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Camino que tiene retorno

Entiende por qué el suicidio es considerado una epidemia global y cómo tú puedes ayudar a cambiar ese escenario preocupante.

Por Leonardo Siqueira 22 de septiembre de 2020

El 10 de septiembre fue un momento para recordar el tema de la lucha contra el suicidio en todo el planeta. (Foto: Shutterstock)

El suicidio es la 17a principal causa de muertes en todo el mundo. Entre los jóvenes, es la segunda. Por año, ochocientas mil personas se quitan la vida, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera la cuestión como un problema prioritario de salud pública global.

Aunque la ciencia no haya comprendido todavía completamente las razones que llevan a alguien a poner fin a la existencia, investigadores de las Universidades de Glasgow (Reino Unido) y Harvard (Estados Unidos) sugieren que esta actitud drástica podría ser resultado de una interacción compleja de varios factores.

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Para Rory O ́Connor, del Laboratorio de investigaciones del comportamiento suicida de la Universidad de Glasgow, y Matthew K. Nock, del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard, aspectos de la personalidad, cognitivos y sociales, además de experiencias negativas o traumáticas, desempeñan un importante papel en la adopción de un comportamiento suicida.

“SOBREVIVIENTES”

“Fue un choque”, recuerda Paloma (nombre ficticio), que perdió a su madre por una sobredosis de medicamentos. Ella es una sobreviviente, término dado a los hijos o a los parientes próximos de alguien que cometió suicidio.

Al contrario de lo que el sentido común podría sugerir, su madre no presentaba señales de tristeza ni de depresión el día que se quitó la vida. “Hasta parecía más dispuesta aquella semana”, acentúa. La madre, Cristina (nombre ficticio), señalaba haber superado la depresión y episodios recientes de intentos de suicidios. “El historial de ella era muy complicado. Llegó a realizar un tratamiento psiquiátrico muy pesado y las crisis cesaron. Pero estaban los síntomas de la depresión, y sus pensamientos eran muy negativos. Poco antes de morir, su cuadro empeoró porque una persona querida falleció. Sin embargo, con terapia, ella había mejorado bastante. Hasta los temas de conversación cambiaron. Por orientación de una terapeuta, se involucró en algu- nos proyectos, creyó que estaba bien y, debido a esa sensación, dejó de tomar los medicamentos; además de interrumpir el tratamiento. Sin embargo, nadie sabía de eso”, revela la hija.

La fatalidad tomó a todos los miembros de la familia por sorpresa. “Quedé nerviosa, y me sobrecogió un sentimiento de tristeza. No conseguía creer que ella hubiese hecho eso”, se desahoga Paloma. Cristina dejó algunas cartas para los familiares y tomó varios medicamentos. Después de eso, quedó quieta. Fue entonces que el padrastro de Paloma la encontró, casi sin respirar, y la llevó al centro médico de emergencias. Pero no fue posible salvarla.

Para la profesora de idiomas Martina Tejano, que vive en el interior de San Pablo (República del Brasil) y que por años luchó contra la depresión, la voluntad de quitarse la vida es, en realidad, un intento desesperado de poner fin a un sufrimiento insoportable. “Nadie quiere morir. La voluntad de morir es el deseo que acabe aquel dolor invisible y pesado. El problema es que el suicida tiene la percepción de que ya agotó los intentos de hacer que la situación mejore. Es por eso que la persona termina ideando no el acto de matarse, sino el de dejar de existir”, aclara.

Cuenta que sus síntomas de depresión aparecieron después de la pérdida de un bebé. Aunque convivía con la enfermedad, después de la muerte del hijo y del divorcio ella se mudó a Estados Unidos, donde terminó sufriendo en una relación abusiva.

“Yo creía que se trataba, meramente, de una relación ‘complicada’. Nunca le conté a nadie lo que pasaba en casa. Sin embargo, yo sufría abuso mental y emocional, y era violada por mi compañero”, revela la docente, que no llegó a intentar el suicidio, pero que necesitó luchar seriamente contra la depresión y el prejuicio.

“Hice un poco de psicoterapia, lo que me ayudó tremendamente, mucho más que los remedios”, compara, al explicar cómo luchó contra la depresión. “Es una lucha física y mental. Es aprender a escuchar tu diálogo interno, analizarlo, y después mostrar quién es el que manda en la situación”, detalla.

Martina Tejano compara la depresión –principal causa de muertes por suicidio– con un disco rayado que repite la misma parte de la música, siempre de connotación negativa. Sin embargo, es necesario hacer que ese “disco” se detenga.

“Todo no está mal; eso es normal. No me sucede solamente a mí, le sucede a todos. Yo también merezco cosas buenas”, subraya, al repetir pensamientos que hacen evidente la necesidad de una reestructuración de los pensamientos.

