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Música, adoración y vida cristiana

Estudiosos de la música y la Biblia señalan las características de la adoración cristiana.


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A pesar de que la Biblia no es específica al defender estilos musicales, deja claro los principios que deben seguirse. (Foto: Shutterstock)

La discusión sobre los estilos musicales adecuados para el culto en la iglesia, como también para la vida personal, resulta compleja y controvertida. Con alguna frecuencia, se hacen preguntas, pero no son respondidas satisfactoriamente o son recibidas con visiones diferentes.

Se suscitan interrogantes sobre las posibles implicaciones morales, emocionales o espirituales del lenguaje musical; o sea, si la música o el ritmo musical pueden ejercer influencia sobre las personas, independientemente de la letra. Además, existen dudas sobre si la música va más allá del argumento estético, artístico, para entrar en el terreno de la ética, de la moralidad y la espiritualidad.

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Se presentan explicaciones a favor o en contra de la idea de que los estilos musicales impactan las creencias o los valores personales. Tampoco hay consenso sobre la posible influencia de los diferentes elementos de la música como la melodía, la armonía y el ritmo. En resumen, ¿pueden encontrarse criterios válidos para orientar la elección de la música para los individuos, las familias o las instituciones como la Iglesia? ¿Una elección tal que tenga una relación genuina con la espiritualidad y la religiosidad?

La música como lenguaje y estilo

El concepto de la música ¿puede construirse como un lenguaje particular que necesita elegirse de manera apropiada para el cumplimiento de su objetivo? ¿Qué se entiende por ese lenguaje? Estas preguntas reflejan la tensión que existe entre la tendencia de pensar que la música, incluso sin letra, pueda comunicar algo que el oyente llegue a entender con alguna claridad, y la suposición de que la música no comunica mucho más que las cualidades estéticas. 

Muchos consideran que la música, sin considerar la letra, es “un medio esencialmente neutro”.i En consecuencia, la atención se da casi exclusivamente al mensaje de la letra, entendiendo que la música no es parte de ese mensaje, de modo que cualquier discusión sobre estilos musicales se vuelve irrelevante. Otros se oponen resolutivamente a la noción de neutralidad de la música. 

Un conocido seminario sobre música cristiana, transmitido por la Bible Broadcasting Network (BBN), fue precisamente titulado: “El lenguaje de la música”. Su presentador, el profesor de teoría musical Frank Garlock, concentra su argumento en la tesis de que la música es un lenguaje; por lo tanto, no puede ser amoral o neutro. Él afirma: “Las notas individuales son neutras, pero cuando comienza a combinarlas y adicionar el ritmo, usted comienza a transformarla en lenguaje. Y usted puede tener música buena o mala dependiendo de la combinación de los elementos y de la manera de ejecutarla. La música es comunicación; por lo tanto, tiene cualidad moral”.  El documento titulado “Una filosofía adventista sobre la música” concuerda con Garlock en ese aspecto: “La música no es moral ni espiritualmente neutra”.ii

En su libro In Tune With God [En sintonía con Dios], Lilianne Doukhan dice que existen dos puntos de vista sobre la neutralidad de la música. El primero asume una postura mística y supersticiosa al atribuir a la música un poder mágico, y el segundo niega que la música tenga efectos sobre el ser humano. La autora no cree que la música sea neutra, aunque considere que su efecto esté encuadrado por las experiencias y por las circunstancias. iii 

Estética y espiritualidad

Al reflexionar sobre los desafíos de la música contemporánea de adoración, ella dice: “Necesitamos redescubrir y entender que la música habla en un lenguaje propio, independiente de las palabras […]”.iv  La autora no cree que haya correspondencia entre estética y ética: “Es importante distinguir entre la experiencia estética (espiritual) y la experiencia religiosa; ellas no son equivalentes”.v

