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¿Por qué la Biblia no es un libro que debe ser meramente leído, sino estudiado?

El beneficio del estudio de la Biblia va mucho más allá de una lectura superficial, sino que implica una relación profunda con el texto.

Por Maiara Costa 17 de agosto de 2021

Existe mucho beneficio en el estudio bíblico profundo para el desarrollo espiritual. (Foto: Shutterstock)

Si yo preguntara aquí cuántos tienen en su casa uno o más ejemplares de la Biblia, creo que la gran mayoría se manifestaría de manera positiva. Si también preguntara cuántos aquí ya leyeron la Biblia de tapa a tapa, creo que la respuesta sería de igual modo positiva. Sin embargo, la pregunta que no quiero callar es: ¿Cuánto de la lectura bíblica diaria y anual que hacen los cristianos realmente está siendo bien comprendida, explicada y aplicada en la vida? ¿Cuánto de esa lectura está trayendo realmente transformación de pensamientos, sentimientos y voluntad?

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La Biblia no es un libro para ser meramente leído, sino un libro para ser estudiado, explicado y aplicado. Además, aunque popularmente la consideremos un libro único, en verdad es una pequeña colección de libros, cada uno con sus géneros y subgéneros literarios, peculiaridades y estilos de escritura. Es como bien dice la escritora cristiana, mensajera del Señor Elena de White:

“La Biblia está escrita por hombres inspirados, pero no es la forma del pensamiento y de la expresión de Dios. Es la forma de la humanidad. Dios no está representado como escritor. Con frecuencia los hombres dicen que cierta expresión no parece de Dios. Pero Dios no se ha puesto a sí mismo a prueba en la Biblia por medio de palabras, de lógica, de retórica. Los escritores de la Biblia eran los escribientes de Dios, no su pluma. Considerad a los diferentes escritores.

No son las palabras de la Biblia las inspiradas, sino los hombres son los que fueron inspirados. La inspiración no obra en las palabras del hombre ni en sus expresiones, sino en el hombre mismo, que está imbuido con pensamientos bajo la influencia del Espíritu Santo. Pero las palabras reciben la impresión de la mente individual. La mente divina es difundida. La mente y voluntad divinas se combinan con la mente y voluntad humanas. De ese modo, las declaraciones del hombre son la palabra de Dios”. [1]

Importancia del estudio de la Biblia

La Biblia es la Palabra escrita de Dios y, por su transcendencia, esta palabra llega a todos los pueblos, de todas las épocas. Sin embargo, no podemos olvidar que cada libro de la Biblia tiene un público destinatario primario. Una época y un contexto que necesitan ser correctamente entendidos, antes de ser aplicados en nuestro contexto y realidad.

¿Será que todavía hoy existe la necesidad de un estudio más profundo de la Biblia? ¿Cómo hacer una lectura más profunda y no tendenciosa de la Palabra? ¿Cuál es la bendición que se encuentra en un estudio profundo de la Palabra de Dios?

Una mirada más profunda para la Palabra de Dios. Hay un salmo que dice así: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo” (Salmo 19:7).

Aprendizaje

¿De cuántas personas oímos su testimonio de haber aprendido a leer con la Palabra? Hasta en el caso de estar destinada al público primario de la Biblia, su origen era de forma más sencilla. La propia estructura de los salmos, en forma de paralelismo, tanto de semejanza, como de contraste, fue hecha para facilitar una mejor comprensión.

Entonces, sin sombra de dudas, lo que escribió el salmista, en el salmo que acabamos de mencionar está correcto. Y realmente la revelación que encontramos en la Palabra de Dios nos dará sabiduría, sin embargo, existe una cláusula allí muy importante y que no debe ser ignorada. La disposición a aprender. De acuerdo con ese salmo, podemos extraer algunas lecciones importantes para nuestra vida.

La instrucción (ley, torá) es completa, o sea, enteramente de acuerdo con la verdad. En esa instrucción encontramos fuerza y ánimo. La revelación que contiene es 100% confiable. Ella da sabiduría a quien está dispuesto a aprender.

