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Un plan de discipulado para formar nuevos discipuladores

La Convención Joven Maranata fue el comienzo de la estrategia dirigida al fortalecimiento de los jóvenes adventistas.


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Jóvenes de diferentes países conocieron las bases para colocar e impulsar un plan de discipulado y apoyar el desarrollo de otras personas. (Foto: Damáris Gonçalves)

Dos años separan el inicio de un plan de la realización de un sueño. La Convención Joven Maranata nació a partir del deseo de impulsar la influencia de los jóvenes adventistas en sus comunidades locales y fortalecer la visión de discipulado para que continúen preparando personas para el regreso de Jesús.

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Aunque haya comenzado con un evento, realizado del 29 de mayo al 1° de junio de este año en Brasilia, Maranata es un plan a largo plazo que tiene como objetivo preparar personas, establecer diálogos y generar cooperación entre las diferentes generaciones para que, juntas, otras personas puedan conocer a Cristo. Para eso, se extrajeron cuatro ejes de las consonantes de la palabra Maranata que orientarán ese trabajo. Son MRNT, que se expanden a: Misión, Relación, Nutrición y Templo.

En esta entrevista, con la Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN), el pastor Carlos Campitelli, director de los jóvenes adventistas para ocho países de Sudamérica y organizador general del encuentro, detalla el papel de esos hombres y mujeres en el proceso de hacer discípulos e inspirar a otros jóvenes.

Para Campitelli, el joven adventista tiene un papel fundamental como protagonista en el cumplimiento de la misión de la Iglesia. (Foto: Ellen Lopes)

¿Por qué preparar una convención joven para 20 mil personas? ¿Qué impacto se espera que tenga en la vida de quien estuvo en este encuentro histórico?

Al tener más de 750 mil jóvenes adventistas en toda Sudamérica, tuvimos una representatividad de estos jóvenes. El objetivo era que fueran inspirados e integrados en el cumplimiento de la misión de la Iglesia para que puedan entender su propósito y así multiplicar acciones, visión misionera y ese plan de discipulado en la iglesia local. Y, también, provocar la reflexión, el pensamiento y la acción para los tiempos tan complejos que estamos viviendo.

Maranata no es un evento, sino un plan de discipulado para los próximos años. ¿Qué se espera alcanzar con eso?

Maranata es una celebración de lo que Dios ya ha realizado a lo largo de los años con estos jóvenes bonitos que tenemos en Sudamérica y, al mismo tiempo, una oportunidad para construir las bases para un plan de discipulado joven consistente, en continuidad a lo que ya está siendo realizado, pero con otra forma u otra perspectiva, con un modelo que pueda ayudar a las iglesias locales a poder vivir el discipulado de manera real, de manera concreta, y que también ayude a los líderes como un todo.

Eso incluye no solo a los jóvenes, sino también a los pastores y al ancianato con respecto al papel que tenemos como Iglesia en el cuidado y en el compromiso de la misión en lo que se refiere a los jóvenes. O sea, multiplicar ese plan es más que un simple eslogan o un pequeño folleto: está relacionado a una visión dirigida al cumplimiento de la misión, con el joven como protagonista de la misma.

¿Cómo los líderes locales pueden impulsar tanto la participación como la relevancia estratégica que esos jóvenes tienen para la misión de la iglesia?

En primer lugar, siempre tenemos que recordar que algún día fuimos jóvenes y que alguien tuvo paciencia con nosotros y nos abrazó cuando estábamos mal; nos dio un consejo en un momento difícil. Esperamos que los líderes de jóvenes tengan esa perspectiva de abrazar, acoger, pero al mismo tiempo guiar, direccionar, orientar, inspirar. Líderes que puedan inspirar a esta generación y sean referentes reales para estos jóvenes que carecen de referentes en el mundo en el que vivimos.

Al tener una iglesia receptiva, con un foco claro en la participación activa de los jóvenes, no simplemente en un pequeño proyecto, sino en un liderazgo conjunto, entendemos que será una iglesia mucho más saludable, que podrá crecer con más fuerza, con más insistencia. De esa manera, el joven entenderá que tiene un espacio activo en ese lugar. Con eso, podrá sentirse parte de ese desarrollo, de ese proyecto, de esa misión, de esa visión en la iglesia local, y así permanecer y liderar a la iglesia que será la que verá a Jesús regresar.

Y después de dos años de preparación, ¿qué representa la realización de un sueño que comenzó hace mucho?

No tengo hijos, pero me imagino que cuando uno tiene un hijo, especialmente por primera vez, uno agradece a Dios por el privilegio de pasar por diferentes etapas de ese sueño y, al mismo tiempo, por ver la confirmación de lo que fue plantado en el corazón no solo de una persona, sino en la mente y el corazón de muchos líderes que aman a los jóvenes y quieren lo mejor para ellos.

Hay un sentido de agradecimiento, de realización del compromiso solemne que tenemos con la Iglesia, con Dios y con los jóvenes que él puso en nuestras manos. Ahora redoblemos ese compromiso y continuemos firmes, entendiendo que esos jóvenes tienen un propósito y juntos podremos continuar avanzando. Hay una gran alegría, pero también está el desafío personal y colectivo de continuar enfocados en lo que Dios nos confió en este mundo, que es hacer discípulos, anunciar el regreso de Jesús y verlo regresar en nuestros días.

Usted habló sobre hacer discípulos, y eso es lo que Maranata también tiene como objetivo. ¿Cómo esos jóvenes pueden continuar siendo una influencia en su comunidad, haciendo discípulos en el día a día?

Cuando el joven tiene una identidad clara con Cristo, entiende su propósito. Eso da identidad, pero esta es reforzada a través de la misión. Y la misión, que es un camino de doble mano, es una base para que la persona entienda de dónde viene y hacia dónde va. Una vez que es consciente de eso, sale por los poros querer hablarles a otras personas y decirles: “Mire, yo vivo eso”. Incluso sin palabras, él será una influencia poderosa en su carrera, en su universidad, en su trabajo.

Pero es necesario realmente vivir ese camino que el joven un día aceptó y mostrar, de hecho, que tener a Jesús es todo; tener a Jesús y vivir con él es un proceso natural de crecimiento para volverse una nueva criatura. Y eso va a traslucir de tal forma que él podrá hacer discípulos para que otros vean a la persona mayor, que es Jesús.

Conoce más sobre el Maranata Plan en el siguiente video:


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