En lugar de eso, ella cree que el poder de la música está en la intensificación (intensifica tanto el efecto de las palabras como la receptividad de las personas), en el embellecimiento (da belleza a eventos, palabras, experiencias o acciones), en el estímulo y refuerzo (trae ánimo, energía, etc.), y en las asociaciones (la conexión entre la música y su ambiente).vi

Los que creen que la música no es neutra suelen advertir sobre las consecuencias prácticas de asumir una posición contraria. En la investigación traducida como Música sacra, cultura y adoración, Wolgang Hans Martin Stefani afirma: “Esa idea suscita preguntas relacionadas a las asociaciones musicales”.vii Él resalta que, además de la letra, la música comunica un mensaje, un significado y que la música no es un medio neutro, ya que la idea de neutralidad vacía la música de cualidades morales, reduciéndolas a cualidades artísticas.viii

Estilos musicales

¿Y en cuanto al estilo? ¿Hay orientaciones sobre los estilos musicales más adecuados para la música cristiana? Si por estilo se entiende un género musical específico (balada, blues, clásico, country, criollo, pop, rap, rock, etc.), es evidente que no se encontrarán prescripciones en la Biblia o en los escritos de Elena de White. Ahora, si por estilo entendemos una forma de hacer música, o las características que la identifican, es posible extraer de la revelación algunas orientaciones útiles. 

Un estudio simple sobre la música en la Biblia puede darnos importantes implicaciones para su consideración actual. Por ejemplo: (1) Que la música es un don de Dios a ser recibido, cultivado y empleado para su gloria. (2) Que la música dedicada a Dios es cultivada con la dignidad de un ministerio. (3) Que la música destinada al culto debe organizarse con cuidado y espíritu de servicio. (4) Que los músicos y los líderes religiosos deben trabajar en armonía y cooperación. (5) Que los responsables de la música desempeñarán un ministerio mejor si son elegidos y apoyados en su desarrollo musical, espiritual y teológico. (6) Que la calidad musical, la belleza estética y la relevancia de los textos deben buscarse intencionalmente. (7) Que las letras deben ser esencialmente teocéntricas, educativas, sin olvidar su alcance evangelizador.ix

Lo mismo puede decirse sobre los muchos consejos de Elena de White. La autora resalta que la música y el canto son dones preciosos de Dios, después señala ciertas características positivas y negativas que componen diferentes formas de hacer música.x  Son valorizados negativamente, por ejemplo, la exhibición teatral, los movimientos corporales y los gestos exagerados, las notas prolongadas (como en la ópera), la ostentación, el ruido que aturde los sentidos, el volumen excesivo, la aspereza, el ruido y la confusión, el exhibicionismo, el formalismo, las voces agudas y estridentes. Por el contrario, son apreciadas la dignidad, la música melodiosa, armoniosa, clara, suave, las canciones alegres con melodías solemnes y palabras pronunciadas con claridad. 

Como puede leerse literalmente: “Lo que se necesita no es cantar fuerte, sino una entonación clara y una pronunciación correcta. Dediquen todo tiempo a cultivar la voz de modo que puedan cantar las alabanzas a Dios en tonos claros y suaves, sin asperezas ni chillidos que ofenden el oído. La habilidad de cantar es don de Dios; utilicémosla para darle gloria”.xi “El buen canto es como la música de los pájaros: suave y melodioso”.xii “La música debiera tener belleza, sentimiento y poder”.xiii

Elementos y criterios

Se sabe que la música combina y equilibra varios elementos básicos como la melodía (sucesión de sonidos), la armonía (acordes o sonidos simultáneos), el ritmo (orden y duración de los sonidos, el color (calidad del sonido), el timbre (sonido característico), el tiempo (la velocidad de la ejecución), etc.

Ocasionalmente, se ha intentado relacionar esos elementos con sus posibles efectos sobre las personas (razón, emociones, cuerpo).xiv  En ese proceso, interviene el compositor, el intérprete y el oyente. Parece evidente aquí que el mejor efecto ocurre cuando la música está caracterizada por calidad, equilibrio entre disonancias y consonancias (entre tensión y reposo), variedad, claridad, naturalidad, buena afinación, volumen razonable, riqueza poética y relevancia de los textos. 

