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Cuatro cacerolas de alimento alimentaron a decenas de personas

Aún en estos tiempos Dios puede multiplicar los alimentos en respuesta a nuestras oraciones.

23 de octubre de 2017

Foto: shutterstock

Maryland, EE.UU… [ASN] Este es el testimonio de Christina Osborn, esposa del pastor Nicholas Osborn, quienes sirven en el distrito misionero de Dakota del Sur, en los Estados Unidos.

Ayer comí el último pedazo de la milagrosa lasaña. Permítanme explicarles.

Para la cena del funeral de un amigo, yo les había dicho a las otras personas que lleven lasaña y algo adicional y que yo llevaría solo galletas. Por su puesto me había asegurado de ello dos veces con mi esposo, el pastor Nicholas Osborn, y él confirmó- solo galletas.

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Cuando llegamos a la iglesia, encontré a tres otras mujeres en la cocina: Jean Shaver, Valena Stulzman y Lois Roggow. Lois había hecho tres cacerolas 9×13 de lasaña Había un montón de postres y pan, pero eso fue todo. No tardamos en darnos cuenta de que había habido una mala comunicación.

Rápidamente dos mujeres salieron a comprar jugo y ensalada. Dos nos quedamos atrás colocando la mantequilla en el pan para dorarlos en el horno. Entonces salí a contar a los invitados-80,90, 100, y dejé de contar. Sin duda no teníamos suficiente lasaña, aún si solo la mitad de ellos se quedase a comer.

Cuando las dos otras mujeres retornaron les dije que necesitábamos un milagro como la multiplicación de los panes y los peces. Formamos un grupo de oración y le rogamos al Señor que hiciera precisamente eso con la lasaña.

Cuando el servicio terminó, la gente comenzó a llenar el área del comedor. Pronto las 87 sillas alrededor de las mesas fueron llenas. La bendición fue hecha y comenzamos a servir. Las porciones en los platos lucían enormes, así que susurré a las que estaban sirviendo que hagan porciones más pequeñas. Ellas consintieron- y aun así los platos parecían con montones de lasaña.

Cuando estábamos al final de la última cacerola miramos a la gente hambrienta que estaba parada en línea de las cacerolas vacías, y una mujer dijo que iría a dar una última mirada en la cocina. Para nuestro asombro ella volvió con una bandeja 9×13 llena de lasaña.

Vi que todavía había unas 35 personas a la izquierda para alimentar, sin contarnos, ya que habíamos decidido no comer nada. Una vez más, cuatro de nosotras elevamos oraciones para que el Señor multiplicara la lasaña.

De esa última bandeja, plato tras plato pasaba con enormes porciones de lasaña. Entonces de repente todo el mundo estaba sentado y comiendo. Eché un vistazo a la sartén y me sorprendió ver un tercio completo de lasaña aún a la izquierda.

¿Cómo así? ¡Oh, mi poca fe! Estaba sentada en shock por lo que había acabado de presenciar- un milagro de buena fe.

Cuando todos habían comido, una de las mujeres me preguntó si quería llevar la lasaña sobrante a casa. ¿Lasaña sobrante? Por supuesto que le dije que sí. Minutos después, un grupo de nosotras volvió a dar vueltas en la cocina, unimos las manos y elevamos una oración de agradecimiento y alabanza: “¡Alabado sea Dios de quien fluyen todas las bendiciones!”. Tengo que admitir que estaba un poco en shock.

Eso me recordó el día de ayer. Tenía prisa, corrí a la casa y me di cuenta de que tenía tanta hambre que me sentía débil. Abrí la nevera y lo que estaba al frente mío era la lasaña milagrosa – tocada por las manos de Dios mismo y tan multiplicada que teníamos sobras para llevar a casa. [Equipo ASN, Revival and Reformation ]

 

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