Solidaridad y agilidad caracterizan la respuesta al terremoto en Myanmar
La agencia humanitaria adventista está realizando esfuerzos para aliviar el sufrimiento de los habitantes locales.

En medio del caos que dejó un terremoto de magnitud 7.7 que sacudió el corazón de Myanmar el 28 de marzo de 2025, emergió una cadena de solidaridad. El epicentro, en las cercanías de Mandalay, provocó olas de destrucción que se extendieron por seis estados y regiones, entre ellas Sagaing, Bago y S. Shan. Más que números, la tragedia expuso la vulnerabilidad de millones de personas, pero también reveló la fuerza de una respuesta humanitaria coordinada y determinada.
El devastador temblor que se dio a poca profundidad, apenas a 10 kilómetros, agravó sus efectos y fue sentido en diversos países de Asia, incluyendo China, India y Tailandia. Las consecuencias fueron inmediatas y alarmantes. Los datos divulgados este jueves muestran que casi 3 mil personas perdieron la vida y aproximadamente 5 mil quedaron heridas. Se estima que más de 6.1 millones de personas han sido directamente expuestos al impacto del desastre, que movilizó autoridades y equipos humanitarios en una de las mayores operaciones de respuesta de los últimos años.
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Los hospitales colapsaron, las escuelas se desplomaron y los templos históricos fueron reducidos a escombros. La Universidad de Mandalay sufrió un incendio después de la sacudida. Familias enteras perdieron sus casas y están viviendo en espacios abiertos, enfrentando el miedo constante de nuevos temblores, pues ya se han registrado más de 40 réplicas.
La fuerza de una respuesta colectiva
En cuestión de horas, organizaciones humanitarias locales e internacionales entraron en acción. La Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA), por medio de su equipo de respuesta a emergencias (ERT), desempeñó un papel central. Con equipos enviados a las regiones más afectadas, la respuesta incluyó:
● Evaluación rápida de las necesidades (RNA) en Mandalay, Sagaing, Bago y S. Shan;
● Movilización de voluntarios entrenados y socios comunitarios;
● Participación en grupos de trabajo temáticos (salud, protección, asistencia alimentaria, mercado y dinero);
● Coordinación directa con OCHA y otras agencias humanitarias;
El foco fue inmediato: identificar las necesidades críticas de la población y actuar con agilidad.

Datos de campo: una dura realidad
La evaluación realizada en 19 pueblos de S. Shan reveló una situación alarmante:
● El 73% de las personas estaban en refugios improvisados;
● La mitad de las letrinas y sistemas de agua estaban dañados;
● Más del 40% de la atención médica estaba más allá de la capacidad de los puestos de salud;
● Escuelas dañadas y educación suspendida;
● Grupos vulnerables expuestos a riesgo: niños, ancianos y personas con deficiencias.
La respuesta no se limitó a la ayuda de emergencia. Las comunidades fueron escuchadas y sus prioridades guiaron los siguientes pasos: kits de refugios, ítems de higiene, alimentos y asistencia médica.
La humanización de la ayuda
ADRA siguió los protocolos de comunicación que refuerzan su responsabilidad ética. No se utilizó ninguna imagen de colaboradores uniformados o que puedan ser identificados. Los mensajes públicos priorizan la dignidad de los beneficiarios, con foco en la reconstrucción y la resiliencia. La organización también dejó claro que no realiza operaciones de búsqueda y rescate: su misión es humanitaria.
Ayuda multipropósito en efectivo
Con el objetivo de respetar la dignidad y la autonomía de las familias afectadas, se implementó un programa de Ayuda Multipropósito en Efectivo (MPCA). Cada familia recibió 360.000 MMK (cerca de USD$137), permitiendo que priorizaran sus propias necesidades.
El plan prevé atender a 1.800 familias en Sagaing, Mandalay y S. Shan, con recursos que sobrepasan los 591 millones de MMK, lo que es posible gracias al apoyo de socios como BHA, MHF y JPF.
Desafíos persistentes
A pesar de la agilidad de la respuesta, la situación aún presenta grandes desafíos:
● Acceso físico limitado: calles dañadas, puentes destruidos y áreas con minas terrestres;
● Falta de coordinación centralizada: superposición de esfuerzos o lagunas en la asistencia;
● Comunicación inestable: señales de teléfono e internet intermitentes;
● Escasez de recursos: medicamentos, ítems de higiene, alimentos y agua potable;
● Riesgo continuo de réplicas: que mantienen a la población en estado de alerta.
Un futuro en reconstrucción
En las próximas semanas, el plan de ADRA avanza hacia la recuperación. La estrategia tiene que ver con el fortalecimiento de los sistemas locales, la capacitación de las comunidades y el seguimiento continuo. El calendario incluye acciones de reconstrucción, apoyo psicoemocional y nuevas etapas de evaluación.
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