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Misteriosa luz asusta a muchedumbre enojada en Indonesia

El estudiante misionero y la familia estaban de rodillas, orando a Dios por protección, mientras el milagro acontecía.

Por Andrew McChesney, adventistmission.org

Ayup Antukali, de 29 años, sirvió un año como misionero estudiante en la organización del Movimiento 1000 Misioneros. (Andrew McChesney / Adventist Mission)

El hombre golpeó a su vecino Peter con un palo tan pronto como salió del automóvil en la aldea de Momoda en Indonesia.

“¡Cómo te atreves a bautizar a mi muchacho!”, dijo enojado, balanceando el palo hacia Peter.

Varias otras personas se unieron al hombre en el ataque a Peter. El hijo de 11 años del hombre estaba mirando. La esposa de Peter y sus tres hijos adolescentes no pudieron hacer nada para ayudar, y lloraron. El estudiante misionero adventista, Ayup Antukali, que había organizado el viaje en automóvil, se sorprendió.

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Pero los aldeanos estaban cometiendo un error al acusar a Peter. Fue Peter, no el niño de 11 años, quien se bautizó ese día en Halmahera, la isla más grande de las Islas Maluku.

“Papá, yo no estoy bautizado”, dijo el niño. Amaba los autos y acababa de ir con sus vecinos en un viaje por el océano.

Los aldeanos dejaron de golpear a Peter. El hombre agarró a su hijo del brazo y el grupo se deshizo.

Peter sabía que no era el final, e instó a su familia a apresurarse para ir a casa. Le dijo a Ayup, el estudiante misionero que le había enseñado la Biblia, que fuera con ellos.

Efectivamente, los aldeanos pronto comenzaron a preguntarse unos a otros: “¿Por qué los liberamos? ¿Por qué solo sometimos a Peter y no al misionero? Tenemos que ir a buscar al misionero”.

Una muchedumbre descendió a la casa de Peter alrededor de las 9:30 p.m. Estaba oscuro allí afuera. El pueblo no tenía electricidad.

Ayup y la familia ya estaban de rodillas cerca de una lámpara de aceite parpadeante, orando a Dios por ayuda y protección.

“Señor, ayúdame para que pueda ser una bendición y pueda fortalecer a esta familia”, dijo Ayup. “Protégenos y mantennos a salvo”.

Los aldeanos, agitando grandes palos, se prepararon para asaltar la casa. Pero cuando intentaron entrar al patio, una luz brillante de repente rodeó la casa. Sorprendidos, los aldeanos retrocedieron y se cubrieron los ojos. La luz era brillante como el sol del mediodía, y no estaba claro de dónde venía.

El pánico se apoderó de los aldeanos y huyeron a la oscuridad.

Dentro de la casa, Ayup y la familia no sabían nada de lo que había sucedido. Todavía arrodillados junto a la lámpara de aceite, solo oyeron los gritos de la multitud desvanecerse en la noche.

Al día siguiente, un aldeano le contó a Ayup sobre la misteriosa luz.

 

“Había una luz brillante que cubría la casa”, expresó. “Tratamos de entrar al patio pero no pudimos porque la luz era demasiado brillante para acercarnos”.

Ayup se sorprendió cuando escuchó la historia.

“Desde esa experiencia, ya no tengo miedo de lo que la gente pueda hacer conmigo”, comentó Ayup, quien sirvió un año como misionero estudiante en la organización del Movimiento 1000 Misioneros. Ahora es un estudiante de economía de 29 años de la Universidad Adventista de Klabat, propiedad de adventistas en Indonesia. “Sé que Dios protegerá a las personas que son fieles y le oran”.

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