Algunos estudios de aplicación de esos criterios se han divulgado ocasionalmente. Jeffrey K. Lauritzen, por ejemplo, menciona el siguiente concepto. “La música, en su definición más sencilla, está compuesta por tres elementos: melodía, armonía y ritmo. Esos tres corresponden a, por lo menos, un nivel en lo que se refiere al espíritu o intelecto del hombre; sus emociones y sentimientos; y su cuerpo o necesidades físicas. Al elegir la música para el culto, su jerarquía debe mantenerse intacta: la melodía debe reinar suprema. La armonía apoya la melodía, pero nunca la suplanta. El ritmo debe sustentar ambas, pero nunca suplantarlas”.xv En general, se exige un equilibrio y una ponderación entre los tres elementos fundamentales. 

Lilianne Doukhan afirma que la música de valor duradero tiene un equilibrio adecuado entre los tres principales elementos de la música: la melodía, la armonía y el ritmo, y un equilibrio conveniente entre los principios de repetición (que produce tensión) y variedad (que produce relajamiento). Ella destaca también que la esencia del estilo musical depende del uso creativo de esos elementos.xviWolfgang H. M. Stefani, a su vez, se refiere a la capacidad de comunicación de los elementos musicales: “Por medio de la melodía, la armonía, el ritmo y de otros elementos, la música transmite emociones y estados de ánimo”.xvii

Otro de los inevitables criterios musicales tiene que ver con el volumen, dada la necesidad de no exceder los decibeles recomendados por la ciencia médica. Tal vez todavía más discutido sea el asunto de la preponderancia del ritmo sobre la melodía. 

La música contemporánea

Lilianne Doukhan habla sobre los puntos fuertes y los desafíos de la llamada Música de Adoración Contemporánea. Como puntos fuertes, ella enumera los siguientes: (1) Muchas veces la letra es extraída directamente de las Escrituras. (2) Es fácil de aprender porque es sencilla, previsible y repetitiva. (3) Tiene flexibilidad rítmica. (4) Permite que los jóvenes usen sus talentos en la ejecución de instrumentos. (5) Es creativa. Los desafíos serían los siguientes: (1) Muchas veces es excesivamente contextual, sentimental y egocéntrica. (2) Necesita recuperar la consistencia entre el mensaje del texto y el estilo musical. (3) Requiere el uso prudente de la tecnología, de manera que (por ejemplo) las franjas musicales no sustituyan la ofrenda musical de los músicos. (4) Necesita protegerse contra la manipulación emocional. (5) Necesita mostrar prudencia en relación con las actitudes y asociaciones seculares.xviii

¿Cuáles son algunas de las características a veces preocupantes de la música cristiana contemporánea? (1) La repetición excesiva y la monotonía de algunas composiciones musicales. (2) El sentimentalismo excesivo. (3) El volumen exagerado. (4) El énfasis antropocéntrico. “El énfasis de muchas músicas religiosas contemporáneas en el ‘me’, ‘mí’, y en el ‘yo’ refleja la teología egocéntrica que es tan predominante hoy… La teología egocéntrica de las músicas contemporáneas se refleja en esas letras que contienen solo referencias vagas u oscuras a cosas espirituales”.xix

Además de la música

El conocido autor evangélico John MacArtur presentó al mundo cristiano una seria reflexión sobre la adoración y la música. En el apéndice de una de sus obras más difundidas, él se refiere a los cambios ocurridos en los últimos siglos.xx Dice que una alteración profunda ocurrió en la música de la iglesia al final del siglo XIX, cuando los himnos, más doctrinarios y didácticos, fueron sustituidos por la música gospel, con menos contenido doctrinario, más sencillas, subjetivas, emocionales, populares y evangelísticas.

