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La mujer presentada en la teología bíblica

¿Qué dice la Biblia sobre el liderazgo de la mujer, y sobre la relación de complementación con el hombre, entre otros temas relacionados? Dos teólogas aclaran el tema

Por Felipe Lemos 21 de septiembre de 2020

La Biblia da evidencias de la relevancia de las mujeres en diferentes narraciones y situaciones (Foto: Shutterstock).

La Agencia Adventista Sudamericana de Noticias (ASN) decidió dialogar sobre algunos aspectos de esta temática con dos entrevistadas. Una de ellas es Christie Chadwick, PhD en Arqueología Bíblica y Antiguo Testamento, y profesora de Antiguo Testamento en la Facultad de Teología del Centro Universitario Adventista de Sao Paulo (Unasp), en Engenheiro Coelho. Y la otra entrevistada es Vanessa Raquel Meira, magíster y doctoranda en Teología, y profesora del curso de Pedagogía en el Instituto Adventista Paranaense (IAP).

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¿Qué dice la Biblia, en líneas generales con respecto al papel de la mujer en la sociedad dentro del plan divino de salvación de todos?

Christie Chadwick: La Biblia siempre retrata a la mujer de forma positiva. Su primera presentación en Génesis es como compañera igualitaria del hombre en el gobierno de la Tierra.

A pesar de mencionarlas en las historias bíblicas con menos frecuencia que a los hombres, las mujeres temerosas de Dios son retratadas como sabias, valientes, activas e independientes, como los ejemplos de Rahab, Rut, Abigail (esposa de Nabal), Ester, y otras. En varios pasajes bíblicos se presenta la sabiduría como una característica femenina, tanto en su personificación en Proverbios (por ejemplo, Proverbios 8:1-9, 12), como en los ejemplos del papel de una mujer sabia resolviendo un problema difícil. En dos momentos, la sabiduría de Salomón aparece ante mujeres: el pleito sobre el hijo vivo discutido por las dos prostitutas (1 Reyes 3:16-28) y el encuentro con la reina de Sabá, que lo visitó “para probarlo con preguntas difíciles” (1 Reyes 10:1).

En cuanto a roles, son pocos a los cuales la mujer no tiene acceso. La Biblia menciona pastoras de ovejas (Raquel, las cuñadas de Moisés), segadoras (Rut 2), profetas (María, Débora, Hulda), juezas (Débora), y reinas con poder gubernamental (Atalía, Maaca, Jezabel). Algunas funciones en la Biblia no son extendidas a la mujer, como la militar, aunque se encuentran excepciones en Débora, Jael y la mujer sabia de Abel-bet-maaca (2 Samuel 20:1-22), y la sacerdotal.

Sobre esta función sacerdotal existe evidencia de que el servicio de los levitas en el templo contaba con la participación de mujeres levitas, pero no como sacerdotisas ni sumo sacerdotisas. El verbo usado para describir el tipo de servicio que el levita prestaba (Tsava) se aplica a mujeres en dos situaciones relacionadas al templo: “Los espejos de las mujeres que servían” (Éxodo 38:8), objetos que eran usados en Egipto y que fueron donados por ellas probablemente en un acto de consagrada abnegación, pues Moisés no ordenó que fueran dados, y “las mujeres que servían a la entrada del tabernáculo” (1 Samuel 2:22), que se acostaban con los hijos de Elí.

El retrato bíblico de la mujer virtuosa está descrito en Proverbios 31:10-31, donde vemos a una mujer confiable, benigna, compañera, que contribuye activamente en la economía de su hogar. Ella produce para el comercio, negocia en el comercio y administra su hogar, pues esas virtudes son consecuencia de su entrega a Dios.

Vanessa Meira: La Biblia contiene principios generales y ejemplos puntuales. Por ejemplo, amar a Dios y al prójimo (Mateo 22:37-39), hacer discípulos (Mateo 28:18-20) y buscar la santificación (Hebreos 12:14) son exigencias generales para hombres y mujeres. También hay principios generales aplicables a mujeres de cualquier tiempo o lugar, como la sobriedad y la modestia (1 Pedro 3:1-6), la valorización de la maternidad, del matrimonio y del cuidado de la familia (Tito 2:3-5; 1 Timoteo 2:15).

