Sede sudamericana adventista celebra 110 años y fortalece presencia misionera en el continente
La oficina de la Iglesia Adventista para ocho países sudamericanos, organizada en 1916, sigue siendo un puente misionero entre naciones.

Una historia que está marcada por fe, misión y servicio. En 2026, la División Sudamericana (DSA), sede administrativa de la Iglesia Adventista del Séptimo Día para ocho países de Sudamérica, celebra 110 años. La institución trabaja en la predicación del evangelio, la comunicación, la acción social y el voluntariado, además de enviar misioneros a los lugares más diversos y aislados del mundo para compartir el mensaje de esperanza.
Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay componen el territorio bajo su responsabilidad. Juntos suman más de 2,6 millones de miembros. Para ello, cuenta con el trabajo directo de 16 uniones, oficinas responsables del trabajo de la Iglesia en uno o más departamentos/estados o países, además de una amplia red educativa y de salud. Con más de un siglo de logros y desafíos, la División Sudamericana mantiene su propósito en la misión de anunciar el pronto regreso de Jesús.
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Estructura administrativa
La Iglesia Adventista del Séptimo Día posee una estructura organizacional que va desde la iglesia local hasta la sede mundial. Este modelo garantiza que la misión y el trabajo administrativo sean continuos, además de considerar las particularidades regionales.
Las iglesias locales son los espacios donde los miembros se reúnen para adorar, alabar, estudiar la Biblia y compartirla con su comunidad. Las asociaciones y misiones son sedes administrativas formadas por un grupo de iglesias locales en una determinada región.
Las uniones son oficinas que ofrecen apoyo y orientación a las asociaciones y misiones en territorios que pueden abarcar uno o más estados/departamentos o un país. Luego viene la Asociación General, sede mundial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ubicada en los Estados Unidos, la cual está compuesta por las Uniones.
Dentro de toda esta estructura organizacional se encuentran las divisiones, que son extensiones de la Asociación General para determinadas regiones del mundo. Entre sus atribuciones está mantener la unidad de la Iglesia a nivel mundial, además de ofrecer directrices para que el mensaje del evangelio sea anunciado globalmente, sin distinción de pueblos o culturas.
Más de un siglo de crecimiento
Celebrar los 110 años de la División Sudamericana es reconocer el esfuerzo de pioneros, líderes, miembros, colaboradores y voluntarios, además del compromiso continuo con el mensaje de esperanza, la transformación de vidas y el cuidado de Dios.
A lo largo de esta trayectoria, la presencia del adventismo en Sudamérica ha crecido cada año, incluso en temas actuales, como el uso responsable de la inteligencia artificial y el debate profundo de asuntos cotidianos desde una perspectiva bíblica.
“Más que celebrar el pasado, estos 110 años son una invitación a seguir orando, confiando y poniéndonos en las manos de Dios para que él nos use aún más en el cumplimiento de la misión y para llegar a más personas, hasta la vuelta de Jesús”, enfatiza el presidente de la Iglesia Adventista para el territorio, pastor Stanley Arco.
De cientos a miles
Incluso antes de la creación de la División Sudamericana, que ocurrió en 1916, el pastor Frank H. Westphal fue enviado a Sudamérica. Llegó en 1894 y encontró cerca de 150 adventistas. En 1916, año en que la institución fue organizada, ya había 4.903 miembros distribuidos en 88 iglesias.
El aumento de miembros refleja la fuerza de los pioneros adventistas que, aun en medio de dificultades, llevaban el mensaje de esperanza a los lugares más desafiantes. A pie, a caballo o en barco, el objetivo era alcanzar personas. Independientemente de los largos días de viaje o de los desafíos encontrados en el camino, el propósito misionero era mayor que cualquier obstáculo.
Así ocurrió con la historia de Thomas Davis, un colportor (misionero que evangeliza por medio de la literatura) que llegó a Ecuador en agosto de 1904 y luchó para llevar el mensaje adventista al país, perdiendo a su esposa por una enfermedad tropical. Sin embargo, tras un mes de luto, presenció el bautismo del primer ecuatoriano que aceptó a Cristo. Y el 15 de junio de 1912 fue organizado el primer templo adventista de Ecuador, con apenas ocho miembros.
Pioneros que transformaron el presente
Los pioneros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Sudamérica no podrían haber imaginado todo lo que sucedería desde entonces, como la promoción de un estilo de vida saludable para alcanzar a más personas y el crecimiento significativo de la educación a nivel mundial.
A lo largo de más de un siglo, miles de historias de transformación han sido registradas. Desde testimonios de cambio de vida a partir de un libro recibido o de un programa en la TV Nuevo Tiempo, hasta una voz desconocida en una frecuencia de radio llevando esperanza en momentos difíciles con los locutores de la Radio Nuevo Tiempo, además de reportajes que evidencian el trabajo misionero de los miembros y las iglesias locales.
Con proyectos e incentivos misioneros, la Iglesia Adventista en Sudamérica continúa queriendo alcanzar a la comunidad en general, siempre con una mirada hacia el prójimo, el cuidado y el bienestar de los demás.
