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Voluntarios construyen escuela técnica en el interior del Amazonas

El establecimiento cuenta con el apoyo de voluntarios del proyecto ADRA Connecctions. El gran grupo estuvo en julio en la región y transformó el sueño en realidad.

20 de agosto de 2018

Por Michael Eohm, para Revista Adventista

Desde el amanecer hasta el anochecer, los voluntarios de ADRA Connections ayudan a construir la capilla y dormitorios de ETAM (Foto: Arjay Arellano/ ADRA Internacional).

A primera vista Nova Jerusalém no es diferente de las muchas aldeas que encuentran en las orillas del laberíntico corredor del río Amazonas en Brasil. Como sus vecinos, las personas de Nova Jerusalém tienen una existencia difícil ganada entre las orillas de las aguas tributarias remotas y las invasoras copas de los árboles de la densa selva. Como sus vecinos, las familias esparcidas de esta pequeña comunidad no tienen acceso a recursos como el agua potable, un sistema de salud moderno y telecomunicaciones.

Pero Nova Jerusalém es diferente de las muchas aldeas en el estado de Amazonas. El distante terreno en el cual la comunidad fue construida ya no es solo selva y casas dispersas; es un faro de esperanza para cientos de familias que si no serían olvidadas.

Gracias al nuevo complejo de la escuela construido a orillas del río, estas familias tienen una puerta al mundo mucho más allá de la selva.

Escuela Técnica Adventista de Massauari

La Escuela Técnica Adventista de Massauari (abreviada en portugués como ETAM) comenzó con un sueño tan remoto como la comunidad de la selva en la cual se formó. Cuando Daniel y Naissen Fernandes, ambos enfermeros, se mudaron a Nova Jerusalém como médicos misioneros, solo planeaban construir una clínica y desarrollar un sistema de salud confiable, aunque rudimentario.

En tres años, hicieron exactamente eso.

“Y ahora, hermanos, ¿qué deberíamos construir ahora?” Daniel recuerda haber preguntado a los ancianos de la comunidad.

Cuando los ancianos pidieron una escuela para su comunidad, Daniel sabía que las probabilidades de tener éxito eran bajas. También sabía que el acceso a la educación era prohibitivo para casi todas las familias de la región, y que una escuela en Nova Jerusalém crearía oportunidades sin precedente para los niños que no tenían ninguna.

“Ese fue el principio del sueño”, dijo.

El camino hacia la construcción de la escuela comenzó a tomar forma con la ayuda de varios grupos misioneros locales de Brasil, y la generosidad de un arquitecto.

Cuando Rolf Maier visitó Nova Jerusalém en el 2014 como voluntario en un viaje misionero, supo del sueño de Daniel de construir una escuela. Al principio, el arquitecto era escéptico, pero a medida que estudió más acerca del potencial para la educación, decidió apoyar la visión de Daniel.

“Su sueño era tan grande”, recuerda. “Dios lentamente puso el mismo sueño en mi corazón”.

Para el final de este viaje, Rolf ofreció hacer los planos necesarios para construir la escuela del sueño de Daniel.

“Diseñé un complejo que podría construirse a medida que llegaran los fondos, y a medida que llegaran las misiones”, dijo sobre sus planos.

Durante los siguientes cuatro años, eso fue exactamente lo que sucedió. Cada etapa del proyecto fue concluida con el apoyo de donantes y voluntarios de todo Brasil, incluyendo la compra de un terreno lo suficientemente grande para albergar todo un complejo escolar, la participación de voluntarios en misiones de corto y largo plazo que integraron a trabajadores y maestros, y continuó con una red creciente de apoyo que se extendió más allá de las fronteras brasileñas.

ADRA Connections

Cuando las noticias de la Escuela Técnica Adventista de Massauari llegaron a ADRA Connections, el brazo voluntario de la agencia humanitaria adventista ADRA Internacional, ganó una visibilidad sin precedentes.

ADRA Connections está diseñada para mostrarle a las personas en los Estados Unidos el gran trabajo que se está llevando a cabo en Latinoamérica”, dijo Adam Wamack, director de ADRA Connections. “La escuela en Nova Jerusalém fue una oportunidad excelente para involucrar a nuestras universidades y apoyar el trabajo de nuestra familia brasileña”.