En busca de ayuda

En el estudio publicado por O ́Connor y Nock en la revista científica Lancet Psychiatry, en 2014, los investigadores señalaron que buena parte de las personas que luchan contra pensamientos suicidas no recibe tratamiento. “Algunas evidencias sugieren que diferentes formas de terapias cognitivas y comportamentales puedan reducir el riesgo de nuevos intentos de suicidio”, escribieron los científicos; aunque reconocen que hay pocas evidencias en la literatura académica sobre los “factores de protección” contra este problema.

Para quien, desdichadamente, llora la pérdida de un ser querido, un recurso fundamental es buscar ayuda en la propia familia. “Aceptar ayuda de la familia y de los amigos que conocieron bien a aquella persona también es benéfico”, garantiza Paloma, la hija que hoy es huérfana de madre.

Sin embargo, tal vez el mayor desafío para que las personas busquen y reciban auxilio sea vencer el estigma que envuelve al tema. Todo problema que es un tabú termina sin ser discutido como se debería por la sociedad. De acuerdo con el psiquiatra Jorge Salton, profesor de Medicina en la Universidad de Passo Fundo (Río Grande do Sul, Rep. del Brasil), algunas de las señales de alerta son: pérdidas recientes, trastornos menta- les, uso de drogas y alcohol, historial de suicidio en la familia y bullying. Sin embargo, otros factores diferentes pueden impedir la identificación precoz del problema, como el simple recelo de hablar sobre el asunto.

Por eso, él cree que este tema necesita ser enfrentado de manera honesta. “Un tabú como este no desaparece sin el esfuerzo de todos nosotros. La dificultad en buscar ayuda, la falta de conocimiento y de atención sobre el asunto por profesionales de la salud, y la idea de que el comportamiento suicida no es un evento frecuente, dificultan la prevención”, enumera.

EPIDEMIA GLOBAL

A pesar de todo esto, el desafío de enfrentar este tabú social y, paralelamente, problema de salud pública, es un desafío para naciones de todo el mundo (ver el cuadro contiguo:

“Alerta global”). En países como los Estados Unidos, por ejemplo, el suicidio llega a ser la décima principal causa de muertes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de un fenómeno mundial, cuyo impacto mayor se ha sentido en los países más pobres y en desarrollo, donde se registró el 78 % de los suicidios de 2015.

Es en estos países, también, que los números pueden –tal vez– no reflejar tan bien la realidad porque, según la misma organización internacional, por cada adulto que se quita la vida, puede haber otros veinte que intentan hacer lo mismo. Entre jóvenes y adolescentes, los números son más eleva- dos de lo que arroja el promedio general. El suicidio representa la segunda causa de muerte de las personas entre los 15 y los 29 años. De acuerdo con el informe Jóvenes de Brasil de 2014, las tasas de suicidio habían crecido casi un 63% entre 1980 y 2012, aumentando el ritmo a partir del nuevo siglo, tanto en la población en general como entre los jóvenes.

Por su parte, en el Ecuador, los jóvenes también parecen ser un público vulnerable.

“Ellos son los que más suicidios cometen”, afirma la investigadora Lorena Campo Aráuz, profesora en la Universidad Politécnica Salesiana. Según la docente, el método más común para quitarse la vida en el país es el ahorcamiento y, entre las mujeres, la ingesta de sustancias tóxicas.

La profesora es una de las organizadoras del libro Etnografías del suicidio en América del Sur, y publicó recientemente un estudio sobre el proceso ritual de significación del suicidio en su país. “A la hora de morir, las personas reproducen escenas representativas de su propia vida y de su cultura”, explica. “Hablar del suicidio es hablar del dolor; lo que se hace evidente en el proceso ritual, el de darle un sentido al acto y a las relaciones sociales frente a una muerte ‘voluntaria’ ”, subraya la investigadora.

A pesar de que los países sudamericanos presentan tasas expresivas de suicidio, estas son bajas, si se las compara con las de Finlandia, China, Lituania, Hungría, Rusia y Corea del Sur. Eso no significa, necesariamente, que este problema de salud pública aquí sea menos alarmante, sino que otros países presentan registros más confiables de los casos de suicidios. “Ellos tienen registros más rígidos, que permiten disminuir la posibilidad de enmascarar los datos”, completa la profesora. En América del Sur, muchos casos de suicidio terminan siendo notificados como “accidente” o “causa desconocida”, lo que compromete la confiabilidad de las esta- dísticas nacionales.

LÍNEA DEL BIEN

Para cambiar este cuadro, mucha gente alrededor del mundo está trabajando para apoyar a quien lucha contra la depresión y los pensamientos suicidas. En la Argentina existe el Centro de Asistencia al Suicida (CAS); en el Uruguay, la ONG Último Recurso; en Chile, Colombia, Ecuador, España y Portugal, la organización de voluntarios Teléfono de la Esperanza, y en el Brasil, el Centro de Valorización de la Vida (CVV).

