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Oración fervorosa sana a niño de cáncer

Es la historia de José Ignacio Marmolejo, padre de familia, quien aferrado a la oración confió en las promesas del Señor.

5 de marzo de 2018

Por Ángela Arias

Imagen: grabación del testimonio.

Ignacio Marmolejo, kinesiólogo, que reside en la Región Metropolitana de Chile, manifestó que su mundo se cayó a pedazos cuando a su hijo le diagnosticaron un cáncer. “Le hicieron un fondo de ojo, que era mirarle el ojito, y encontraron que él tenía un tumor. Ese día lo vieron 3 médicos y movían sus manos magnificando el tamaño del tumor que tenía calcificaciones y que había que sacarle el ojo, si es que queríamos buscar una posibilidad de que sobreviva. Yo le pregunto al médico, le digo, cuáles son los números, yo soy un hombre de números y habíamos tenido un 95% de sobrevivencia, y él me dice con suerte un 30%”, relata Marmolejo.

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“En ese minuto se cayó el mundo a pedazos. Pude experimentar lo que era derramar el alma ante Dios y decirle Señor, esta mochila es demasiado grande para mí, yo esta mochila no la puedo cargar y la dejo en tus brazos. Y al día siguiente despertamos y después de haber derramado el alma ante el Señor y haber conocido la bondad de Dios, al día siguiente conocimos la paz del Señor. Cuando todos lloraban, cuando todos estaban desesperados, en nuestra pieza había paz porque habíamos dejado a José (hijo) en las manos del Señor”, manifiesta Ignacio, dichoso por haber confiado en las promesas del Señor, pese al diagnóstico de su hijo.

El milagro no termina aquí

Sin embargo, el milagro no termina aquí. Ignacio Marmolejo logró afirmar su vida y su relación con Dios comenzando a estudiar la Biblia. “Hay una parte de la Biblia que dice pruébame y verás. Y así pasaron los 6, 7 meses de tratamiento, donde tocaba dejarlo en pabellón, hacerle su quimioterapia y después diez días de pinchazos para su sistema inmunológico”. “Y nos llaman los médicos impresionados, se nos acercan y  nos dicen chiquillos yo no sé qué hicieron ustedes, pero el tumor no está”.  “Y nosotros lo único que hicimos fue pedirle a Dios que fuera su voluntad”, comentó emocionado Ignacio Marmolejo.

“Hoy en día José es un niño prácticamente normal, nos dijeron que no iba a ver y el hoy día a los 5 años está leyendo, escribiendo y lee con los dos ojos. Él ve por sus dos ojos, está vivo y se comporta como un niño normal. Hoy en día asistimos como familia a la Iglesia Adventista, todos juntos, y son nuestros hijos los principales seguidores de Dios. Ellos nos han enseñado a nosotros el camino”, declaró.

Sin duda alguna Dios puede obrar grandes milagros en nuestra vida a través de la oración y el estudio de su Palabra, es por eso que bajo esa misma dirección, este año, cientos de congregaciones de ocho países en Sudamérica  pertenecientes a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, se unieron al movimiento “Diez días de oración y 10 horas de ayuno”.

Al término de este proyecto continuamos con el programa “Reavivados por su Palabra”, en Primero Dios, iniciativa que tiene como objetivo incentivar la lectura diaria de la Biblia e involucrar a cualquier persona que aprecie las lecciones de este maravilloso libro a través de un plan de lectura bíblica dinámica, comprometida y en equipo.

Mira el testimonio en video.

 

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