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Tejidos blandos: un fenómeno muy común en el registro fósil

Esta evidencia de la naturaleza histórica viene probando que la narración del Génesis es literal y real.

Por Everton Alves 26 de junio de 2020

Las misericordias del Creador se revelan a través de las evidencias dejadas en la naturaleza. (Foto: Shutterstock)

¿Quién nunca escuchó hablar de “tejidos blandos” o, como prefieren llamarlos los evolucionistas “tejidos no resistentes”? Pues bien, hace algún tiempo, escuché hablar de que el creacionismo es pura religión y de él no es posible producir ciencia confiable. ¿Esa información procede? Bien, tal vez sí, en la mente de quien ya poseía a priori la cosmovisión evolucionista. Pero, a esas personas podemos decirles: dejen la ingenuidad a un lado y vayan a actualizarse.

Hablando de actualizaciones, aquí van algunas referencias útiles para todo creacionista. Claro que me estoy refiriendo a todo aquel creacionista interesado en el asunto de los orígenes y que entiende que la buena ciencia proviene del Creador, pues él es el Autor de la Ciencia; entonces, es deber de todo cristiano utilizar los métodos de la ciencia para estudiar el “libro de la naturaleza”, el cual se configura como todas las obras que salieron de las manos de Dios (Romanos 1:20).

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Pero, volvamos a la pregunta: ¿Los creacionistas ¿hacen buena ciencia? ¡Sí! Pero ¿incluso dentro de la Paleontología? ¡Claro que sí! Vea el caso del Geoscience Research Institute (GRI), del Creation Ministries International (CMI), del Answers in Genesis (AiG) y del Institute for Creation Research (ICR). Este último instituto, a propósito, ha financiado buenas investigaciones en el área del creacionismo científico por parte de sus investigadores asociados. Es el caso de Brian Thomas, recién doctor en Paleobioquímica por la Universidad de Liverpool. Brian, hace muchos años que es un divulgador científico muy productivo en el ICR.

Él se especializó en el mundo de la Paleontología, más específicamente en los “tejidos blandos” encontrados. Recientemente publicó un artículo en la revista Expert Review of Proteomics, en el cual él y el coautor, Stephen Taylor, hacen un levantamiento titánico al respecto de todos los artículos científicos ya publicados. Se trata de 88 referencias hasta la fecha de la presentación de su manuscrito a la revista, relacionados con los tejidos blandos encontrados en diversos grupos de seres del pasado.

¿Quién nunca escuchó hablar de que los hallazgos de tejidos blandos son raros? Bien, todo indica que ese fenómeno parece ser bien común, ¿correcto? Pero, como si no bastara, ese número ya está más elevado; llega a más de 110 estudios publicados hasta el momento, los cuales usted puede confirmar en el proyecto List of Biomaterial Fossil Papers. Lo curioso es que la literatura científica confirma que las biomoléculas (tejidos blandos) podrían durar en la naturaleza, en las mejores condiciones, como máximo algunos cientos de miles de años, no 65 millones de años, como es el caso del alegato clásico sobre el tiempo en que los dinosaurios habrían vivido.

Pero necesitamos comprender mejor lo que son esos tejidos blandos. Entonces, veamos. Los tejidos blandos son representados por cualquier tipo de tejido o molécula orgánica original, como vasos sanguíneos, piel seca intacta, tejidos conjuntivos sobre o dentro de fósiles como, por ejemplo, los dinosaurios. Además de células enteras, como glóbulos rojos y células óseas, y proteínas, tales como colágeno, elastina, ovoalbúmina y queratina, Y plasma; hasta ADN.

En el 2005, los ojos del mundo se volvieron a Mary Schweitzar, entonces voluntaria en el Museo de las Montañas Rocosas de la Universidad Estatal de Montana, Estados Unidos. Esa investigadora descubrió dentro de un fémur de dinosaurio T. Rex tejidos blandos conservados todavía con elasticidad. Lo intrigante es que ni ella ni algún otro paleontólogo evolucionista esperaban que hubiera tejidos blandos todavía conservados en fósiles de dinosaurios que ellos creían que tenían millones de años. En una entrevista, ella contó: “Era exactamente como mirar a un corte de hueso moderno. Pero, claro, yo no podía creerlo. Le dije al técnico del laboratorio: ‘Al final, los huesos tienen 65 millones de años. ¿Cómo podrían sobrevivir las células sanguíneas por tanto tiempo?’”

Para nosotros, los creacionistas, la respuesta es sencilla: esas células no duraron intactas 65 millones de años, pues la Biblia nos revela que ese animal fue enterrado recientemente, hace solo cerca de 4.500 años atrás. De esa forma, los tejidos blandos flexibles, como en este caso, presentan a la comunidad cristiana una gran implicación bíblica acerca de una creación reciente de la vida en este planeta, y de una mega catástrofe que sepultó diversos grupos de animales y plantas, al punto de dejar el testimonio en las rocas (que, además, contienen material orgánico) de ese gran juicio. Yo veo la misericordia del Creador que se revela a través de esas evidencias dejadas en la naturaleza, a fin de certificarnos a mí y a usted, lector, que toda la historia narrada en el libro de Génesis es literal y real.

Pero, para quien no se contenta con poco, aquí va una referencia más bombástica. El Doctor Brian Thomas en una investigación para su tesis de doctorado titulada Collagen Remnants in Ancient Bone, encontró, nuevamente, la presencia de carbono-14 en fósiles de dinosaurio. ¿Qué significa eso? Como no es el tema específico de este artículo, dejaré el link (aquí) de otro documento en cual él mismo explica las implicaciones del hallazgo que lo dejarán con la boca abierta, además de textos que yo mismo escribí sobre el asunto (aquíaquí y aquí). Buena lectura en esa travesía de descubrimientos de la Paleobioquímica, que corroboran más todavía el creacionismo científico y el diseño inteligente en sus narraciones, para comprender nuestros orígenes reales ¡(bíblicos, claro)!

Everton Alves es divulgador científico especializado en Paleontología.

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