Además, la Biblia habla de mujeres dedicadas exclusivamente a la familia, otras que se dedicaban a los negocios y finanzas (Proverbios 31; Lucas 8:1-3), a la actividad pública de liderazgo civil y espiritual (Jueces 4:4). Por lo tanto, no hay una lista exhaustiva de lo que una mujer puede o no ser/hacer, sino que hay expectativas básicas y principios a ser observados en cualquier situación.

Complementación

Comenten un poco sobre el aspecto teológico de la complementación de hombres y mujeres, a la luz de la Biblia.

Christie: El primer versículo que menciona a la humanidad es Génesis 1:27, pero el contexto de esta exposición de Dios comienza en el versículo 26, en el cual Dios describe sus planes para la humanidad. Mientras que la mayoría de las traducciones contiene la palabra “hombre”, el término más apropiado para esta traducción sería “humanidad”. La humanidad está compuesta de “macho y hembra” (traducción literal), normalmente traducido como hombre y mujer, formando de manera adecuada nuestra cosmovisión. Esta complementación aparece en la primera descripción de la creación de la humanidad. El ser humano fue creado no según su especie, sino según la imagen y semejanza de Dios.

La humanidad fue creada para administrar la creación de Dios. Ambos, hombre y mujer, fueron hechos a imagen de Dios; a ambos les fue encomendado cuidar lo que Dios hizo, pues se los presenta prácticamente como una unidad: “una sola carne”, que será afirmada en solo algunos versículos. No hay jerarquía en la creación del hombre y de la mujer, solo en la creación de la humanidad y de los animales. Argumentos basados en el orden de la creación no caben, justamente porque el ser humano fue el último ser creado en la semana de la creación.

También se ve la complementación en la manera como el texto busca presentar un equilibrio en la relación entre el hombre y la mujer en versículos como Génesis 2:24: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y serán una sola carne”. Las palabras del versículo, de manera intencional, invierten los papeles como se presentaban.

En los tiempos bíblicos, la mujer dejaba al padre y a la madre para unirse a la familia de su marido, tomando el apellido de él y pasando a ser parte de la familia de él. Al presentarlo de esa forma inversa, el texto bíblico realza que, a pesar de hacer visible que solo un lado deja padre y madre, en el matrimonio ambos dejan atrás padre y madre para ser realmente una sola carne, una unidad familiar nueva. Otro factor interesante es que, en la creación, la mujer vino del hombre, pero a partir de entonces, todos los hombres vienen de la mujer (1 Corintios 11:12).

Vanessa: El relato de la creación muestra que “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Por lo tanto, hay una dimensión colectiva en la naturaleza humana. Dios crea a la mujer como “ayuda idónea”, una compañía adecuada, dejando claro el ideal de que hombre y mujer formen un todo único, siendo mutuamente complementarios e interdependientes.

La mujer fue creada a partir de la costilla del hombre (Génesis 2:22). La palabra “costilla” (tsêld) da la idea de lado, contrapartida simétrica e incluso opuesta (Éxodo 26:26, 27; 1 Reyes 6:34; 2 Samuel 16:13), que otorga tanto el sentido de igualdad como el de singularidad y complementación entre el hombre y la mujer (1 Pedro 3:7). Hombre y mujer son, ambos y juntos, la humanidad creada a la imagen de Dios para apoyarse mutuamente y dominar sobre la tierra (Génesis 1:28).

Y en cuanto al liderazgo de la mujer, ¿qué principios ofrece la Biblia para la comprensión del tema?

Christie:  La Biblia nos ofrece enseñanzas profundas sobre el liderazgo de hombres y de mujeres. Dios, al crear, dejó como ejemplo el tipo de liderazgo que espera de aquellos a quienes encargó la administración del nuevo planeta: el hombre y la mujer. El ejemplo de Dios es de un liderazgo de servicio. Él entrega a la humanidad gestora un planeta en el cual hizo todo el trabajo.

En las mitologías de la creación del contexto cultural de Israel, la humanidad fue creada para servir a los dioses: ya son creados como esclavos. En la descripción de Génesis, Dios trabaja y la humanidad es creada para disfrutar y cuidar del mundo creado. En lo referente a ser puestos como soberanos sobre los demás animales, esta soberanía debe ser hecha a ejemplo de Dios, como guardianes y cuidadores de estos seres puestos bajo su cuidado. Pero el pecado dañó nuestra percepción del liderazgo y nuestra habilidad de reproducir el estilo de liderazgo de Dios. Liderar, en los términos bíblicos es servir.