No sé si usted notó, pero la sabiduría que viene de la revelación contenida en la instrucción del Señor (hasta para los más sencillos), se da por medio de lo aprendido y no existe aprendizaje sin enseñanza.

Si alguien le preguntara: ¿Cuál es la diferencia entre leer y estudiar? ¿Cuál sería su respuesta? ¿Las dos cosas serían sinónimos perfectos? De acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la lengua española leer es: “Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. Comprender el sentido de cualquier tipo de representación gráfica”.[2]

Ya estudiar es “Ejercitar el entendimiento para alcanzar o comprender algo”.[2]

Aunque en un estudio la lectura puede estar involucrada, cuando nos proponemos estudiar algo y no simplemente leerlo, nuestro aprendizaje puede ser mayor. ¿Por qué la Biblia debe ser estudiada y no meramente leída?

Disposición del lector

Tenemos aspectos como la antigüedad del texto, las expresiones idiomáticas, la barrera de la lengua y culturas diferentes. Existe una expresión teológica que dice: “Un texto fuera de su contexto sirve de pretexto”. Si nosotros no queremos incurrir en ese error, debemos aprender a estudiar la Biblia, y analizar los textos dentro de sus debidos contextos, época e idioma, si queremos interpretarlos correctamente. Cuanto más buscamos estudiar la Palabra, más sabiduría adquirimos de las instrucciones y revelaciones dejadas por Dios.

Nuestra relación con el estudio de la Biblia siempre debe ser esta:

“¿Qué es la verdad? Y no: Lo que hasta ahora creo es la verdad. No interprete las Escrituras a la luz de sus antiguas creencias y no insista para que doctrinas de seres humanos finitos sean la verdad. Que su investigación sea: ¿qué dicen las Escrituras? Es el plan deliberado de Satanás pervertir las Escrituras y llevar a los seres humanos a dar un sentido falso a las palabras de Dios”.[3] (TL)

“No hay excusa para que alguno tome la posición de que no hay más verdades para ser reveladas, y que todas nuestras exposiciones de las Escrituras carecen de errores. Que ciertas doctrinas hayan sido sostenidas como verdades durante muchos años no es una prueba de que nuestras ideas son infalibles. El paso del tiempo no convertirá el error en verdad, y la verdad tiene la capacidad de ser imparcial. Ninguna doctrina verdadera perderá algo por una investigación cuidadosa”.[4]

Hermenéutica

Existen dos palabras que son aparentemente difíciles, pero extremamente necesarias en el estudio profundo de la Biblia. Palabras que son muy conocidas en el medio teológico y que también pueden y deben formar parte de la vida diaria del estudiante sincero de la Biblia. Hermenéutica y exégesis.

Hermenéutica es una palabra que viene del término griego hermeneuo que significa explicar, interpretar, traducir. Se entiende que hacer hermenéutica es saber interpretar correctamente un texto.

¿Será que tenemos el apoyo y el incentivo dentro de la Biblia para eso?

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

La expresión “usa bien” viene de la palabra griega ortotomeo. Es una expresión que significa “cortar recto”.

Para comprender la Palabra dentro del sentido propuesto por el texto, el consejo que Pablo está dando es que la Palabra de verdad debe enseñarse correctamente para ser un obrero aprobado por Dios y, por lo tanto, no pasar vergüenza en la enseñanza de la Palabra de verdad. Solo quien estudia y practica está libre de riesgo. Todo estudiante fiel de la Biblia debería buscar comprenderla correctamente, o sea, usarla bien.

Exégesis

¿Pero cómo hacer una buena interpretación del texto bíblico y que no sea tendenciosa? ¿Cuáles son las herramientas que podemos usar para no correr el riesgo de usar mal la palabra de verdad? Aquí entra nuestra segunda palabrita de hoy, la exégesis. Al paso que la hermenéutica es interpretar, la exégesis sería la forma, la manera como puede hacerse.

