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Comportamiento

La pirámide del éxito profesional

El éxito profesional está relacionado con la manera en la que las personas enfrentan y tratan con las prioridades en su vida de forma general.


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El éxito profesional depende de las elecciones correctas que están relacionadas a las prioridades de la vida. (Foto: Shutterstock)

La mayoría de nosotros ya conoce la pirámide alimentaria: una ilustración que muestra los tipos de alimentos que tenemos a nuestra disposición, divididos en cuatro categorías. Cuanto más subimos los escalones, menos cantidad necesitamos de esos alimentos. Existen algunas versiones de ese esquema, pero vamos a simplificarlo de la siguiente manera: 

También podríamos dividir nuestra vida profesional (y personal) en una pirámide semejante:

En la vida adulta y económicamente activa, la mayor parte de nuestro tiempo debe ser invertida en actividades productivas. Es el trabajo propiamente dicho. Consiste en resolver problemas y generar valor para nuestros superiores, clientes, etc. Sin embargo, si no separamos tiempo y energía para otros “escalones”, ciertamente dejaremos de cosechar el mejor resultado de nuestros esfuerzos. Perderemos oportunidades de crecimiento e incluso podemos enfermarnos. 

Necesidad de capacitación

Es por eso que también necesitamos invertir en la capacitación. Después de la producción, esa es la actividad más importante. Ya pasó el tiempo en que las personas concluían su formación escolar/académica y decían: “Ahora voy al mercado de trabajo”. Hoy, la oficina y el salón de clases se confunden. En casi todas las profesiones se necesita una constante actualización, perfeccionamiento y desarrollo de nuevas habilidades, conocimientos y actitudes. Sin embargo, es importante recordar que, a pesar de ser muy importante, la capacitación no se debe superar a la producción. Si algunas personas se equivocan al no buscar formación, otras se equivocan por enfocarse solo en ella. Como dice el libro de Proverbios, “En toda labor hay fruto; mas las vanas palabras de los labios empobrecen” (RVR1960). Elena de White enfatizó, algunas veces, que el conocimiento práctico es preferible al conocimiento meramente teórico y filosófico, si fuera necesario tener que optar entre uno y otro (un ejemplo es el libro Consejos para la salud, página 193, en portugués).

¿Qué ocurriría si tuviéramos solo alimentos energéticos y constructores en nuestra dieta? El documental Supersize me nos puede dar una visión. Esa es la importancia del tercer escalón. Así como los alimentos reguladores eliminan las toxinas, los radicales libres y producen cura y restauración de nuestro organismo, necesitamos del mismo efecto en nuestra vida profesional. Tiene que ver con romper rutinas, construir relaciones saludables y edificantes, dentro y fuera del trabajo. Tiene que ver con dedicarnos a alguna actividad humanitaria o filantrópica y, también pausar, encontrar descanso. Y el sábado tiene un papel fundamental en este aspecto (Isaías 58:13-14). Cuando nos relacionamos positivamente con Dios, la familia y los amigos, encontramos el significado para lo que hacemos, y el sustento cuando los demás escalones están en crisis.

Entretenimiento

Finalmente, el escalón de arriba es el del entretenimiento. Así como en la pirámide alimentaria, este grupo es prácticamente innecesario. Nadie necesita hamburguesas, helados, chocolates para sobrevivir, aunque un poquito de esos alimentos, siempre que no estén prohibidos por la Biblia, pueden ser tolerados. Con el mismo principio, podemos “condescender” un poco con ese escalón. Pero necesitamos tener en mente que el entretenimiento puede confundirse con diversión, y eso tiene un efecto adictivo, así como lo tienen los dulces.

En ambos casos, el cuarto escalón tiende a tomar el espacio de los demás, y destruir su efecto. ¿Quién nunca hizo una maratón de una serie incluso sabiendo que tendría que despertarse temprano al día siguiente? El mejor camino sería sustituir la diversión por la recreación. Pensemos, por ejemplo, en cambiar una película de superhéroes por una basada en una historia real y con un buen trasfondo moral.

La figura de la pirámide nos ayuda a comprender que nuestra vida está hecha de varias dimensiones, necesarias, pero con proporcionalidad y prioridad diferente entre sí. Diagnosticar nuestra situación actual y trabajar para equilibrar nuestra vida demanda dones del Espíritu: discernimiento, dominio propio, temperancia. Busquemos esas virtudes en Aquel que “produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). ¡Éxitos con sus pirámides!


Alexsander D. da Silva es doctor en Administración por la Universidad de Brasilia (UNB) y auditor. Ha servido a la Iglesia como anciano y director de varios ministerios en templos locales por más de 20 años. Está casado con la doctora Anne Caroline, y son padres de dos hijos. Forma parte del grupo de los Científicos Adventistas.