Wamack vio a este proyecto como una oportunidad para lanzar ADRA Connections Extreme, una experiencia misionera en profundidad para aquellos que buscan una inmersión profunda en el trabajo voluntario y la conexión comunitaria.

“El solo hecho de llegar a Nova Jerusalém requiere de un gran compromiso. Son 30 horas en barco por el Amazonas, y cuando se llega allí, uno duerme en hamacas por dos semanas.ADRA Connections Extremeno es para débiles”, dijo Wamack.

A pesar de las características extremas del viaje, alumnos de toda América y Brasil se mostraron dispuestos a experimentar el trabajo misionero en el corazón del Amazonas.

Del 8 al 22 de julio, más de 80 alumnos de seis universidades Norteamericanas se unieron a 100 alumnos voluntarios del Centro Universitario Adventista de Sao Paulo en Brasil para el viaje inaugural de ADRA Connections Extreme.

Ashton Hardin fue uno de los cinco alumnos de la Universidad La Sierra en unirse al viaje. El capellán estudiantil y el presidente del cuerpo estudiantil de la Universidad La Sierra vieron la experiencia de la misión como una buena forma de reconectarse con su fe y su comunidad global, incluso si los desafíos físicos parecían intimidantes.

“Ser parte de algo más grande que yo era más importante que mis miedos”, dijo. “Para aquellos que quieren hacer algo diferente, deben salir de su zona de confort y darse cuenta que están haciendo algo que durará toda una vida”.

Una nueva escuela en la selva

Alumnos de ETAM miran atentamente mientras los voluntarios de ADRA Connections se acercan al complejo de la escuela en barco (Foto: Arjay Arellano/ ADRA Internacional).

Para el final del viaje misionero de dos semanas, el trabajo duro de los voluntarios como Ashton dio frutos: el complejo de varios edificios estaba completo.

Donde antes solo había selva, ahora hay hogares para alumnos, un comedor, salas de clases, una biblioteca, y casas para los maestros voluntarios.

Bianca Santo Costa es una de las maestras voluntarias. Recién graduada de la Universidad Adventista de Sao Paulo visitó por primera vez la aldea en el 2014, cuando la escuela era un sueño distante.

Todavía se emociona cuando habla acerca del desarrollo de la humilde comunidad de Nova Jerusalém.

“¿Quién iba a imaginarse que en el medio del río, en una comunidad sin acceso a internet o a señal de celular, habría una escuela tan increíble construida enteramente gracias a las donaciones y viajes misioneros?”, dijo. “Ahora veo que para Dios nada es imposible”.

Aunque los niños más pequeños de la comunidad todavía no entiendan el compromiso de muchos años de donantes y voluntarios de todo el mundo, sí entienden que ahora, por primera vez en sus vidas, tienen un complejo escolar completo en el cual aprender.

Los 44 alumnos de la Escuela Técnica Adventista de Massauari, entre 5 y 14 años, ahora tienen acceso a un mundo mucho más grande que el mundo de sus padres.

“Qué gran oportunidad tienen estos niños. Necesitan que sus sueños se nutran para que puedan crecer y tener la seguridad de poder convertirse en médicos, misioneros, maestros, dentistas, etc.”, dijo Bianca.

Los niños ya están comenzando a soñar.

“Quiero ser abogada. Quiero defender a las personas”, dijo Nayla, de 10 años, de Nova Esperança, a 30 minutos de viaje en bote río arriba desde Nova Jerusalém.

“Quiero ser un doctor, porque podemos ayudar a la gente. Quiero agradecer a todas las personas que ayudaron a construir nuestra escuela”, dijo Josué, también de Nova Esperança.

Ahora que hay una escuela en Nova Jerusalém para alentar a alumnos como Nayla y Josué, la municipalidad local en la cercana Barreinha ha accedido a apoyar a la comunidad.

“Hoy, la oficina municipal local paga a nuestros maestros, paga el transporte escolar, paga almuerzos para niños, e incluso nos envía materiales escolares”, dice Daniel. “Para los ojos humanos, esto parece imposible, pero para Dios, nada es imposible”.

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