En los Estados Unidos, instituciones como la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio (AFSP, por sus siglas en inglés), ofrecen pro- gramas de apoyo a sobrevivientes y a personas que luchan contra pensamientos suicidas, además de brindar información y estadísticas actualiza- das sobre el problema en el país.

En el campo de la salud pública, países como Chile y Argentina desarrollaron sus propios proyectos, como el Programa Nacional de Prevención del Suicidio, que adopta, entre otros frentes de acción, evaluaciones de riesgo, planes regionales intersectoriales, sistemas de ayuda en situaciones de crisis y capacitaciones para profesionales de la salud.

También hay iniciativas independientes, como el proyecto “Live This Through”, de la psicóloga, fotógrafa y escritora Dese’Rae Stage. El tra- bajo de esa activista, quien ha intentado quitarse la vida, consiste en divulgar una colección de retratos e historias contadas por quien sobre- vivió a un intento de suicidio.

En 2013, ella recaudó 23 mil dólares por medio de una herramienta digital de financiamiento colaborativo, para viajar por los Estados Unidos a fin de sacar fotos y recolectar relatos. Hasta agosto de 2016, ella había fotografiado a 166 personas, en 28 ciudades estadounidenses. Otro vehículo para dar voz a ese drama es el blog The Suicide Project, por medio del cual se anima a las personas a contar cómo encontraron fuerzas para desistir del suicidio.

NAVEGACIÓN PELIGROSA

Si por un lado Internet conecta a personas y ofrece auxilio y motivación a individuos que luchan para sobrevivir, la red de redes también puede ser peligrosa para quien está vulnerable.

A comienzos de 2017 surgió en las redes sociales un juego llamado La ballena azul, en que los participantes son incentivados a cumplir una serie de tareas. Entre ellas, mirar películas de terror, mutilarse y, finalmente, quitarse la vida. El juego, que parece haber sido producido en Rusia, se diseminó por todo el mundo, causó algunas muertes, y quitó el sueño a muchos padres y educadores. Según el diario británico The Sun, al menos 130 muertes fueron asociadas con este juego.

También al inicio de 2017, una serie de Netflix sobre el suicidio colocó el tema en discusión en la sociedad. La polémica producción 13 Reasons Why [13 razones para morir] fue considerada por el epidemiólogo John Ayers y otros cuatro investigadores, como irresponsable en el abordaje de un asunto tan delicado.

De acuerdo con los científicos, en los 19 días siguientes al lanzamiento de esa serie, la búsqueda en Inter- net de términos relacionados con el suicidio creció un 19%. Detalle: buena parte de las búsquedas era directamente sobre métodos para quitarse la vida.

“No está claro si las búsquedas precedieron a algún intento real. Sin embargo, la investigación de información sobre métodos precisos de suicidio aumentó después del lanzamiento de la serie”, alertan. La principal crítica de estos especia- listas es que la producción podría haber seguido las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre cómo abordar el tema en los medios de comunicación, lo que prevé no exhibir escenas de suicidio e incluir los contactos de servicios de ayuda en cada episodio de la serie.

PREVENCIÓN

Aunque la epidemia de suicidios sea preocupante, puede ser combatida y evitada. A veces, como ya fue mencionado, el tabú sobre el asunto impide una discusión más abierta sobre ello. El punto es que preguntar sobre el suicidio no va, necesariamente, a incentivar el acto en sí (observa el cuadro que aparece al pie de esta página: “Mitos y realidades”). Al contrario, hablar sobre este tema de una manera responsable es una forma de ofrecer apoyo a quien piensa en quitarse la vida, y de ayudar a reducir la ansiedad de quien no está viendo una salida para el sufrimiento. Otra medida de prevención es restringir el acceso a objetos peligrosos y la exposición a situaciones que puedan facilitar el suicidio. “Es necesario hacer que los tratamientos psicológicos sean más accesibles para la población en general, teniendo en cuenta que casi todos los casos de suicidio tienen relación con enfermedades mentales”, observa el psiquiatra Jorge Salton, profesor de la Universidad de Passo Fundo (Río Grande do Sul, Brasil).

“¿Cómo ayudar a una persona con depresión? Invítala a salir, sácala de la casa para distraerla un poco y para que se ría. Si has experimentado depresión, sabes que la batalla es dura; por eso mismo, apadrina a alguien que esté pasando por el mismo problema. Habla sobre lo que sientes, intercambia experiencias y está atento a esa persona que estás acompañando”, aconseja la profesora Martina Tejano. Si las causas del suicidio son múltiples, la prevención de esa epidemia también es resultado de innumerables factores. Romper el silencio para hablar sobre este tema puede ser el primer paso de muchos.

Vea consejos relacionados al tema con la psicóloga Carolina Silva.

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