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Tengo cáncer. ¿Y ahora?

El diagnóstico no es una sentencia de muerte. Conozca las posibilidades de tratamiento y consejos para enfrentarlo.

Por Tatiana Barros, Gustavo Buscacio y Rafael Ruback 4 de febrero de 2021

Hay muchas posibilidades de tratamiento para el cáncer, independientemente del estado de la enfermedad. (Foto: Shutterstock)

El cáncer es el problema principal de salud pública en el mundo y está entre las cuatro mayores causas de muertes prematuras (antes de los 70 años) en la mayoría de los países. La incidencia y la mortalidad por la enfermedad fueron aumentando, en parte por el crecimiento y envejecimiento de la población, como también por el cambio en la distribución y en la prevalencia de factores de riesgo, especialmente los asociados al desarrollo socioeconómico.

También se verifica una transición de los principales tipos de cáncer observados en los países en desarrollo, con la disminución de los asociados a infecciones y el aumento de los tipos relacionados a la mejora de las condiciones socioeconómicas y la consecuente incorporación de hábitos urbanos (sedentarismo, alimentación inadecuada, etc.). Por otro lado, los últimos años fueron marcados por avances importantes en el desarrollo de terapias oncológicas nuevas, cada vez más efectivas y con efectos colaterales menores.

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A pesar de esto, recibir un diagnóstico de cáncer todavía pesa. Muchos pacientes salen del consultorio en estado de pánico y con muchas inseguridades, imaginando complicaciones que no necesariamente son verdaderas o probables de suceder. Esa ansiedad es fruto de mitos o relatos de personas con contextos clínicos diferentes, no reflejando la realidad individual, siendo que cada paciente tiene una enfermedad individual única y nunca debe compararse a la historia del otro. Las principales dudas giran en torno a las posibilidades de cura, los efectos colaterales del tratamiento y en cómo impactará el diagnóstico en su rutina. Todo eso puede y debe ser respondido por los médicos y demás profesionales de la salud involucrados en la atención, evitando así informaciones no confiables, aunque vengan de personas bien intencionadas.

Después del diagnóstico es necesario entender el perfil del cáncer para poder recurrir a las mejores armas para combatirlo. Hoy esto se puede lograr con el mapeo genético y el avance de técnicas laboratoriales. Otra etapa fundamental es el estadiaje, que son exámenes que investigan dónde puede estar el cáncer, además del órgano primario que lo generó. En esta fase, también se identifica el estado (inicial o avanzado), que define si el tratamiento tendrá intención curativa o paliativa.

Actualmente hay diversas terapias disponibles, desde las más antiguas y consagradas, como la cirugía y quimioterapia, hasta las más modernas y tecnológicas, como la inmunoterapia, terapia meta, radiocirugía, cirugía robótica y procedimientos por radio intervención. Cada una de ellas tiene sus indicaciones, beneficios y riesgos. Aun las terapias paliativas pueden ser efectivas para controlar los síntomas, inhibir el avance de la enfermedad y mejorar la calidad de vida del paciente, y hasta algunos casos de metástasis pueden volverse crónicos, gracias a ellas. En resumen, el diagnóstico del cáncer, independientemente de la etapa, no debe entenderse como una sentencia de muerte, pues siempre es posible algún tratamiento y/o ayuda al paciente.

Consejos de oro para quien recibió el diagnóstico de cáncer

  • Entienda su enfermedad. Es muy importante comprender su diagnóstico, pronóstico, fases del tratamiento y sus efectos colaterales. Para eso, construya una relación de confianza con su médico. Aun cuando fue identificado un estado avanzado de cáncer, busque saber las opciones de terapia para tener el control de la situación.
  • Mantenga un estilo de vida saludable. Aliméntese bien todos los días, invirtiendo en frutas, legumbres, vegetales y granos. En lo posible, disminuya el consumo de azúcares, carne roja, grasas y productos industrializados. Beba más agua. Sea activo, practique ejercicios físicos moderados como caminata, natación e hidrogimnasia (converse con su médico antes de iniciar cualquier actividad).
  • Intégrese con el equipo. Los tratamientos para el cáncer son cada vez más complejos y, por lo tanto, más completos. Los oncólogos, radioterapeutas, enfermeros, nutricionistas, fisioterapeutas y asistentes sociales trabajan juntos para individualizar la terapia, aumentando las posibilidades de éxito. Converse abiertamente con el equipo que lo acompaña sobre sus dudas y ansiedades; realice anotaciones para no olvidar algo importante.
  • Acepte ayuda y tenga una red de apoyo. El afecto le proporciona una fuerza extra que le ayudará a sobreponerse a las dificultades. Ese apoyo puede venir de la familia, los amigos, los colegas de trabajo y de comunidades, como la iglesia.
  • Sea optimista y tenga fe en Dios. Un estudio elaborado por la Universidad de Sao Paulo (USP) mostró que la religiosidad fortalece a los pacientes que luchan contra el cáncer. Y otra investigación desarrollada por la Universidad de Duke, en los Estados Unidos, constató que los pacientes que se valen de prácticas religiosas presentaron 40% menos de posibilidades de sufrir depresión durante el tratamiento, indicando que la fe representa un refuerzo al sistema inmunológico.

Día Mundial de la lucha contra el Cáncer

En el año 2000, la Unión Internacional para la lucha contra el cáncer (UICC), con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el día 4 de febrero como una fecha para movilizar a la comunidad internacional en esa lucha. El objetivo es concientizar a la sociedad sobre el tema para reducir los estigmas y las injusticias causadas por la enfermedad.

Al tratarse de prevención, vale resaltar que el desarrollo de buenos hábitos, como una alimentación saludable, la práctica de actividades físicas regulares y la abstención de bebidas alcohólicas y del tabaco, puede reducir significativamente el riesgo de diversas neoplasias y enfermedades cardiovasculares, siendo, por lo tanto, una medida importante de prevención del cáncer. Tales actitudes deben ser estimuladas desde la infancia, a partir del ejemplo de los propios padres, familiares y de la comunidad que los rodea. En esa franja etaria, además de construirse los hábitos de vida, la exposición a factores ambientales puede afectar la estructura o la función de órganos, tejidos o sistemas corporales, interfiriendo intensamente en el futuro de la salud del individuo.

 

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