En segundo lugar, existen ejemplos bíblicos de liderazgo femenino. María fue considerada, al lado de los hermanos, como una de las líderes del Éxodo (Miqueas 6:4); las hijas de Zenofehad (Números 27) llegan a ser líderes y matriarcas de las tierras que heredan cuando entran en la tierra prometida. Esto significa que estas tierras llevaron sus nombres, algo comprobado arqueológicamente. Débora es profetiza y jueza (Jueces 4-5); Abigail tiene un liderazgo activo en su casa y sobre sus siervos y trabajadores (1 Samuel 25); la mujer sabia de Abel-bet-maaca es claramente una anciana (2 Samuel 20), representante oficial, política y militar, en su ciudad. Los ejemplos pueden ser pocos, pero retratan a mujeres fuertes y temerosas de Dios.

Vanessa: ¿De qué tipo de liderazgo estamos hablando? Nos equivocamos al extender a toda la sociedad textos que hablan sobre liderazgo en el matrimonio. La sumisión bíblica es voluntaria y se da en el contexto del matrimonio, y no es un principio para organizar la sociedad en todos los niveles. No es una cuestión de “hombres y mujeres” en general, sino de “maridos y esposas”.

La mujer debe someterse voluntariamente “a su propio marido” (Efesios 5:22), y no a los hombres en general. Sobre las posibilidades de liderazgo femenino, eso dependerá del perfil de cada mujer. Por ejemplo, la mujer de Sunem (2 Reyes 4:8), la mujer emprendedora de Proverbios 31 y Débora tienen un perfil de liderazgo más destacado públicamente. Por otro lado, Sara, Rebeca y María presentan características más discretas.

Disputa de poder

¿Hay apoyo bíblico para una disputa de poder, tanto de parte de hombres como de mujeres, dentro de una relación como el matrimonio?

Christie:  La percepción bíblica de poder es algo dado por Dios, y el liderazgo que resulta de un poder dado por Dios es de servicio. Por lo tanto, no hay apoyo bíblico para las disputas de poder entre hombres y mujeres, dentro o fuera del matrimonio, o entre hombres y hombres, o incluso entre mujeres y mujeres en la sociedad más amplia. El mensaje bíblico de igualdad y trabajo unido en la misma dirección y la visión de todo el pueblo de Dios como miembros de un solo cuerpo rompe cualquier idea de superioridad y autoridad.

Dentro del matrimonio, eso se aplica como extensión de lo que sucede en la Iglesia como cuerpo de Cristo, pues los dos llegan a ser una sola carne. Efesios va de “sométanse unos a otros” (5:21) cuando habla de la Iglesia, a la recomendación dentro del casamiento de “sean sumisas a su propio marido como al Señor” (5:22) y “maridos, amad a vuestra mujer como también Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (5:25). No debería haber disputa por poder, sino una sumisión femenina voluntaria a un amor masculino sin medida en cooperación mutua para gloria de Dios. La unión de hombres y mujeres, sin comparación y sin competición, fortalece el evangelio y muestra el plan de Dios para la humanidad.

Vanessa: No, a menos que esa disputa sea por el poder de servir y cuidar. Una de las expectativas bíblicas básicas es que el hombre casado asuma la postura de líder amoroso, que protege y se sacrifica. A su vez, la expectativa básica sobre la mujer casada es que sea una ayuda idónea. Y voluntariamente sumisa a un líder siervo que la ame como Jesús amó a la Iglesia (Efesios 5:21-33).

La sumisión exigida de la mujer no tiene que ver con la inferioridad esencial, como muestra la doctrina de la creación. Después del pecado, la mujer de hecho perdió parte de la autonomía en el matrimonio, pero el liderazgo del marido no debe ser de tiranía. La palabra que describe el liderazgo masculino en el matrimonio (mashal) indica un liderazgo bondadoso, compasivo y protector, como sería el liderazgo de Dios (2 Samuel 23:3; Isaías 40:10,11; 1 Corintios 11:3; Efesios 5:23).

 

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