Hacer exégesis, por lo tanto, es nada más y nada menos que estudiar cuidadosa y sistemáticamente la Escritura para descubrir el significado original que se pretendió con determinado pasaje. Es un intento de escuchar la Palabra de acuerdo cómo los destinatarios originales deben haberla oído; descubrir cuál era la intención original de las palabras del autor.

Para eso, se pueden hacer algunas cosas:

Hágale preguntas al texto, tales como: quién lo escribió, de dónde, cuándo, para quién y por qué. Permita que la Biblia misma sea su intérprete. Lea el texto con calma y atención, prestando atención a los detalles y a las repeticiones que aparecen. En el caso de que los haya, lea textos que sean paralelos. Los evangelios, por ejemplo, están llenos de textos así.

Otra indicación es la de usar diferentes versiones de la Biblia y comentarios bíblicos. Recuérdese que la investigación es también una de las maneras en las que el Espíritu Santo nos enseña sobre la revelación que hay en la Palabra de Dios. Lucas al escribir el evangelio que lleva su nombre dejó esto bien registrado (Lucas 1:1-4).

La bendición que acompaña al estudio de la Palabra de Dios

A diferencia de otras áreas y disciplinas de estudio, el aprendizaje y la capacitación en el estudio de la Biblia no existen solo para llevar información. Sobre todo, el estudio de esa colección de libros trata de producir transformación. El objetivo mayor de las Sagradas Escrituras es proveernos el conocimiento de Jesucristo (Lucas 24:27; Juan 5:39, 46), un conocimiento que nos da sabiduría para la salvación (2 Timoteo 3:15). Y nos enseña lo que es tener una vida verdaderamente justa (2 Timoteo 3:16).

Como leí cierta vez en la contratapa de una Biblia, ella es el bisturí de Dios para el trasplante de corazón que todos necesitamos recibir. Por medio de su Palabra, Dios tiene el poder de cambiar nuestra vida por completo. Ningún otro libro suscitará pensamientos tan puros, elevados, ennoblecedores; de ningún otro libro se puede obtener una experiencia religiosa tan profunda.

La Biblia puede compararse a una hoja del árbol de la vida, pues al alimentarnos de ella, o sea, al internalizar sus enseñanzas en nuestra mente, recibimos fuerza para hacer la voluntad de Dios.

Hago mías las palabras de Elena de White:

“No hay ninguna cosa mejor para fortalecer la inteligencia que el estudio de las Santas Escrituras. Ningún otro libro es tan potente para elevar los pensamientos, para dar vigor a las facultades, como las grandes y ennoblecedoras verdades de la Biblia. Si se estudiara la Palabra de Dios como se debe, los hombres tendrían una grandeza de espíritu, una nobleza de carácter y una firmeza de propósito que raramente pueden verse en estos tiempos.

“No se saca sino un beneficio muy pequeño de una lectura precipitada de las Sagradas Escrituras. Uno puede leer toda la Biblia y quedarse, sin embargo, sin ver su belleza o comprender su sentido profundo y oculto. Un pasaje estudiado hasta que su significado nos sea claro y evidentes sus relaciones con el plan de salvación, resulta de mucho más valor que la lectura de muchos capítulos sin un propósito determinado y sin obtener una instrucción positiva”.[5]

Recuérdese que la Biblia es alimento. Y un alimento bien aprovechado no debe ser ingerido de manera apresurada. Estudie la Palabra de Dios y su vida será poderosa y radicalmente transformada. 

 

Maiara Costa, es redactora y productora de la TV Nuevo Tiempo y estudiante de teología.


Referencias

[1] Elena de White. Mensajes selectos, t. 1, p.24.

[2] https://dle.rae.es/leer

[2] https://dle.rae.es/estudiar

[3] Elena de White. Perto do Céu [cerca del cielo], CPB. MM 2013, p. 19.

[4] Elena de White. El otro poder, MM, p. 35.

[5] Elena de White. El camino a Cristo, p. 90.

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