. Importa hacer lo que es correcto, cumplir las leyes, obedecer, cumplir las reglas y hacer lo que es bueno. El valor de una persona está en cumplir esos papeles.

Entonces, bajo esa perspectiva, él comienza a citar sus propios méritos por haber permanecido en casa, y por haber sido siempre fiel y obediente. ¡Pero no se engañe aquí! Él no está siendo orgulloso al señalar sus propios méritos, queriendo exhibir su propio carácter en favor personal. Lo que él realmente está haciendo es tratar de agredir a su hermano. Al exponer sus valores personales, sus méritos, exhibía al mismo tempo la ausencia de los mismos por parte del hermano. No es que él quisiese ser celebrado, sino que su hermano no lo fuese, porque en su visión, no era digno. Y es ahí que afirmo que tenía “cierta razón”. Porque desde el punto de vista de quien ve el mundo desde la perspectiva del mérito, el perdido estaba siendo celebrado, cuando lo que debería esperarse era un castigo.

El padre argumenta: “Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos”. El padre reconoce la “necesidad” de alegrarse por el hijo perdido que volvió, diciendo: “porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. Aquí el padre, que representa a Dios, nos está diciendo aquello que ya fue dicho en las parábolas anteriores del capítulo 15 de Lucas (la oveja perdida y la dracma perdida). Está diciendo que, en la perspectiva de Dios, la alegría no está en el castigo, sino en la salvación. La alegría no está en perder a alguien, por más indigno que sea, sino en encontrar un perdido. Él está diciendo: Si yo pensase como ustedes, nunca habría venido aquí a salvarlos, porque ustedes son la “oveja perdida” de mi Universo.

¡Esa es la gracia divina! Salva al indigno, al que no lo merece, al rebelde, al perdido, al muerto, y se alegra por esto. Y eso es ofensivo para los que ven el mundo desde el punto de vista del mérito. La gracia agrede a los que tienen la cosmovisión meritocrática. Para éstos, es una ofensa. ¿Cómo puede Dios perdonar tan fácilmente? ¿Cómo puede perdonar al transgresor? Al transgresor, castigo, a los “justos”, salvación. Pero Jesús viene para decir que la “cosmovisión” de Dios es otra. En la forma que Dios ve las cosas, la alegría está en salvar al que no puede salvarse a sí mismo. Para Dios la alegría está en DAR, no en COBRAR. Dios no piensa como nosotros. Él es bueno. Nosotros tratamos de usar el bien que realizamos para agredir a los que no consideramos dignos. Es por eso que para muchos religiosos la gracia es ofensiva.

En la parábola de Mateo 20, Jesús cuenta que un empleador contrató hombres para trabajar en períodos diferentes en su viña. Y, al final, pagó a todos el valor combinado de un salario diario. Los que trabajaron más horas reclamaron porque los que trabajaron menos horas ganaron la misma sumar. El dueño de la viña, que representa a Dios, pregunta: “¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?” En otras palabras, ¿ustedes se incomodan y se ofenden porque fui generoso con quien trabajó menos?

¿Por qué no cambiar nuestra forma de ver el mundo a algo más parecido a la de nuestro Dios? ¿Por qué, en vez de juzgar a los otros, hacer comparaciones, y desear menos al prójimo, la gente no mira la gracia de Dios y dice: “¡Qué padre amoroso tengo, aceptó de vuelta a mi hermano indigno!” “¡Qué empleador bondadoso, pagó el salario completo a quien no pudo trabajar todo el día!” “¡Qué Dios maravilloso, nos quiere salvar aun con nuestras fallas!”?. La gracia es el alivio del perdido y el tormento del justiciero.

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