Un mensaje para todos
El presidente de la Iglesia Adventista para Sudamérica destaca la alegría de ver cuántas personas se han identificado con el mensaje de esperanza, comprendiendo la segunda venida de Cristo y uniéndose a la denominación.
“Nosotros hemos visto cómo Dios ha guiado a su Iglesia en este vasto territorio a lo largo de todos estos años, y continuamos el trabajo de los pioneros que se dedicaron a impactar la vida de miles de personas. Los tiempos han cambiado, pero el mensaje sigue siendo el mismo”, enfatiza.
Para él, compartirlo es una responsabilidad colectiva. “Esta es una misión de todos. Y para que podamos crecer juntos es necesario planificación y estudio, incluyendo atención a las nuevas generaciones”, explica. También añade que este es un momento especial para “alabar a Dios por todo lo que él ha hecho a lo largo de esta historia y por su fiel conducción en la misión en toda Sudamérica”.

Más de un siglo de curiosidades
- Los miembros fueron los pioneros de las iglesias, ya sea mediante grupos pequeños o esfuerzos comunitarios para la construcción de un templo.
- En algunas regiones, el primer contacto con el mensaje adventista ocurrió a través de colportores que recorrían largas distancias a pie, a caballo o en barco.
- Jorge Riffel es considerado el primer colportor de Sudamérica, especialmente en la región de Entre Ríos, en Argentina, a fines del siglo XIX.
- El primer templo adventista en Argentina fue organizado en 1894, en la provincia de Entre Ríos, con cerca de 36 miembros.
- En junio de 1895, en Santa Catarina, Brasil conocía su primera congregación adventista.
- Uruguay organizó su primer templo en 1896 con 18 miembros. Un mes después, en diciembre, fue el turno de Chile, con la congregación adventista de San Felipe.
- En 1899, Perú recibió su primer templo.
- En 1903, con 14 miembros, fue organizada la Iglesia Adventista en Paraguay.
- En Bolivia, la primera congregación fue fundada en 1920 con 25 miembros.
- Hoy, la División Sudamericana está entre las regiones con mayor número de miembros adventistas del mundo.
- Los proyectos misioneros por medio de barcos alcanzan lugares aislados por grandes ríos. En estas acciones, voluntarios ofrecen apoyo espiritual y diversas asistencias, incluso médica.
- Una de las mayores redes de comunicación adventista se encuentra en Sudamérica, con contenido en portugués y español, lo que amplía el alcance del mensaje.
Cambios para crecer
El pastor Edward Heidinger, secretario ejecutivo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día para ocho países de Sudamérica, explica que los principales hitos de estos 110 años están relacionados con los cambios de sede administrativa, que representan diferentes fases del desarrollo de la denominación en el territorio sudamericano. “En Buenos Aires fue una etapa fundacional; la de Montevideo fue de consolidación, y desde Brasilia vivimos una fase de expansión masiva de la Iglesia”, resume.
En 1951, la sede de la División Sudamericana fue trasladada de Argentina a Uruguay. Entre las razones estuvo la situación económica y financiera del país. Además de una seria amenaza a la libertad religiosa, incluso con restricciones a publicaciones de la denominación, como el Folleto de la Escuela Sabática (lección de la Escuela Sabática).
Historia
Uruguay, en ese momento, era conocido como la “Suiza sudamericana” debido a su sistema de gobierno colegiado, facilidades y garantías bancarias. Además de la libertad existente. La crisis económica de las décadas de 1950 y 1960, que afectó a Sudamérica en general, mostró que la decisión de trasladar la sede a Uruguay había sido acertada. La moneda local fue una de las menos afectadas por la inflación.
Sin embargo, la situación financiera del país no se mantuvo estable por mucho tiempo y surgieron nuevas preocupaciones administrativas, además de la necesidad de ampliar la estructura del edificio debido al crecimiento del número de miembros e iglesias.
También aumentó la preocupación por las amenazas de movimientos populares contra empresas o instituciones norteamericanas, ya que la sede de la Iglesia Adventista en Sudamérica estaba compuesta en gran parte por ciudadanos estadounidenses.
Sede actual
Paralelamente, Brasilia se levantaba como la nueva capital de Brasil, con un enfoque en la modernidad y la organización. Además de la mezcla cultural que comenzaba a caracterizar la región. La posibilidad de trasladar la sede de la Iglesia Adventista en Sudamérica a Brasil ya había sido discutida en reuniones anteriores.
La decisión final se tomó en 1976, considerando también que Brasil es el país más grande del territorio de la División y concentra el mayor número de adventistas en una sola región.
Así, desde hace 110 años, la sede de la Iglesia Adventista del Séptimo Día continúa presente y en crecimiento en sus ocho países. Ha alcanzado y ayudado a personas en todo el mundo mediante acciones sociales, proyectos misioneros y voluntarios siempre dispuestos a ir y servir. E incluso ha enviado de cientos de personas para fortalecer el trabajo de la denominación en otras partes del planeta.
Referencias:
GULLÓN, Roberto. Uma Semente de Esperança - História da Estrutura Denominacional. São Paulo: Tatuí: 2015.
https://institucional.adventistas.org/es/quienes-somos/identidad/nuestra-historia