Y desde fines del siglo XX, ocurrió otra gran modificación, cuando las músicas de alabanza siguieron la música gospel, con melodías atractivas, pero cortas y repetitivas, como expresiones personales de alabanza sin ningún propósito didáctico. MacArhur está más preocupado por el contenido que simplemente con el estilo. Él explica en una nota de pie de página: “Creo que el estilo debe ser apropiado al contenido, y por eso, me opongo a algunas músicas cristianas contemporáneas con base en el estilo. Sin embargo, mi primera preocupación, es el punto que enfatizo en este capítulo: tiene que ver con el contenido no con el estilo”.xxi

Consejos bíblicos

Las Escrituras ¿tienen algo que decir sobre el canto y la música? Claro que sí, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Podemos volver al himnario de Israel (el libro de los Salmos) en busca de inspiración, motivación y un modelo para la adoración adecuada. Como gran parte de la poesía hebrea, los Salmos se caracterizan por una profunda conciencia de la realidad de Dios, de su presencia; muestran amor por la naturaleza y por su Creador; expresan profundas verdades éticas y cualidades humanas fundamentales, como afecto, angustia, amor, dolor y confianza.xxii

¿Cuáles son sus temas centrales? Algunos de los tópicos que podrían iluminar todas las alabanzas musicales son los siguientes: (1) La oración. (2) La gratitud. (3) La alabanza. (4) La adoración. (5) La historia del pueblo de Dios. (6) Las virtudes morales. (7) La familia. (8) La venida del Mesías. (9) El arrepentimiento y el perdón. (10) El culto.xxiii Los Salmos presentan algunos principios que continúan siendo valiosos para la música de adoración: (a) El principio del foco (están centrados en el Señor, en su carácter y sus propósitos). (b) Los principios de la motivación (la gratitud, la alabanza, la admiración, la adoración, tan importantes en toda manifestación musical). (c) El principio de la excelencia (que impele a ofrecer al Cielo lo mejor que hay en riqueza poética y calidad musical, además de la imprescindible sinceridad y disposición de entrega).xxiv

Los dos pasajes apostólicos más concretos sobre la música cristiana se encuentran en Efesios 5:19 y Colosenses 3:16. En ellos, con plena consciencia de la obra de Cristo y del Espíritu Santo, Pablo exhorta a los creyentes a expresarse con canciones de alabanza: “… hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19). Nuevamente lo dice con palabras similares: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16). Esos textos de Pablo son los más instructivos del Nuevo Testamento.

Puede ser difícil entender lo que eran los “salmos, himnos y cánticos espirituales”. Es evidente que los salmos procedían de los antiguos hebreos; que los himnos eran dirigidos a Cristo (como puede verse en determinados himnos Cristo céntricos que aparecen en Éfeso 5:14; Filipenses 2:6-11; Colosenses 1:15-20; 1 Timoteo 3:16; 2 Timoteo 2:11-13; Hebreos 1:3); y que los cánticos espirituales eran posiblemente músicas espontáneas de alabanza (1Corintios 14:15). Pero lo que es innegable es que la música cristiana era participativa, educativa, interactiva, cristocéntrica y profundamente espiritual, lo que también daba lugar a la diversidad y la espontaneidad.xxv Tanto lo antiguo (los Salmos) como lo más reciente (himnos) y lo actual (cánticos espirituales) tenían su lugar. 

La música, con toda su belleza y complejidad, es un medio fascinante de expresión y comunicación. Cuando está destinada a la adoración, a la inspiración y al testimonio, necesita ser elegida y tratada con el mayor esmero a fin de alcanzar los objetivos propuestos. Sería bueno, para buscar sabiduría y consejo, volver a Dios, por medio de la oración y la Biblia, en busca de orientación, para proseguir con el sublime propósito de que existe para la gloria de Dios y para bendición de los hombres. 


Daniel Oscar Plenc, PhD. Doctor en Teología por la Universidad Adventista del Plata (UAP), es profesor de la Facultad de Teología de la UAP y director del Centro de Investigación White.